Monterrey

Amado Díaz: Si vamos a reducir las jornadas máximas, hagámoslo bien

En los últimos meses hemos visto mucha información en los medios sobre las iniciativas para reducir las jornadas máximas en México y claro que hay sustento para ello, porque existen más de cien presentadas en el Congreso Federal con diferentes enfoques y propuestas.

No hay certeza alguna de que tengamos una reforma en esta materia antes de las elecciones del 2024 por diversos motivos políticos y económicos, pero es un hecho que sucederá en un momento o en otro, porque la reducción de las jornadas es una tendencia global a la que ya han transitado varios países e incluso latinoamericanos como Colombia, Ecuador y Chile.

Es verdad que la propia Organización Internacional del Trabajo (OIT) y los estudios efectuados por los especialistas al respecto han arrojado que la reducción de las jornadas han disminuido los accidentes laborales y los problemas de salud de los colaboradores, lo que es muy importante para cualquier sociedad, pero tendríamos que considerar también los impactos económicos para muchas empresas o comercios, que pudieran ser devastadores si no efectuamos una reforma integral o la implementamos mal o bruscamente; y no es que esté pensando sólo en las empresas grandotas o trasnacionales sino particularmente en las micro y pequeñas, que emplean al 72% o más de la gente, para las que sería muy complicado absorber tales impactos.

Luego entonces, deberíamos efectuar una reforma que cumpla con lo que la OIT ha planteado históricamente sobre las jornadas laborales de 40 horas, pero también que las flexibilice, logrando así lo mejor de los dos mundos; es decir, la generación de mejores condiciones de empleo, pero buscando una mayor productividad y, por ende, una mayor atracción de la inversión.

Luego entonces, a mi parecer lo que tendríamos que buscar al menos lo siguiente:

1. Que las jornadas máximas de 40 horas semanales fueran iguales para los tres turnos porque de tal manera una empresa podría tener producción continua durante 5 días de la semana al menos sin pago de tiempos extras, resolviendo la dificultad del turno nocturno con un pago mayor por hora laborada o un bono adicional.

2. Que las 40 horas semanales las podamos alcanzar promediando al menos lo laborado en 4 semanas, por lo que las personas pudieran trabajar más en algunas semanas, siempre y cuando el promedio de esas 4 semanas no sea mayor a 40 horas; como lo hicieron en Chile.

3. Que obligatoriamente establezcamos los sueldos por hora laborada y no por día para la gente operativa, como ya sucede en muchos países y calculemos, desde luego, las prestaciones también conforme a las horas laboradas y no a días trabajados, pues con la reforma tendríamos más jornadas diversas e incluso menores a las máximas tanto en días como en horas o incluso distintas distribuciones horarias, que serían más frecuentes ante una reforma en esta materia.

4. Que el cómputo del sueldo de los días de descanso fuera con base a una proporción o porcentaje establecido en la LEY sobre las horas trabajadas, es decir, como una especie de bono como ahora lo consideramos con el 0.1667, para simplificar los pagos.

5. Establecer un máximo de tiempo extraordinario por semana o incluso por períodos de 4 semanas y no por día o por ocasiones, también para simplificarlo.

6. Que la reforma sea gradual o al menos con un tiempo razonable para su implementación como lo recomienda la propia OIT.

Ojalá como país podamos lograr una verdadera reforma integral y no sólo parches ineficaces.

El autor es especialista laboral por más 30 años Maestro en Derecho del Trabajo, Director de Bufete Vicepresidente Laboral de ERIAC CAPITAL HUMANO.

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