Corrupción e Impunidad el Cáncer de la Sociedad
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Corrupción e Impunidad el Cáncer de la Sociedad

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Corrupción e Impunidad el Cáncer de la Sociedad

bulletEl punto es que la impunidad es el combustible del que se alimenta la corrupción, pues si sólo existe un 1 por ciento de probabilidad de que al cometer un delito los criminales sean castigados por ello.

Opinión MTY Tecnológico de Monterrey Luis Prott
26/03/2018
Actualización 26/03/2018 - 13:46
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Todos hemos oído aquello de que “el poder corrompe”, y el poder puede dárnoslo el dinero o los puestos políticos o quienes son tus “padrinos” en el gobierno o en la empresa, la información privilegiada o los conocimientos, la fuerza bruta o la violencia, la manipulación o el engaño y ahora los medios masivos de comunicación y las redes sociales (los “likes” y los seguidores). En sí el tener poder no es malo para los demás, siempre y cuando no se use con el fin de abusar o explotar a la sociedad y cuando esto último sucede, es cuando el poder corrompe y, en mi opinión, es inevitable a medida que el poder (de cualquier tipo) se va concentrando en unas cuantas personas, países o empresas.

Seguramente usted ha oído que la riqueza del mundo se concentra en unas cuantas personas, por ejemplo en el informe presentado por la Organización No Gubernamental Oxfam, “Premiar el trabajo, no la riqueza”, estiman que el 82% de la riqueza generada en 2017 terminó en las manos del 1 por ciento de la población del mundo, y esto significa que cada vez más el 99% de la población cada vez recibe menos remuneración por su trabajo, por lo que no es de asombrarse que el año 2017 haya sido el año en que surgieron el mayor número de nuevos multimillonarios en el mundo.

Esto no es sostenible, y pronto tiene que reventar, las señales son claras, cada vez más poblaciones pobres y desesperadas en el mundo buscan huir hacia zonas económicas donde creen que podrán encontrar al menos un alivio temporal a sus penurias, y esto no podrá detenerlo ningún muro y probablemente tampoco ningún ejército. Se estima que cerca del 40% de la población de Europa ya procede de inmigrantes ilegales, por ejemplo en los países grandes y posiblemente con mayor control de la inmigración ilegal y poblaciones más grandes como Alemania (15.3 por ciento), Reino Unido (13.4 por ciento) Francia (12 por ciento) o España (12.4 por ciento), y otros países como Luxemburgo y Suiza, con gran fama de recibir la inmigración, cuentan con un 45.9 por ciento y 29.6 por ciento de su población actual nacida en el extranjero. Me atrevo a decir que los nativos europeos son cada vez más renuentes a tener hijos, las poblaciones educadas de Europa serán sustituidas por poblaciones de inmigrantes desesperados y sin educación, el escenario previsible no es precisamente esperanzador. Creo que lo mismo podemos esperar en el resto del mundo.

Y en todo esto, ¿Qué papel juegan la corrupción y la impunidad?, ¿Cómo podemos explicarnos un mundo cada vez más injusto en el que unos cuantos exprimen cada vez más a la mayoría?, ¿Acaso no hay leyes que nos protejan de tales injusticias?, ¿No es la democracia un sistema de gobierno en el que las mayorías mandan? Creo que todos sabemos lo que pasa: gobernantes y jueces corruptos coludidos con los criminales permiten que unos pocos le quiten sus recursos (tierras, bienes materiales, etcétera) al resto de la población. México ocupa el cuarto lugar en impunidad en Latinoamérica, y el reciente estudio publicado por la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP) también establece que países como Rusia van al alza en este rubro, y con base en el índice global de impunidad (IGI) medido por el estudio de la UDLAP y que también es avalado por la ONG Transparencia Internacional, se estima que el porcentaje de impunidad en México es del 99 por ciento.

El punto es que la impunidad es el combustible del que se alimenta la corrupción, pues si sólo existe un 1 por ciento de probabilidad de que al cometer un delito los criminales sean castigados por ello, parece mucho más rentable ser criminal que dedicarse a un trabajo honesto, y sobre todo en México donde no debemos olvidarnos del “presunto culpable” que sirve como chivo expiatorio.

Para mí no cabe duda que esto está acabando con la aplicación de las leyes que en el mundo ha dado sustento a la sociedad moderna. La corrupción complementada por la impunidad, son un cáncer que acabará por destruirnos. Y aquí creo que como en aquél lema de campaña política de José López Portillo, “la solución somos todos”, siempre y cuando no la sigamos convirtiendo en aquellos de “la corrupción somos todos”.

El autor es profesor del Departamento Académico de Contabilidad y Finanzas del Campus Monterrey. luisprott@itesm.mx

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.