Monterrey

Jorge O. Moreno: La calidad del aire en la Zona Conurbada de Monterrey

La sustentabilidad de nuevo a la mesa de debate.

El inicio del año ha estado marcado por un nuevo tema urgente en la agenda pública para los ciudadanos que habitamos en la Zona Conurbada de Monterrey: los deficientes y peligrosos niveles de contaminación en el aire que respiramos.

Durante varios días consecutivos, los niveles de contaminación, identificados por el color de la alerta que emiten las estaciones de monitoreo, se ubicaron en “morado”, color que supera al “rojo” y equivale a una calidad extremadamente mala y peligrosa, de acuerdo a los indicadores internacionales.

Sobra decir que los costos económicos derivados de esta pesadilla ecológica desatada sobre los ciudadanos regiomontanos han comenzado a revelarse de manera directa e indirecta.

A medida que la calidad del aire disminuye, los costos económicos que enfrenan los ciudadanos asociados aumentan, generando un impacto significativo al menos en tres rubros: la atención médica requerida, la productividad, y el nivel de bienestar general de la sociedad. En esta entrega exploramos un poco los efectos económicos de la mala calidad del aire, destacando la necesidad de abordar este problema desde una perspectiva integral y urgente.

Uno de los impactos más inmediatos de la mala calidad del aire se refleja en el sistema de salud. La exposición continua a contaminantes atmosféricos está directamente relacionada con alergias, enfermedades respiratorias, cardiovasculares y otras afecciones crónicas.

Los costos asociados con la consulta, el tratamiento médico, las hospitalizaciones y la pérdida de días laborables debido a enfermedades relacionadas con la calidad del aire pueden ser muy significativos, particularmente si estos son financiados directamente por los hogares.

Además, la reducción de la productividad laboral resultante de la mala salud de los trabajadores, resultado por ejemplo de incapacidades, contribuye a una disminución significativa en sus niveles de ingreso acentuando más la problemática financiera del hogar.

Sin embargo, la mala calidad del aire no solo afecta la salud individual, sino que también tiene consecuencias directas en la productividad económica de la región. Como resultado de los altos niveles de contaminación ambiental, las empresas se enfrentan a costos adicionales debido a la disminución de la eficiencia laboral y al aumento de los días de enfermedad e incapacidades entre sus empleados.

Además, las industrias que dependen de la calidad del aire, como la agricultura, se ven afectadas por la contaminación atmosférica, lo que conduce a cosechas reducidas y pérdidas financieras considerables.

Es crucial reconocer que los impactos económicos de la mala calidad del aire no se distribuyen de manera uniforme, y que éstos suelen ser regresivos. Las comunidades de bajos ingresos y minoritarias suelen soportar una carga desproporcionada de la contaminación atmosférica debido a la ubicación de fuentes contaminantes, como fábricas e infraestructuras industriales.

Esto perpetúa el ciclo de desigualdad, donde aquellos en situación de vulnerabilidad o que ya enfrentan dificultades económicas son relativamente los más afectados por los costos adicionales asociados con la mala calidad del aire.

La mitigación de los costos económicos de la mala calidad del aire requiere un esfuerzo conjunto entre hogares, el sector privado y los distintos ámbitos de gobierno. Los hogares deben buscar la reducción de emisiones contaminantes por el uso de vehiculos privados, mientras que las empresas deben asumir la responsabilidad de reducir sus emisiones y adoptar prácticas más sostenibles.

Al mismo tiempo, los gobiernos estatal y municipales deben implementar políticas ambientales efectivas, establecer estándares de calidad del aire más estrictos, y proporcionar incentivos para la transición hacia tecnologías más limpias en plazos razonables para su implementación.

Probablemente uno de los agravantes en la ZCM sea la presencia de la refinería de Cadereyta, cuya operación y niveles de contaminación emitidos en fechas recientes parecieran ser los principales causantes del incremento abrupto en las particulas nocivas observados.

La mala calidad del aire no es solo un problema de salud, sino también un desafío económico que afecta ya a toda nuestra comunidad. Al igual que en el caso del agua, es fundamental tomar acciones para resolver este agravante y diseñar las estrategias de política pública dirigidas a corregir este problema.

Atender este tema no solo tiene beneficios directos para la salud pública, sino que también puede coadyuvar a una economía más fuerte y sostenible, permitiendo que la dinámica de desarrollo de la región sea integral al bienestar de los ciudadanos, y el crecimiento de la zona no se vea amenazado.

COLUMNAS ANTERIORES

Buscan capacitar a ciudadanos para que emitan voto razonado
Da a conocer UANL iniciativa contra el cáncer de pulmón

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.