¿Por qué contratar a polifacéticos en vez de especializados?
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¿Por qué contratar a polifacéticos en vez de especializados?

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¿Por qué contratar a polifacéticos en vez de especializados?

Los CEOs con múltiples habilidades fomentan más innovación.

El peligro de la excesiva especialización es que 'te vuelves demasiado estrecho en relación con tu conjunto de habilidades y tribal en relación con tu actitud'.

Por Andrew Hill
12/02/2019
Actualización 13/02/2019 - 17:16
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Los estonios tienen un dicho: “Nueve oficios, el décimo: hambre”. En Corea, creen que “un hombre de 12 talentos no tiene nada para comer durante la cena”. Los griegos advierten que la persona “que sabe muchos oficios vive en una casa vacía”.

Los angloparlantes reconocerán el eco de su proverbio: “Jack of all trades, master of none”, que en español equivale a “aprendiz de mucho, maestro de nada”. Todos esos ‘aprendices’ debieran ser altamente empleables. Conforme aumentan las advertencias de que la adaptabilidad es crítica en los momentos de disrupción, la demanda de nuevos empleados que hayan dominado numerosos oficios seguramente debería aumentar.

Ilustración: Ismael Angeles

Sin embargo, la evidencia de que las personas con múltiples habilidades pueden poner comida en la mesa en Corea, o pueden amueblar sus hogares en Grecia, es mixta. La expectativa, la educación y el sistema de empleo en sí todavía conducen a muchas personas al carril único de la especialización.

Las compañías superficialmente apoyan la idea de contratar a personas con talentos múltiples, según Waqās Ahmed, el autor del libro “The Polymath” (El polímata), del cual se tomaron los proverbios anteriores. Pero cuando se necesita llenar un puesto de especialista, “¿quién se toma en serio el CV de un todoterreno?”

Cuando el término “líder en forma de T” se introdujo por vez primera en 2001 en un artículo de la revista “Harvard Business Review”, estaba describiendo a ejecutivos con un fuerte enfoque en su campo de negocios y con la habilidad de comunicar su experiencia y sus ideas a través de toda la organización.

Morten Hansen, un profesor de Berkeley y coautor de ese artículo, explicó que, al cultivar habilidades e intereses más amplios, estarás más al tanto de las conexiones entre diferentes disciplinas y amenazas en la periferia de tu negocio.

En la actualidad, las compañías parecen querer estirar el trazo vertical de la T, creando una tensión casi imposible entre la amplitud y la profundidad.

Hansen ha comentado que sus estudiantes a menudo estudian una variedad de materias -diseño industrial, economía de la información, contabilidad, antropología- y, digamos, ciencias informáticas. Pero ellos son “muy reacios a entrar al mercado laboral sin una especialidad”.

Sin embargo, el peligro de la excesiva especialización es que “te vuelves demasiado estrecho en relación con tu conjunto de habilidades y tribal en relación con tu actitud”. Conforme los empleados se adentran en un área específica, pierden perspectiva y se dan cuenta de que califican sólo para roles cada vez más estrechamente descritos.

Esta preocupación no es nueva. John Ruskin, el polímata victoriano cuyo bicentenario se celebra este año, abogó por un currículo escolar que abarcara ciencia, arte y artesanías. Él se mostró en desacuerdo con la obsesión por la árida destreza matemática, basándose, según escribió, en “la idea de que cada niño debe convertirse primero en un empleado bancario y luego en un banquero”.

Los polímatas son más en forma de M que en forma de T. Ellos deben demostrar dominio en al menos tres campos diferentes. Eso los convierte en rarezas. Por ejemplo, solamente dos ganadores del Premio Nobel han ganado un segundo premio en un campo diferente: Marie Curie en física y en química, y Linus Pauling en química y el de la paz.

Algunas personas se convierten en generalistas maestros por necesidad. La escritora Maya Angelou se recuperó de su dura infancia, convirtiéndose en activista de derechos civiles, corresponsal en el extranjero, lingüista, historiadora, bailarina, cantante, actriz y directora de cine. Otros eligen una carrera polifacética. Nathan Myhrvold renunció al codiciado trabajo de director de tecnología de Microsoft y se dedicó a cultivar sus intereses en materia de cocina, de invenciones, de vulcanología y de fotografía de vida silvestre. La presión para especializarse conduce a las personas en la dirección opuesta: hacia el abandono de los pasatiempos; hacia la disminución de las habilidades; hacia el estancamiento del talento; y hacia la ignorancia de oportunidades más amplias.