Financial Times

Lo que está en juego con la elección del Estado de México

En manos del PRI desde 1929, el Estado de México se prepara para unas elecciones para renovar la gubernatura, en medio de elevados índices de violencia y corrupción.

Los residentes del pueblo de San Mateo Atenco acababan de escuchar una lista de promesas promulgadas por el candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) para gobernador del Estado de México. Tales promesas incluían un "salario rosa" (una gratificación mensual no especificada) para las amas de casa, una nueva universidad y una fuerza policial limpia.

"Yo no voy a votar por nadie, son todos unos ladrones", se lamentó Jorge Hernández. "He perdido la fe".

El trabajador de la industria zapatera estaba expresando el disgusto generalizado con respecto a la corrupción y la violencia que ha socavado el apoyo del partido gobernante PRI en esta área y está impulsando el respaldo para Andrés Manuel López Obrador, el líder populista de izquierda que encabeza las encuestas para las elecciones presidenciales del próximo año.

Las elecciones para gobernador, el 4 de junio, tendrán consecuencias que van más allá del estado más poblado de México. El Estado de México ha estado en manos del PRI desde la incepción del partido en 1929. Es la tierra natal de Enrique Peña Nieto, quien no ha podido controlar el crimen y la corrupción, convirtiéndolo en el presidente más impopular de México.

De hecho, la elección ha sido considerada un referéndum sobre su gobierno y un juicio de su partido. En vez de ser una elección segura para el Sr. del Mazo, el candidato de 41 años de edad que es hijo y el nieto de anteriores gobernadores del Estado de México y además es primo del Presidente, se ha convertido en una contienda competida con Delfina Gómez, una exmaestra de clase trabajadora y la candidata del partido de izquierda Morena, el cual sólo lleva 3 años en existencia.

Una victoria para Gómez consolidaría las posibilidades para López Obrador, el líder de Morena, en 2018. El exalcalde de la Ciudad de México, conocido como AMLO, quien asevera que le robaron la victoria en las elecciones presidenciales de 2006 y 2012, es una figura tan divisiva en México como lo es Donald Trump en EU.

Sus críticos lo ven como un demagogo peligroso — quien además es un aficionado de Fidel Castro — que amenazaría la economía de mercado de México. Sus seguidores lo ven como una bocanada de aire fresco en un ámbito político empañado por corrupción en México.

Una encuesta del periódico El Financiero le otorga la ventaja a del Mazo con 34 por ciento contra 29 por ciento para Gómez, de 54 años de edad, quien ha estado cortejando a los votantes con promesas de pensiones más altas y recortes salariales para los funcionarios de alto nivel.

El PRI aún no ha anunciado su candidato presidencial para 2018; Peña Nieto, también un exgobernador del Estado de México, no puede postularse de nuevo.

Pero no cabe duda de que una victoria para del Mazo le daría nuevo ímpetu a un partido que había gobernado a México como realeza durante 71 años hasta el año 2000, cuando su reinado — sinónimo del autoritarismo y de la corrupción — llegó a su fin. El partido volvió en 2012, declarando que se había reinventado, pero una serie de escándalos ha causado estragos.

Los mercados se tranquilizarían con una victoria del PRI, mientras que una victoria de Gómez aumentaría las preocupaciones sobre AMLO, aun cuando algunos en la comunidad comercial han comenzado a aceptarlo.

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