Cesáreo Gámez: El primer año de AMLO
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Cesáreo Gámez: El primer año de AMLO

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Cesáreo Gámez: El primer año de AMLO

bulletLa caída del gasto público se transmitió a la actividad económica y el producto interno bruto de la economía mexicana registró un estancamiento.

Opinión MTY UANL Cesáreo Gámez
13/12/2019
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Cesáreo Gámez
Cesáreo GámezFuente: Cortesía

El primer año de gobierno del Presidente Andrés Manuel López Obrador mostró las características típicas del primer año del sexenio en México, lo que se conoce como la “maldición del primer año”.

Este fenómeno se ha presentado en once de los último doce sexenios en México, desde la transición de Manuel Ávila Camacho a Miguel Alemán Valdez, en 1946 y consiste en una contracción del gasto público, acompañada de una desaceleración de la actividad económica, una caída en la formación de capital y en la productividad de los factores productivos.

Como de costumbre, el gasto público ejercido por el gobierno federal experimentó una contracción en el primer año de gobierno. De acuerdo con información de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP). El gasto público total registró una caída de 1.9 por ciento en los primeros 10 meses del año.

La contracción del gasto afectó especialmente las compras de materiales y suministros, los sueldos y salarios la inversión física y las obras públicas, que cayeron a tasas de dos dígitos en el periodo mencionado.

La caída del gasto se transmitió a la actividad económica. El producto interno bruto (PIB) de la economía mexicana registró un estancamiento (0.0 por ciento) en los primeros tres trimestres del año, con algunos sectores registrando caídas significativas, como la construcción, la minería y el comercio al mayoreo.

La contracción del gasto público afectó también a la formación de capital. La inversión fija bruta registró una disminución de 4.8 por ciento entre enero y diciembre, alcanzando ocho meses consecutivos registrando crecimientos negativos. La caída más fuerte se registró en maquinaria y equipo, tanto nacional como importado.

La caída en la inversión repercutió en la productividad. El Índice de Productividad Global de la Economía (IGPLE) registró una disminución de 1.8 por ciento en los primeros nueve meses del año, afectando principalmente a la industria de la construcción y el comercio al mayoreo.

La desaceleración de la economía repercutió también en los mercados laborales. La tasa de desocupación pasó de 3.2 por ciento de la población económicamente activa (PEA) en el último trimestre de 2018 a 3.7 por ciento en el tercer trimestre del presente año, mientras que la tasa de informalidad laboral se incrementó de 27.4 a 27.6 por ciento de la población ocupada en el periodo mencionado.

Los indicadores de confianza de los diversos agentes económicos mostraron dos tendencias en el primer año del presidente Andrés Manuel López Obrador. Tanto la confianza empresarial como la de los consumidores mostraron tendencia al alza inmediatamente después de las elecciones de julio del año pasado.

Sin embargo, a partir de marzo del año en curso, los índices de confianza de los agentes económicos empezaron a disminuir, alcanzando los niveles que tenían antes de las elecciones.

Sin embargo, no todo fueron malas noticias. Los mercados financieros se comportaron favorablemente en el primer año del sexenio. La tasa anual de inflación bajó de 4.72 por ciento en noviembre de 2018 a 3.02 por ciento en octubre del presente año.

La disminución en la inflación trajo consigo una reducción en las tasas de interés. La tasa de CETEs a 28 días disminuyó de 7.97 por ciento a finales de noviembre de 2018 a 7.40 por ciento a principios de diciembre de 2019.

El tipo de cambio se revaluó durante el primer año del sexenio de López Obrador, pasando de $20.45 el 30 de noviembre de 2018 a $19.35 pesos por dólar el 5 de diciembre del año en curso.

En resumen, el primer año de gobierno de AMLO se ajustó a las características de la maldición del primer año. Esperemos que en 2020 se revierta esta situación y volvamos a recuperar la senda del crecimiento económico.

El autor es economista de la UANL, con Doctorado en la Escuela de Graduados de Administración y Dirección de Empresas (EGADE) del ITESM. Es profesor de la Facultad de Economía de la UANL y miembro del SNI-Conacyt.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.