Corrupción, Ciudadanía y Empresa Familiar
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Corrupción, Ciudadanía y Empresa Familiar

De nada sirve pagar impuestos de primer mundo, si la infraestructura, los procesos de gobierno, las limitaciones sociales y los alcances políticos siguen siendo de país emergente—Y menos cuando la corrupción se magnifica.

Opinión MTY empresas familiares Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez
09/01/2019
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Rosa Nelly Trevinyo-RodríguezFuente: Cortesía

Luego de los aumentos significativos en las licencias, refrendos, canje de placas, tarjetas de circulación, permisos para la venta de alcohol y algunos servicios catastrales—así como de la autorización del impuesto a las emisiones atmosféricas—, la población en Nuevo León, no está contenta.

Si a esto le añadimos algunos “pesos ($)” que traemos arrastrando del 2017 y 2018 como el aumento en el gravamen de adquisición de inmuebles, los impuestos establecidos a clientes de casinos, el aumento en el impuesto de hospedaje y la retención del impuesto sobre nóminas aplicada a las empresas de outsourcing,… pareciera que por más que se recauda, los números en el Estado no alcanzan.

Esto podría ser “entendible” si los resultados fueran visibles y las entidades de gobierno operaran de forma semi-eficiente. Pero, cuando para obtener un permiso, un registro o un uso de suelo (de la forma lícita y con todos los requisitos cumplidos) un empresari@ tiene que pagar ciertas “tarifas adicionales” (mordida, douceur, sweetener, bribe, mecanismo de engrase) para “apoyar al Gobierno”—desde 20 mil hasta 500 mil pesos—, uno se pregunta: ¿No que a partir del 1 de diciembre ya no iba a haber corrupción?

Y es que, de nada sirve pagar impuestos de primer mundo, si la infraestructura, los procesos de gobierno, las limitaciones sociales y los alcances políticos siguen siendo de país emergente—Y menos cuando la corrupción se magnifica.

Si en la empresa familiar los abusos de poder se combaten con estructuras de gobierno fuertes, involucramiento y participación activa de los accionistas, información y formación, y evaluaciones constantes, ¡en el Gobierno también! Por ello, a nivel político se debe impulsar, igualmente, la buena gobernanza, el ejercicio de una ciudadanía responsable, activa y no-violenta, la educación, la transparencia (tecnología) y las valoraciones de desempeño ¡No hay que inventar el hilo negro!

El problema es que para que funcione, se necesita de dos: de gobernantes y ciudadanos. La ciudadanía activa no sólo implica ir a votar, sino también participar, cabildear, negociar y reclamar cuando se detectan injusticias y conflictos de interés. No obstante, si al que reclama sus derechos se le tacha de “revoltoso”, si “el resto”—masa crítica real—, con tal de no tener problemas, no dedicarle tiempo, no quedar mal con los amigos, o por temor a represalias mejor paga y no denuncia… Poco se puede esperar del Gobierno. Para construir una sociedad en la cual el estado de derecho se respete, el compromiso, la confianza y la unidad de sus integrantes son clave.

La educación comienza en casa. El ejercicio de inclusión, tolerancia y negociación que se siga a nivel de familia guiará o coartará el ejercicio de una ciudadanía responsable, activa y no-violenta de tipo civil, político y social… Si no sabemos ser buenos ciudadanos, no seremos buenos colaboradores, buenos patrones, buenos accionistas…

¿Qué hacer? Por lo pronto, entender el funcionamiento de las instituciones, conocer nuestros derechos y responsabilidades, leer, desarrollar la reflexión crítica, el debate, la argumentación, la búsqueda de consensos; asistir a las reuniones del cabildo; firmar peticiones o documentos en señal de protesta y apoyar (desde nuestra trinchera) a quienes “empujan”, con sus acciones, cambios.

Nuevo León está compuesto de millones de ciudadanos…¡No seamos indiferentes! Busquemos diálogos tolerantes, incluyentes, pacíficos, que beneficien a todos y cada uno de los que habitamos este Estado. Empresarios, Empleados, Sindicatos, Estudiantes, Burócratas y Activistas… Todos queremos un mejor Nuevo León. Hagamos que pase.

Y si no ¡No nos quejemos!

La autora es socia de Trevinyo-Rodríguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Médico, Petrolero y de Retail.

Opine usted: rosanelly@trevinyorodriguez.com

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.