Edgardo A. Ayala: La fallida respuesta de la política fiscal de México
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Edgardo A. Ayala: La fallida respuesta de la política fiscal de México

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Edgardo A. Ayala: La fallida respuesta de la política fiscal de México

bulletLa Iniciativa Privada ha apuntalado medidas más sensatas que las que provienen del gobierno federal.

Opinión MTY ITESM Edgardo Arturo Ayala Gaytán
11/05/2020
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Edgardo A. Ayala Gaytán
Edgardo A. Ayala GaytánFuente: Cortesía

El panorama económico de la economía mexicana para el 2020 se torna cada vez más pesimista. Los pronósticos de los analistas económicos siguen revisándose a la baja hasta alcanzar tasas negativas de doble dígito. En este escenario, la respuesta de la política fiscal a cargo del gobierno federal ha sido desastrosa, en mi forma de ver, ya que no implementa las medidas que deben de hacerse y sólo ha ayudado a empeorar las expectativas de los analistas, organismos internacionales y empresarios. Revisemos porqué.

Aún y cuando se diera una recuperación relativamente rápida en la actividad económica después de la jornada de sana distancia, es conveniente instrumentar políticas expansivas de demanda agregada que hagan algún contrapeso por dos fines: 1) evitar la quiebra y el posterior recorte de personal de millones de empresas que no cuenten con liquidez suficiente para afrontar de dos a cuatro meses de bajas ventas; 2) evitar que las expectativas de los agentes sobre el desempeño de la economía a mediano plazo se deterioren más.

Lo primero es fundamental para evitar que una crisis transitoria tenga consecuencias más perdurables. Hay que recordar que el cierre de empresas es un factor común en el sistema de mercado, dado que la competencia hace inevitable la salida de firmas no exitosas. Pero en esta ocasión la causa es ajena a la competencia o a la productividad, el cierre al que obliga la contingencia sanitaria pone en peligro a empresas que en otras condiciones serían aptas. Está documentado que, tras el cierre de empresas y puestos de trabajo se destruye experiencia, contacto y la memoria. Adicionalmente, una buena política de contención manda señales de que la crisis no se saldrá de control, y de que la economía estará en condiciones de rebotar vigorosamente.

¿Cómo lo estamos haciendo en México? La política fiscal ha sido un completo desastre mientras que el Banco de México, contrario a su tradición conservadora, ha preparado un paquete de medidas heterodoxas. Por su parte, la Iniciativa Privada ha apuntalado medidas más sensatas que las que provienen del gobierno federal.

En México el gobierno federal, que es la esfera ejecutiva con mayor posibilidad de endeudamiento, lidia con la crisis como si ésta hubiera sido ocasionada por un exceso de demanda en lugar de un shock de oferta. Las medidas que anuncian en formas de decálogos en diferentes conferencias de prensa promueven mayores transferencias sociales a grupos desfavorecidos compensados por austeridad republicana en el gasto público en otros rubros. Es decir, cambios en la composición de la demanda en lugar de incrementos en el nivel de la demanda, que es lo que se requiere.

Por su monto y población a la que se dirige, es difícil que tengan algún impacto neto. Por ejemplo, anunciaron adelanto de las pensiones a adultos mayores, y mayor cobertura en los programas de transferencias a campesinos y pescadores, pero los primeros en su mayoría no trabajan, y los segundos son parte de la economía esencial que no cerró operaciones. Más aún, el discurso del presidente en términos de que no aumentará la deuda del gobierno y de que no ayudará a las empresas que entren en quiebra, equiparándolo con otro FOBAPROA, manda una pésima señal sobre la vialidad económica de empresas y trabajadores durante esta crisis.

En contraste, Banco de México sigue reduciendo la tasa objetivo y lanzó un paquete para dar liquidez al sistema financiero por 750 mil millones de pesos, que al igual que el fondo revolvente por hasta 12 mil millones de dólares del BID, son medidas que van en la dirección correcta. El problema es que las medidas requieren de que bancos e inversionistas tomen algo de riesgo, lo que puede inhibir el efecto neto de los programas.

En cambio, la política fiscal es más inmediata, aumentar el gasto público rápidamente, aunque sea incrementando la deuda, puede prevenir pérdidas de producto y bienestar que sean difíciles de recuperar con el tiempo. De ahí la importancia de prender el motor fiscal, este error, que podemos definir como el error de abril, lamentablemente tendrá consecuencias funestas.

El autor es Profesor Asociado del Departamento de Economía del Campus Monterrey.

Opine usted: edgardo@tec.mx

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.