Seguimiento ocular: una posible mina de oro para las tecnológicas
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Seguimiento ocular: una posible mina de oro para las tecnológicas

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Seguimiento ocular: una posible mina de oro para las tecnológicas

La mirada lo dice todo y en Silicon Valley lo saben; tal y como sucedió con el reconocimiento facial, la tecnología de rastreo de ojos luce atractiva para diversas empresas por la cantidad de datos que puede generar.

Por Tim Bradshaw
13/06/2019
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Como dijo Al Pacino en Caracortada: “Los ojos, chico, nunca mienten”. No resulta sorprendente entonces que Silicon Valley, sediento de datos, quiera usar sensores para rastrear nuestros ojos. Las cámaras de seguimiento de ojos, que son lo suficientemente pequeñas como para acomodarse dentro de un par de gafas, pueden detectar pequeños cambios en la dilatación de la pupila y en la dirección y el enfoque de la mirada. Si prospera una nueva generación de cascos de realidad virtual y lentes inteligentes, millones de nosotros los usaremos muy pronto.

Aunque esta tecnología todavía se encuentra en una etapa temprana, indudablemente planteará interrogantes sobre la privacidad. La situación es similar a la que tuvimos con el reconocimiento facial hace unos años. El potencial de esa tecnología para invadir la privacidad resultó evidente mucho antes de que se generalizara. Sin embargo, apenas recientemente las compañías tecnológicas han enfrentado una presión real para abordar estas preocupaciones.

Las implicaciones de la tecnología de seguimiento de ojos hacen que las objeciones a la tecnología de reconocimiento facial parezcan prácticamente triviales. No sólo puede saber exactamente qué estamos viendo, sino que también puede, mediante la dilatación de la pupila, evaluar nuestras reacciones emocionales. Más allá de la abundante información que estos datos les darán a los anunciantes, la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) advirtió que el seguimiento de ojos podría utilizarse para detectar el uso de drogas y alcohol, enfermedades mentales y orientación sexual.

Sin embargo, existe una oportunidad para enfrentar esta amenaza a la privacidad ahora, antes de que la tecnología prospere, alega Avi Bar-Zeev, quien ayudó a desarrollar los novedosos cascos HoloLens de Microsoft. Los datos oculares, advirtió Bar-Zeev, son tan sensibles que deberían protegerse tanto como los datos biométricos o las historias clínicas. “El seguimiento de ojos representa un botón involuntario de ‘Me gusta’ para todo”, escribió recientemente. “La fiebre del oro para aprovechar tus ojos apenas está comenzando”.

Por supuesto, existen razones legítimas para integrar el seguimiento de ojos en los cascos. Puede utilizarse como un mecanismo intuitivo de introducción de datos, el cual nos permitiría seleccionar un objeto digital simplemente mirándolo. O imaginemos un simulador de vuelo capaz de identificar si un aprendiz de piloto les está prestando atención a las cosas correctas en la cabina.

Pero lo más importante es que el seguimiento de ojos ayudará a miniaturizar los cascos al hacerlos más eficientes. En particular, poder saber dónde un usuario está mirando dentro de un mundo virtual significa que la potencia de procesamiento puede concentrarse en esa área, mientras que lo que se encuentra dentro de su visión periférica solo debe representarse en una resolución más baja, un proceso conocido como “renderizado foveal”.

El seguimiento de ojos no es algo nuevo, pero el renderizado foveal y otras aplicaciones lo hacen más útil en los cascos de realidad virtual y realidad aumentada. Google y Facebook (propietario de Oculus, el pionero de la realidad virtual), han comprado nuevas empresas “startup” de seguimiento de ojos, aunque aún no han lanzado cascos que empleen esta tecnología.

Pero están comenzando a llegar al mercado los primeros dispositivos que sí la utilizan, entre ellos Magic Leap, HoloLens 2 de Microsoft y Vive Pro Eye de HTC a un costo de unos 1,500 dólares.

Depender de que los consumidores revisen las políticas de privacidad no ha resultado ser una buena forma de proteger nuestros datos personales; parece incluso menos probable que resulte útil si los usuarios de los cascos no saben que hay cámaras vigilándolos desde el interior de sus gafas.

Si los cascos de realidad aumentada y realidad virtual resultan ser realmente la próxima gran plataforma, esto es un problema de privacidad que Silicon Valley debe anticipar.