Monterrey

Rogelio Segovia: La historia empresarial más impactante del año

El viernes pasado se esparció como reguero de pólvora una noticia que conmocionó al mundo tecnológico, Sam Altman, CEO de OpenAI, había sido echado de la compañía.

Cada vez, con mayor frecuencia, traigo a colación una extracto de la Carta anual a CEOs que Larry Fink compartió en 2022. En su misiva de aquel año, el mandamás de BlackRock habla de cómo el capitalismo de stakeholders (grupos de interés) eficaz crea y mantiene valor para los accionistas, enfatizando que esto “no es cuestión de política; no es una agenda social o ideológica; ni mucho menos es un ‘despertar’, es básicamente por negocios”.

El viernes en la tarde se esparció como reguero de pólvora una noticia que conmocionó al mundo tecnológico, Sam Altman, CEO de OpenAI, había sido echado de la compañía de inteligencia artificial que cofundó. Esto provocó de inmediato protestas por parte de empleados e inversores de la empresa, entre ellos Microsoft, quien han invertido trece mil millones de dólares en OpenAI.

En una decisión aparentemente irracional, el consejo de administración de OpenAI, propietaria del popular programa de inteligencia artificial ChatGPT, generó un caos con colaboradores, clientes e inversores, es decir, con sus stakeholders. Este tipo de situaciones son las que suceden cuando pones a activistas, y no a personas de negocios, a dirigir una empresa.

Al momento de escribir esta columna aún no es del todo claro que diablos fue exactamente lo que sucedió, pero con la información disponible, podemos hacernos una idea de la historia palaciega de los últimos días.

Según el comunicado emitido por Greg Brockman, uno de los fundadores y presidente de OpenAI, quien presentó su renuncia tras enterarse del despido de Altman el viernes pasado al mediodía, Ilya Sutskever, también cofundador y miembro del consejo de la empresa, solicitó a Altman una videoconferencia. Durante la llamada, Altman recibió la notificación de su despido y se anunció que la noticia sería divulgada en breve. Microsoft se enteró un minuto antes (sí, un minuto antes) de que se hiciera público.

El argumento principal de su despido, un tanto confuso y ambiguo, fue que no estaba siendo consistentemente sincero en las comunicaciones con el consejo y, como resultado, habían perdido la confianza en él. Tan críptica fue la explicación, que temprano al día siguiente tuvieron que aclarar a los empleados de OpenAI que la decisión de la junta no se tomó en respuesta a mala conducta o cualquier cosa relacionada con prácticas financieras, comerciales, de seguridad o de privacidad, que solo era una falla en la comunicación entre Sam y la junta directiva.

¿Cuál fue (aparentemente) el real motivo detrás de esta decisión? El miedo a que la IA pueda destruir a la humanidad. El consejo de administración OpenAI estaba formado, hasta el pasado viernes, por seis miembros, incluyendo al propio Altman y Brockman.

Es conocido que algunos de sus integrantes tienen vínculos con el llamado movimiento del altruismo efectivo, que trabaja para garantizar que los avances en inteligencia artificial se alineen con el bienestar de los seres humanos.

Una entidad cuyo marco legal y estructura accionaria se diseñaron para salvaguardar su misión central (su ‘Why’), la cual consiste en desarrollar tecnologías de inteligencia artificial de manera ética y segura en beneficio de la humanidad y de hacer del bien social una prioridad sobre las ganancias, tomó una decisión motivada más por activismo social que por criterios empresariales.

Esta determinación ha desencadenado una crisis interna, dando como resultado la pérdida de talento clave, ya que profesionales fundamentales de la empresa renunciaron inmediatamente al conocer el despido de Altman. Cuando una empresa pierde a sus mejores empleados, no solo está perdiendo su conocimiento y experiencia, sino también su compromiso y entusiasmo, lo que puede tener un impacto negativo significativo en el rendimiento de la empresa.

Más preocupante aún, esta situación ha puesto en peligro la sostenibilidad futura de la organización, comprometiendo su capacidad para cumplir con su propósito original.

Este escenario podría abrir la puerta a otros actores que podrían llenar los vacíos en la investigación de inteligencia artificial sin tener en cuenta los daños que esto pueda hacer en la humanidad.

Al parecer, la junta directiva de OpenAI olvidó que tener un propósito claro, valores coherentes y reconocen la importancia de comprometerse no es una cuestión de agenda social o ideológica; ni mucho menos es un ‘despertar’, es básicamente por negocios. ¿Es el final de OpeanAI?

Epílogo.— Durante el fin de semana se impulsó el regreso de Sam Altman a OpenAI, pero a última hora del domingo la negociación se tambaleó, ya que el consejo rechazó los términos propuestos y nombró como CEO a Emmett Shear, ex-Twitch. Minutos después, Satya Nadella, CEO de Microsoft, anunció la contratación de Sam Altman y Greg Brockman, “junto a otros colegas” para que se unan a Microsoft y lideren un nuevo equipo de investigación de IA… Talento es talento, negocios son negocios.

El autor es Doctor en Filosofía, fundador de Human Leader, Socio-Director de Think Talent, y Profesor de Cátedra del ITESM.

Contacto: rogelio.segovia@thinktalent.mx

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