La suerte del mundo en 2019 dependerá de la 'amistad' entre EU y China
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La suerte del mundo en 2019 dependerá de la 'amistad' entre EU y China

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La suerte del mundo en 2019 dependerá de la 'amistad' entre EU y China

Tanto depende el mundo de las relaciones entre EU y China que este año podría determinar si cae sobre él una nueva 'cortina de hierro económica'.

Financial Times
03/01/2019
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Los sorprendentes cambios que China experimentó durante el año pasado -tanto en sus relaciones exteriores como en la trayectoria de su economía- apenas podrían haberse pronosticado a principios de 2018. En gran medida la suerte del mundo en 2019 dependerá de si se puede restaurar cierta estabilidad en las relaciones entre Estados Unidos (EU) y China y en la desacelerada economía de Beijing.

Tanto depende de las relaciones entre EU y China que este año podría determinar si cae sobre el mundo una nueva “cortina de hierro económica”, como la llamó el ex secretario del Tesoro de EU, Hank Paulson. Si se comienza a formar una división tan fundamental, la desconexión que define la relación entre EU y China podría extenderse a los aliados de EU.

Las motivaciones de Washington se han vuelto gradualmente más claras. En un discurso reciente, Mike Pence, el vicepresidente estadounidense, dejó claro que las tensiones comerciales se han ampliado. EU tiene la intención de enfrentar a China por su supuesta interferencia en la política, sus políticas de comercio e inversión, el robo de propiedad intelectual, los ciberataques, la diplomacia de la deuda y la cultura de censura. El año 2018 podría llegar a definir un alejamiento de las casi cuatro décadas de colaboración y un acercamiento a una política de confrontación.

También se puede considerar como precursor de una elección incómoda. Países como el Reino Unido, Alemania, Singapur y muchos otros que han intentado equilibrar los lazos constructivos tanto con EU como con China, están bajo una presión cada vez mayor para elegir a qué superpotencia deben apoyar. La manera en que Washington ha presionado a sus aliados para limitarle el acceso al mercado a Huawei, la compañía de telecomunicaciones china, es un potencial presagio de una nueva era más fría.

Un riesgo adicional es que los parámetros de una “guerra fría” emergente podrían darles paso a conflictos “calientes”, y arrastrar los puntos álgidos como Corea del Norte y el Mar de la China Meridional a una conflagración. Las economías estadounidense y china son tan interdependientes que incluso un conflicto militar limitado podría tener un impacto global catastrófico.

Desde la perspectiva de China, las tensiones que han dominado el entorno externo se están agravando ahora por la desaceleración del crecimiento interno. Esto no es en su totalidad una consecuencia de la guerra comercial: las exportaciones chinas a EU se encuentran a niveles históricos.

Los indicadores económicos clave en noviembre mostraron la expansión mensual más lenta de la producción industrial desde el año 2008, mientras que las ventas minoristas crecieron a sus tasas más bajas desde 2003. El impulso decreciente se deriva en parte de la menguada fortuna del sector privado de China, que ha sido el principal generador de su transformación desde que comenzó la era de “reforma y apertura” de Deng Xiaoping. El meollo del problema del sector privado es político. El presidente Xi Jinping ha promovido un modelo capitalista del Estado que está debilitando las ganancias de productividad.

Ahí radica el potencial para un futuro más brillante para la economía china y sus relaciones con EU. Xi debería volver a enfatizar un verdadero estado de derecho, subrayar la primacía de las fuerzas del mercado sobre el mandato administrativo y demostrar que a las empresas privadas se les aprecia tanto como a las estatales.

Si Beijing hace esto, podría generarse un compromiso más constructivo con EU. Washington, por su parte, debe reconocer como una prioridad que China es un socio económico esencial. Debe reducir la retórica, definir sus intereses principales y sus límites, y liberar cierto comercio para normalizar las relaciones.

Sobre todo, Washington debería darse cuenta de que, si quiere alentar a sus aliados a oponerse a China, éstos deben verlo como un aliado confiable y predecible. Y para que lo vean así, necesita actuar como tal.