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La operación aduanera, materializada en la importación y exportación de mercancías, es propia de un país cuyo crecimiento está enfocado en el consumo externo, dinámico, en el Comercio Exterior y activo en relaciones internacionales. No es banal, todo lo contrario, es una de las actividades más importantes de la Sociedad Internacional.
Los instrumentos jurídicos que permiten el posicionamiento de México como un país altamente exportador se configuraron entre 1980 y el 2018. En dicho intervalo, las variables tiempo, dinámica comercial, geografía, cultura e historia definieron nuestros principales socios comerciales. El Derecho Aduanero, en un concepto amplio, se reformó adecuándose a las necesidades comerciales, para mejorar la velocidad, seguridad jurídica y económica en el traslado de mercancías; dista de ser perfecto, de hecho, no es algo esperado.
Las obligaciones aduaneras y tributarias, que entraña el Derecho Aduanero, se han configurado en una especie de novela fantástica, cuyos capítulos dispersos en diversas normas jurídicas, crean, en algunos, ansiedad, crisis existencial y culpa absurda, particularmente al inicio de la actividad profesional donde el operador aduanero se enfrenta a un mundo de disposiciones que jamás vislumbro en su formación profesional.
La modernización del cumplimiento de las obligaciones aduaneras: eliminar el papel para pasar a los documentos electrónicos, digitales o digitalizados; crear la ventanilla digital mexicana e incrementar la información por transmitir en el cumplimiento de las obligaciones, entre otros, fue la mejor estrategia preoperativa para la fiscalización. Imaginemos el potencial de análisis de las bases de datos que forman toda la información transmitida a las autoridades aduaneras y tributarias.
Así, las obligaciones aduaneras y tributarias, modernizadas, ampliadas y abundantes, cuyo cumplimiento electrónico crea bases de datos que, cruzadas en forma electrónica con el sistema bancario y fiscal, permiten a las autoridades fiscales una eficiencia recaudatoria jamás alcanzada en la fiscalización, particularmente al usar mecanismos propios del Derecho Penal para "estimular" el cumplimiento sin acudir a los tribunales.
El escenario del 2021 es claro; clima de elecciones, emergencia sanitaria y sus consecuencias, tanto económicas como sociales acentuadas, tercer año con contracción económica, fiscalización intensa en el Comercio Exterior e impuestos internos, aunado a los problemas ya cotidianos de nuestro país.
En dicho contexto, las actividades preventivas y de cumplimiento debe emerger como único medio para afrontar el embate fiscalizador, no hay otro camino. El hacer nada no es estrategia, es un riesgo que nadie debe asumir. En consecuencia, el empresario debe evaluar el escenario descrito, buscar las mejores opciones para diseñar actividades preventivas y de cumplimiento, incluyendo su rediseño constante.
El 2021 se anuncia como año de grandes retos a superar, empero, haciendo memoria, la historia de nuestro país ha sido de retos, conflictos, crisis y devaluaciones recurrentes, en los cuales la industria ha sobrevivido y mejorado, estoy seguro de que todo será superado, la cultura empresarial es más fuerte que la adversidad.
La solidaridad, acción común en sociedades sobrevivientes, también existe en el mundo empresarial y es, quizás, nuestro valor más preciado.
El autor es Asesor del comité de Comercio Exterior de Index Nuevo León.
Opine usted: servicios@indexnuevoleon.org.mx
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