El líder empático también puede ser productivo
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

El líder empático también puede ser productivo

COMPARTIR

···

El líder empático también puede ser productivo

En un entorno actual cada vez más distantes el jefe colaborador puede hacer su gestión productiva.

Opinión MTY egade Jaime García Narro
25/04/2018
Al registrarte estás aceptando elaviso de privacidad y protección de datos. Puedes desuscribirte en cualquier momento.
Placeholder block

Es todavía frecuente encontrar líderes que argumentan, y a veces con razón, que el liderazgo humanista o sobradamente empático puede llevar a la organización a la complacencia, al subsidio y a la baja productividad. De hecho, la incorporación de las nuevas generaciones a la fuerza laboral está provocando la disrupción en las costumbres que rigen la relación empresa – colaborador.

Podemos observar, cada vez más frecuente, acuerdos que van desde mayor flexibilidad en cuanto al tiempo, espacio y forma en la que se trabaja, hasta relaciones muy libres que solo consideran los compromisos más básicos por ambas partes. Estos ajustes culturales pueden retar a más de algún líder y hacerles pensar que viajamos a modelos muy complacientes de convivencia organizacional, generando una resistencia natural a la adopción de modelos de liderazgo colaborativo.

Paradójicamente, al abandonar el liderazgo colaborativo dejamos un modelo especialmente eficaz para la realidad actual que nos presentan los colaboradores, la cultura, los negocios y las instituciones. Al objetar el modelo colaborativo generamos una profecía auto-realizada. ¿Qué nos puede prevenir de este círculo destructivo? o mejor aún, ¿Cómo hacemos de la colaboración una actitud productiva?

Partamos de la idea que la colaboración se genera principalmente a través de la virtud de la empatía, que comúnmente definimos como “el ponerse en los zapatos del otro”. Desafortunadamente, esta arraigada definición nos ofrece poca luz sobre la humildad como vehículo de liderazgo colaborativo. Iniciemos desde el principio. Nos relacionamos al colaborador desde quienes somos y lo definimos a través de atributos que lo representan y que a veces lo distinguen o agrupan, pero que finalmente siempre cosifican. La cosificación interrumpe la colaboración, ya que convierte al otro en una serie de atributos fijos, etiquetas, dejando poco o nada de espacio para ser algo más o para aportar algo más. Si cosifico a mi colaborador como un zángano, es esperado que vea sus aportes al equipo como “provenientes de un zángano” y que mis acciones y etiquetas, evidentes o subyacentes, lo conduzcan a confirmar su “zanganidez” y termine por claudicar y dejar de aportar valor al equipo.

Asumamos ahora que somos capaces de dejar de cosificar, al menos en alguna medida que nos permita crear un espacio para la colaboración. El espacio más básico radica en ver lo mismo pero cada uno desde su perspectiva. Desde aquí es difícil colaborar porque, aunque vemos lo mismo, cada uno ve desde su posición. Fácilmente, cada uno pudiera estar viendo una cara distinta de la misma moneda. Será difícil colaborar.

Ahora, sigamos las reglas de la empatía y veamos auténticamente lo mismo, a la par veamos la misma cara de la moneda. Desde aquí seguimos viendo desde quienes somos, pero al menos vemos lo mismo. Mi colaborador y yo estamos juntos observando la misma cara de la moneda, cada uno compartiendo lo que ve, desde quien es. Esto no garantiza que colaboremos, simplemente compartimos. Hasta aquí es donde la empatía coloquial nos lleva muy cerca, pero no completamente al territorio de la auténtica colaboración. ¿Qué falta? Simplemente, al observar la misma cara de la misma moneda, desde el mismo lugar (el lugar del otro nunca podremos ocupar completamente, solo aproximarnos), atrevámonos a co-crear el significado que esta moneda nos revela. Juntos integremos, creemos y desarrollemos los significados, partiendo del no saber, o al menos del no saber tanto, y abramos nuestra mente y corazón a las ideas del otro y, sobre a todo, a las nuevas ideas que juntos generemos. Esta es la verdadera humildad, la que haciéndola propia te transforma en un líder que escucha y que está listo para co-crear, sin miedo de no saber y de no tener la razón o la última palabra. Un líder que siempre está dispuesto a dejar entrar a su sabiduría la sabiduría de su colaborador. En un entorno actual de relaciones laborales cada vez más distantes y flexibles, donde el compromiso se diluye, el líder colaborador puede hacer su gestión productiva al crear entornos de trabajo colaborativos y humildes que favorecen la co-creación y por lo tanto el compromiso. Por que no hay compromiso más grande que el que hago conmigo mismo, con mi propia creación. La colaboración puede ser productiva a través del compromiso, alejándose radicalmente del subsidio y la complacencia.

El autor es decano Asociado de Educación Ejecutiva, EGADE Business School.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.