Caen producción, inversión y confianza
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Caen producción, inversión y confianza

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Caen producción, inversión y confianza

La contracción más fuerte se observó en la inversión en maquinaria y equipo nacional, con una tasa de 10.7 por ciento.

Opinión MTY UANL Cesáreo Gámez
17/05/2019
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Cesáreo Gámez, es profesor de la Facultad de Economía de la UANL.
Cesáreo Gámez, es profesor de la Facultad de Economía de la UANL.Fuente: Cortesía

Las malas noticias económicas siguen manifestándose en los meses iniciales del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Los indicadores disponibles hasta el momento indican caídas en la producción industrial, la construcción, la inversión fija bruta y, hasta en la confianza del consumidor, que se había mantenido al alza desde las elecciones realizadas en julio del año pasado.

La producción industrial registró una tasa negativa de 2.5 por ciento en marzo, afectando a todos los sectores que la integran. Así, vemos que la minería cayó en 6.7 por ciento, la construcción en 5.8 por ciento, mientras que el suministro de electricidad y agua y la industria manufacturera registraron tasas de -0.5 y -0.7 puntos porcentuales.

Por otro lado, la inversión fija bruta registró un crecimiento negativo de 2.0 en febrero de 2019. La contracción más fuerte se observó en la inversión en maquinaria y equipo nacional, con una tasa de 10.7 por ciento.

La contracción en producción industrial y la inversión puede deberse en parte a la contracción registrada por el gasto público federal en el primer trimestre del año. De acuerdo con información de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), el gasto total del Gobierno Federal se redujo 6.9 por ciento en términos reales durante el primer trimestre de 2019.

En el caso de la formación de capital, o inversión, los resultados registrados hasta el momento hace cada vez más improbable alcanzar las metas de crecimiento entre 4 y 6 por ciento para la economía del país en el mediano plazo.

La formación de capital es un elemento clave para elevar la productividad de los factores productivos, el PIB potencial y las probabilidades de un crecimiento sostenido.

Por si lo anterior no fuera suficiente, el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) registró una disminucíón de 0.9 por ciento en abril, la segunda caída mensual en forma consecutiva.

La caída más fuerte del ICC se registra en la situación de la economía del país dentro de doce meses comparada con la actual, que se contrajo en 2.8 puntos porcentuales.

La caída en el ICC en los últimos dos meses parecería indicar el fin de la “luna de miel” entre los consumidores mexicanos y el Presidente Andrés Manuel López Obrador, que se había manifestado desde que se conocieron los resultados de las elecciones, en julio del año pasado.

Esto podría deberse a la serie de decisiones cuestionables que se han tomado recientemente por diversos funcionarios del gobierno actual, incluido el propio Presidente de la República y que han repercutido en la confianza de los consumidores y demás agentes económicos.

En fin, conforme tenemos más indicadores sobre el comportamiento de la economía y la confianza de los agentes económicos, se hace más evidente la confirmación de la “maldición del primer año”, que seguramente afectará el crecimiento durante 2019. Habría que ver si se limita a este año o afecta algunos más.

BONO DEMOGRÁFICO

Los resultados de la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) 2018 estiman que la población residente en el país es de 124.9 millones de habitantes, de los cuales 51.1 por ciento son mujeres y 48.9 por ciento restante son hombres; lo que representa una relación de 95 varones por cada 100 mujeres a nivel nacional.

La estructura por edad confirma que nos encontramos en medio del llamado “bono demográfico”; esto es, que el porcentaje de la población en edad de trabajar sigue creciendo en relación a los otros segmentos de la misma.

De 2014 a 2018 la proporción de niños en el país, es decir, personas con menos de 15 años pasa de 27.5 a 25.3 por ciento, en tanto que la de jóvenes (15 a 29 años) disminuye de 24.9 a 24.6 por ciento.

Por otro lado, el porcentaje de la población de 30 a 59 años aumenta en dicho periodo de 36.6 a 37.8 por ciento, mientras que la de 60 años y más pasa de 10.9 a 12.3 por ciento del total.

Se le conoce como el bono demográfico porque, en principio, este cambio en la estructura por edades de la población representa una oportunidad para incrementar la productividad, y el crecimiento sostenido en el mediano y largo plazo.

Sin embargo, para hacer efectivo este “bono” sería necesario que viniera acompañado por un incremento en la formación de capital, lo que hasta el momento no se está produciendo en nuestro país.

El autor es economista de la UANL, con Doctorado en la Escuela de Graduados de Administración y Dirección de Empresas (EGADE) del ITESM. Es profesor de la Facultad de Economía de la UANL y miembro del SNI-Conacyt.

Opine usted: cesareo.gamezgr@uanl.edu.mx

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.