Monterrey

Luz Araceli González: Crisis migratoria México-Estados Unidos

Nuevamente en debate.

México y Estados Unidos comparten una frontera de más de 3000 km en la que todos los días ocurren un gran número de intercambios que van desde los comerciales, cuestiones técnicas como la contaminación del Río Bravo hasta asuntos de seguridad nacional como son el tráfico de drogas, armas, y demás actividades de las bandas delincuenciales.

Esta frontera representa grandes retos para los gobiernos de ambos países, lo que genera una relación bilateral sumamente compleja, sin embargo, las prioridades no son el resultado de políticas de Estado sino más bien oscilan de acuerdo a los tiempos políticos tanto de la Casa Blanca como de Palacio Nacional.

Este año es particularmente crítico ya que habrá elecciones para relevar a los ejecutivos de las dos naciones. Por una parte, el presidente Joe Biden busca su reelección en unos comicios que auguran el retorno de los republicanos, muy probablemente encabezados por Donald Trump. De lado mexicano Andrés Manuel López Obrador insiste en ser el “jefe de campaña” de su candidata, Claudia Sheinbaum, a fin de que ella perpetúe la llamada 4T con todos sus vicios y desaciertos.

En este contexto electoral resulta muy favorable para todo proyecto que aspira llegar a la presidencia hacer de la migración un asunto de campaña que mueva la sensibilidad de los electores para ganar su voto y no como una necesidad imperiosa para atender una severa crisis humanitaria que atenta contra los derechos fundamentales de millones de seres humanos cada día.

En este último año de gobierno de Joe Biden parecen haber quedado en el olvido sus propuestas de campaña y sus iniciativas ya como mandatario para resolver el tema migratorio. A tan sólo un mes de haber tomado la presidencia presentó un ambicioso plan llamado U.S. Citizenship Act el cual contemplaba regularizar el estatus migratorio de más de 10 millones de indocumentados, abrir el camino para frenar las deportaciones, otorgar residencia temporal a migrantes.

Además, se ampliaba los beneficiarios del Programa Acción Diferida para los llegados en la infancia (DACA por sus siglas en inglés), también llamados Dreamers, así como los del programa de Estatus de Protección Temporal (TPS), y el de condiciones preferenciales para los trabajadores agrícolas.

También ofreció reformar el Sistema de Inmigración Familiar y aumentar las visas de trabajo, todo ello a través de un nuevo enfoque para la seguridad fronteriza más humano, a lo que se sumaría un esquema integral para atender las causas de raíz de la inmigración a través de un paquete millonario de inversión en Centroamérica.

Hoy, a más de tres años, pocos refieren estas iniciativas y en su lugar la crisis migratoria se ha exacerbado. A los flujos tradicionales de migrantes centroamericanos y mexicanos se han sumado miles de haitianos, venezolanos e incluso migrantes procedentes del continente africano quienes ven en México la vía más accesible para alcanzar el llamado “sueño americano”.

Hoy aquellas buenas intenciones de Biden, que buscaban un rostro más humano a la migración están en el olvido y en su lugar el Senado de Estados Unidos ha presentado una iniciativa en cuyo texto demócratas y republicanos coinciden en endurecer las leyes fronterizas e incluso prevén cerrar la frontera entre Estados Unidos y México.

Joe Biden ha cedido a lo que muchos consideran la imposición de los senadores para reforzar la seguridad fronteriza a cambio de que le sea autorizado el presupuesto de gasto militar que incluye además de la seguridad nacional y fronteriza un paquete de apoyo para Ucrania e Israel.

Hoy las prioridades para el gobierno de Biden son bélicas, y con ello la promesa de humanizar la migración se deja de lado para volver a una política de mano dura tal y como ocurrió en administraciones anteriores como las de Clinton, Obama y particularmente Trump.

En tanto, de lado mexicano, la negligencia impera. Poco se ha hecho para frenar y menos aún mejorar las condiciones de los flujos migratorios.

Las fronteras mexicanas son totalmente permeables, las autoridades ineficientes, las policías se coluden con el crimen organizado quien controla las rutas en las que los migrantes son extorsionados, violentados e incluso asesinados. Pese a la crisis humanitaria, los migrantes seguirán siendo botín electoral.

La autora es Doctora en Relaciones Internacionales, especialista en Asuntos Globales y Política Internacional. Profesora investigadora de la Escuela de Gobierno y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey.

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