Monterrey

Juan Carlos Roldán: Ante la Tormenta

La importancia de cultivar la resiliencia reputacional.

En un mundo donde la información viaja más rápido que nunca y las percepciones pueden cambiar de la noche a la mañana, la capacidad de una empresa para gestionar su reputación ante una crisis se ha convertido en una habilidad indispensable.

Este complejo panorama demanda un nuevo enfoque en la gestión empresarial, uno que priorice la resiliencia reputacional como un componente crítico para el éxito y la sostenibilidad a largo plazo. La preparación frente a crisis no es simplemente una medida de precaución; es una estrategia de inversión en el futuro.

La naturaleza de las crisis en la era digital es tal que una publicación polémica en redes sociales, una reseña negativa, o una noticia desfavorable pueden escalar rápidamente, poniendo en jaque años de trabajo y esfuerzo. Aquí radica la importancia de la anticipación y la preparación. Entender este dinamismo y estar preparados para actuar de manera eficaz no solo puede mitigar los daños sino también, en ciertos casos, transformar una situación potencialmente negativa en una oportunidad para demostrar la solidez y los valores de la empresa.

La gestión de crisis reputacional, por tanto, no debe verse como un plan reactivo, sino como un componente integral de la estrategia corporativa.

Esto implica una comprensión profunda de los riesgos potenciales, la implementación de sistemas de monitoreo efectivos y la creación de un equipo multidisciplinario capaz de responder con agilidad y precisión. La clave está en la comunicación: cómo, cuándo y qué comunicamos pueden marcar la diferencia entre la recuperación y el deterioro de nuestra reputación.

Desde mi experiencia, la resiliencia reputacional se construye día a día. Es el resultado de una cultura corporativa que valora la transparencia, la ética y el compromiso con los stakeholders.

Las empresas que cultivan estas cualidades no solo están mejor equipadas para manejar las crisis cuando surgen, sino que también disfrutan de una confianza y lealtad más profundas por parte de sus clientes, empleados y socios.

Las empresas, independientemente de su tamaño, presentan diversos niveles de madurez y desarrollo en cuanto a la gestión de su reputación y la construcción de resiliencia, dependiendo en primer lugar el grado de importancia que a estos temas les asigne el máximo liderazgo de la organización, asignando o no, recursos, talento y espacio en sus estrategias.

La comunidad empresarial de Monterrey no es la excepción: Vemos desde empresas que mantienen abiertos canales de diálogo permanente con sus grupos de interés y cuidan su reputación como un activo intangible de la organización, hasta otras que observan pasivas un entorno en el que son tema de conversación, pero no participan en la misma.

En este sentido, prepararse para una crisis no es solo una cuestión de gestión de riesgos; es una manifestación de liderazgo y responsabilidad, que además nos ayuda a generar un entorno de mayor credibilidad de parte de nuestras audiencias hacia nuestras propias publicaciones.

Además, el aprendizaje continuo y la adaptación son fundamentales. Las crisis pasadas deben servir como lecciones para fortalecer nuestros enfoques y estrategias futuras. La capacidad de una empresa para aprender de sus errores y adaptarse con rapidez no solo mejora su resiliencia, sino que también la posiciona como líder en un mercado cada vez más competitivo y volátil.

En la actualidad, la gestión de crisis reputacional representa una de las competencias más críticas en el liderazgo empresarial contemporáneo.

A medida que avanzamos en esta era digital y enfrentamos desafíos globales sin precedentes, las empresas que priorizan la resiliencia reputacional no solo sobrevivirán, sino que prosperarán, demostrando que en el mundo empresarial de hoy, la manera en que gestionamos nuestras crisis define nuestro legado

El autor es Socio fundador de KOMUNIKA LATAM, con más de 30 años de experiencia en comunicación estratégica y gestión de crisis en Latinoamérica.

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