“Casi”… Una Familia Empresaria
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“Casi”… Una Familia Empresaria

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“Casi”… Una Familia Empresaria

bulletNo obstante, cuando el “casi” obstaculiza, separa y no permite tomar decisiones adecuadas en tiempo y forma, la familia empresaria se debilita.

Opinión MTY empresas familiares Rosa Nelly Trevinyo- Rodríguez
23/01/2019
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Rosa Nelly Trevinyo-RodríguezFuente: Cortesía

Evaluar la complejidad que tienen las familias empresarias y cómo ésta impacta en su toma de decisiones es una labor titánica. Y es que, mientras unos riñen porque tienen “casi” nada; otros lo hacen porque tienen “casi” todo. Contra-intuitivo, ¿verdad?

¿Dónde está, entonces, el justo medio? Depende. Cada familia empresaria es única, y por ello, sus límites son diferentes. No obstante, cuando el “casi” obstaculiza, separa y no permite tomar decisiones adecuadas en tiempo y forma, la familia empresaria se debilita. Se vuelve una “quasi” familia empresaria con un “quasi” negocio familiar.

Y es que, ni mediar ni conciliar es fácil cuando los involucrados no tienen la voluntad de resolver, de pactar; cuando los apegos del pasado nublan las decisiones del presente; cuando la envidia y el ego los llevan a querer ganar todo; y cuando los sentimientos enraizados—culpa, miedo, rencor, venganza, dolor—les impiden ver que al “dañar” al otro, se dañan ellos mismos.

Y, aunque siempre se ha dicho que la complejidad cataliza el progreso—porque nos empuja a negociar, crear/inventar y decidir—, lo cierto es que, cuando las familias empresarias viven estos procesos complicados de negociación por largos períodos de tiempo, los involucrados se desgastan, se vuelven vulnerables y toman, la mayoría de las veces, las peores decisiones. Ejemplos sobran:

• “No vamos bien, pero no vendo para que no gane dinero mi hermano”.

• “Voy a quebrar este negocio… a ver si al final les interesa tanto”.

• “Es irresponsable repartir y diluir el patrimonio; mejor todos amarrados”.

• “No hacer testamento es mi decisión. Si no pueden verse hoy, que se metan en el lío de arreglar todo cuando yo falte. Van a tener que verse las caras”.

• “De que se lo gaste la querida, a gastármelo yo, mejor me lo gasto yo. Total, éste también es mi negocio ¿no?… A ver quién aguanta más”.

• “A mí no me pidan nada, sólo mándenme mi cheque y mis botellas; y yo no me aparezco”.

• “Le quito a mi papá sin que se dé cuenta, porque me lo merezco y no me lo da. ¡Claro que es una buena justificación!”.

¿Acaso son estas buenas decisiones de negocio? ¿Y de familia? ¿Cómo llegamos aquí?

Mucho tiene que ver con:

a) Sentimientos nocivos.

Dejarnos arrastrar por el impulso, revivir constantemente malos momentos y alimentar nuestra ira o indiferencia sólo postergará cualquier decisión coherente y provechosa para la familia empresaria y para la empresa familiar, desgastando la relación y llevándola a nivel de chantaje.

b) Ego inflado.

Como decía San Agustín: “La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande pero no está sano”. Y es que, cuando no aceptamos nuestros errores, corremos el riesgo de fracasar en grande. Aceptar requiere Voluntad.

c) Dolor causado por la pérdida social o emocional.

La pena que se produce por el rechazo, la infidelidad, la difícil comunicación familiar o la muerte de personas queridas, nos lleva a eludir la realidad o incluso, a crear nuestra propia verdad. Para superarlo, hay que aprender a vivir con las cargas emocionales que acarreamos, liberar rencores y centrarnos en los aspectos positivos de las coyunturas vividas.

En conclusión, las verdaderas familias empresarias encuentran soluciones a tiempo y fijan un justo medio que aunque no es adorable, les permite vivir y avanzar—ya sea para continuar trabajando, para separarse patrimonialmente o incluso, para vender juntos.

Y tú, ¿estás en el “casi” o en el justo medio?

La autora es socia de Trevinyo-Rodríguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Médico, Petrolero y de Retail.

Opine usted: rosanelly@trevinyorodriguez.com

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.