Edgardo A. Ayala: Balance del crecimiento del 2019, recesión o atonía
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Edgardo A. Ayala: Balance del crecimiento del 2019, recesión o atonía

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Edgardo A. Ayala: Balance del crecimiento del 2019, recesión o atonía

bulletLa interrupción de la construcción del aeropuerto de Texcoco, así como de las subastas petroleras y eléctricas afectaron el gasto en inversión en esos sectores directamente.

Opinión MTY Tec Edgardo Arturo Ayala Gaytán
13/01/2020
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Edgardo A. Ayala Gaytán
Edgardo A. Ayala GaytánFuente: Cortesía

El 2019 fue un mal año para el crecimiento económico en México. De acuerdo a la última información disponible del INEGI, el PIB real decreció tres trimestres consecutivos, entre el último del 2018 y el segundo del 2019, manteniéndose en cero crecimiento (0.1 por ciento) en el tercer trimestre. Esto ha motivado el debate de si México entró en una recesión “técnica”, y en la definición más simple de dos trimestres consecutivos con decrecimiento del PIB, entonces sí lo sería, pero si fuera así, la recesión se hubiera iniciado en el último semestre del 2008, y muy posiblemente ya hubiera tocado fondo hacia la mitad del 2019.

Pero lo más probable es que 2019 haya pasado a la historia como un año de atonía, que significa la interrupción súbita del crecimiento económico. Efectivamente, si usamos el criterio más aceptado de una recesión, el que usa el National Bureau of Economic Research (NBER) para fechar los ciclos en Estados Unidos, entonces, una economía entra en recesión si la actividad económica declina en forma generalizada, por más de unos pocos meses, y se ve reflejada en reducciones del PIB real, el empleo, el ingreso real, la actividad industrial y las ventas comerciales al mayoreo y menudeo. De esas series, en México, la actividad industrial y las ventas al mayoreo muestran tendencias decrecientes acentuadas, el Indicador Global de Actividad Económica (IGAE) y la tasa de ocupación tienen declives muy ligeros, y en cambio los Asegurados del IMSS y las ventas al menudeo presentan crecimientos. Es decir, el panorama luce más afín al de una atonía, que a la de una franca recesión.

Ciertamente el crecimiento de México en el pasado reciente es relativamente bajo, pero al menos era sostenido, como fue entonces que interrumpimos el crecimiento. En el corazón de la atonía esta la debacle en la inversión, es decir las compras de construcción, maquinaria y equipo. Parte del freno se ha dado por factores externos, entre ellos la incertidumbre de la aprobación del T-MEC y la guerra comercial entre Estados Unidos y China provocaron que las empresas extranjeras pararan proyectos de inversión. Por primera vez en décadas, la economía mundial presentó una contracción del volumen del comercio internacional aún y cuando no hay una recesión mundial. Esto explica la reducción en el crecimiento de las manufacturas y de la industria, sectores intensivos en bienes de inversión.

Pero sin duda, al menos tres factores internos contribuyeron al declive de la inversión. La interrupción de la construcción del aeropuerto de Texcoco, así como de las subastas petroleras y eléctricas afectaron el gasto en inversión en esos sectores directamente, e incrementaron la incertidumbre del marco institucional del país, lo que hace dudar sobre la conveniencia de invertir en México. También en 2019, varios estados estrenaron nuevas administraciones estatales, y ya sea por la falta de experiencia o por tener que afrontar desbalances de los gobiernos anteriores, éstos tendieron a parar la construcción estatal y dificultar los permisos para la construcción privada. No es casualidad que la mitad del declive del 27 por ciento de la construcción acumulada hasta septiembre del 2019 provenga de la actividad en Ciudad de México, Jalisco y Veracruz, tres estados con nuevos gobernadores. El tercer factor fueron las tasas de interés reales altas en México, casi la mitad del año rondaban entre cinco al 10 una vez descontando la inflación esperada que a principios del 2019 era de cuatro por ciento.

La ventaja de que 2019 sea una atonía y no una recesión, es que existe más posibilidades de un rápido giro en el crecimiento del país. Algunos de los factores que deprimieron la inversión seguirán estando presentes en el 2020, como los externos y la suspensión de las subastas energéticas. Pero otros deben de mejorar, en especial el freno a los permisos de construcción en los estados, las tasas de interés, que seguramente seguirán descendiendo durante el 2020 y la aprobación del T-MEC, que de alguna forma brinda certeza institucional para operar en México. De esta forma, mientras Estados Unidos no entrará en una sorpresiva recesión, creemos que hay condiciones para que salgamos de esta atonía de forma positiva, aunque sin registrar tasas de crecimiento vigorosas, cuando menos si positivas.

El autor es Profesor Asociado del Departamento de Economía del Campus Monterrey.

Opine usted: edgardo@tec.mx

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.