El Federalismo dual parece no convenir a Nuevo León
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El Federalismo dual parece no convenir a Nuevo León

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El Federalismo dual parece no convenir a Nuevo León

En el Presupuesto de Egresos de la Federación 2019, la entidad estará recibiendo únicamente 76,776 millones de pesos. Esto es, por cada peso que el estado aporta en impuestos, le retornan entre 0.22 y 0.40 centavos (los montos varían anualmente).

Opinión MTY tecnológico de monterrey Eduardo Gaona-Domínguez
07/01/2019
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Eduardo Gaona-DomínguezFuente: Cortesía

Nuevo León, al igual que el Estado de México y Veracruz, es de las entidades que más aporta a los ingresos de la federación en términos de recaudación fiscal. No obstante, en el Presupuesto de Egresos de la Federación 2019, la entidad estará recibiendo únicamente 76,776 millones de pesos. Esto es, por cada peso que Nuevo León aporta en impuestos, le retornan entre 0.22 y 0.40 centavos (los montos varían anualmente).

Estos 76,776 millones no serán suficientes. Nuevo León tiene prioridades que debe pagar: programas sociales, transporte, Fiscalía General, Poder Judicial, hospitales, programas ambientales, deporte, entre otros. Ante este déficit, el congreso de Nuevo León aprobó para 2019, un alza del 40 por ciento al pago del refrendo vehicular y de 60 por ciento a licencias de conducir. El importe de otros derechos vehiculares también fue al alza, hasta en un 90 por ciento. Nuevamente el sistema de redistribución de los ingresos impacta directamente a las finanzas del ciudadano.

Con estos aumentos y otras partidas el presupuesto 2019 para los nuevoleoneses ascenderá a 100,233 millones.

Todo lo anterior es parte de un proceso de coordinación fiscal que se da entre la Federación, las entidades locales y los municipios, mismo que constituye el actual federalismo fiscal mexicano.

Fundamentalmente, en el mundo existen tres modelos de federalismo. Veamos las características que, de ellos, nos brinda el maestro Jaime Cárdenas:

Federalismo dual. Tiene sus antecedentes en los Estados Unidos de América en 1787. En este modelo los estados se juntaron para formar la Unión, pero manteniendo su soberanía. Según James Madison aquí el poder central es “una criatura” de los estados. Las funciones y competencias del gobierno federal y las de los gobiernos estatales están claras y estrictamente definidas y separadas, de modo que cualquier invasión de competencias a la esfera federal o estatal es inconstitucional.

Federalismo cooperativo. Se centra en los procesos de financiamiento, diseño, prestación y administración de servicios públicos; identifica como norma dominante, en la provisión de tales servicios, la coparticipación de todos los poderes. Los funcionarios de los distintos niveles no trabajan entre sí, como rivales sino como socios (Eleazar, 1990). La consecuencia en países de Europa fue el aumento del poder central y el debilitamiento, en términos fácticos, de los estados y poderes locales.

Federalismo competitivo. Sus principios no proceden del campo jurídico sino de la economía. Sugiere la competencia entre poderes. La competencia obliga a los gobiernos locales a ser más eficientes, a mejorar la calidad de los servicios que prestan y a reducir costos. Aquí, el papel del poder central consiste en introducir y mantener la estabilidad en el proceso competitivo de los estados.

México adoptó el modelo de federalismo dual desde la Constitución de 1824. Actualmente su fundamento se encuentra en el artículo 124 constitucional —primordialmente con la distribución de competencias—. Se basa en una lógica de facultades exclusivas y se relaciona con procesos de descentralización formal, aunque materialmente no se logre. Aun así, en los últimos 25 años hemos venido transitado de este modelo federal dual a un modelo cooperativo, esto es de facultades compartidas.

Existen ya algunos legisladores federales —como Samuel García, desde el Senado— quienes comienzan a impulsar y dictaminar reformas con “perspectiva de federalismo”, específicamente en cuanto a la redistribución de los recursos federales a los estados.

Y precisamente debe ser el Senado el órgano que cuente con atribuciones de coordinación, aprobación y control sobre las políticas que inciden en las competencias de los tres órdenes de gobierno. Pues como acertadamente lo establece el profesor Michael Núñez Torres, las dos funciones clásicas del Parlamento, y muy especialmente las del Senado —recordando que es la Cámara federal por antonomasia— son la función legislativa y la función de control político.

El modelo dual parece no convenir a Nuevo León. La entidad recibe recursos que están muy por debajo de los que se aportan. La relación entre el gobierno federal y el estatal se caracteriza por la tensión más que por la colaboración. Aunado a esto, cuando la federación no retribuye recursos en proporción a lo que se recauda, son los ciudadanos quienes terminan “completando” los ingresos para que el estado pueda afrontar sus necesidades más apremiantes.

Profesor del Departamento de Derecho del ITESM, Campus Monterrey y miembro del Sistema Nacional de Investigadores del Conacyt.

Opine usted: egaona@itesm.mx

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.