Monterrey

Jorge O. Moreno: El regreso a una normalidad que ya no es

La sensación de regreso no ha sido la de una pausa para continuar donde nos quedamos, sino de empezar desde otra posición, diferente, y desafiante en todos los aspectos

El regreso a clases de las escuelas en todos sus niveles, así como la reapertura de lo negocios y espacios de esparcimiento a casi su capacidad total, era algo que añorabamos todos desde hace dos años que inició esta pandemia. Y es que debemos recordar que esta crisis sanitaria forzó el repentino cierre, y eventual ajuste, de todas las actividades económicas a una realidad que involucraba distanciamiento, prevención, cierres y un alto grado de incertidumbre.

Sin embargo, a días de que esta reapertura se ha dado, la sensación de regreso no ha sido la de una pausa para continuar donde nos quedamos, sino de empezar desde otra posición, diferente, y desafiante en todos los aspectos.

Si nos enfocamos estrictamente en los aspectos económicos, la nueva realidad nos confronta a un cambio en el paradigma de nuestros fundamentales, mismos que dan sentido a la información con la que procesamos nuestras expectativas y tomamos nuestras decisiones. En primer lugar, la inflación continua su camino ascendente y cada nuevo reporte parece alejarnos de aquellos días en que los objetivos inflacionarios del 3.5% anual eran alcanzados, y las expectativas inflacionarias de los agentes económicos quedaban por encima del valor observado en el mercado.

Por otra parte, la recesión técnica en la que nos encontramos muestra el enorme daño que sufrió nuestro sistema económico nacional, que ante la falta de políticas públicas efectivas, no fue capaz de alcanzar los niveles de actividad previos a la crisis sanitaria, y que parece haberse estancado en su recuperación. Estos resultados dan indicios claros de lo que muchos consideran no solamente un sexenio perdido, sino un sexenio de retroceso en indicadores básicos de actividad económica como lo es la producción per-cápita, la pobreza, y la desigualdad.

En términos de empleo, la reapertura también nos enfrenta de nueva cuenta a un antiguo conocido; el sector informal. Ante el agotamiento del impulso que recibió el empleo formal como producto de la reforma al trabajo por “outsorcing”, la rigidez del mercado laboral y la falta de incremento en inversión y de la productividad de los distintos sectores ocasionaron de nueva cuenta que la informalidad actuara como la “válvula de escape” al trabajo de millones de mexicanos que no ven en un empleo formal una opción de retorno a sus habilidades en forma de un salario digno.

Como si lo anterior no fuera suficiente, los nuevoleoneses enfrentamos dos crisis de naturalezas muy distintas: una muy local, y otra del ámbito global como no se había visto en décadas.

En términos locales, la crisis histórica del agua nos pone frente al espejo como una sociedad que ha sido incapaz de elaborar los mecanismos de apreciación, conservación, e inversión en la recuperación del vital líquido. La situación es verdaderamente crítica, a pesar de la poca importancia que parecen darle medios y gobierno frente a otros problemas sociales que también enfrentamos.

En términos globales, la amenaza de una nueva guerra entre potencias mundiales que pone en riesgo el delicado equilibrio geopolítico que había permanecido por más de dos décadas, y que de manera inmediata disparó el precio de petróleo, energéticos y ocasionó el desplome de las principales bolsas de valores, augura más incertidumbre, más volatilidad de los mercados financieros, y por tanto, mayor riesgo, mayores tasas de interés, y una mayor inflación esperada.

Sin embargo, en medio de tantas y tan diversas noticias que se han descrito en este espacio, y las muchas otras politiquerías que inundan los medios y he preferido ignorar, la esperanza de nuestra capacidad como sociedad de reorganizarnos y crear valor para todos desde nuestras decisiones individuales prevalece como la única alternativa a la ineptitud, incapacidad, o negligencia de un gobierno federal obsesionado en programas sociales insustentables e inoperantes, obras innecesarias, y preservar el poder enfrentando día a día a sus enemigos y rivales (imaginarios, creados, o reales).

A pesar de todo, preservemos nuestro espíritu humanista. Hagamos cada uno de nosotros nuestro mejor esfuerzo, decidamos con información y prudencia, y permitamos que nuestra sociedad sea ese organismo vivo construido desde cada uno de nosotros y que a base de adaptarse a la nueva realidad, no deje de sorprendernos con nuestra capacidad de prevalecer por encima de las crisis y los retos que enfrentamos. Recordemos que ya lo hemos hecho antes, en otras ocasiones, en otros contextos, en otras crisis.


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