La historia del Brexit en un diálogo de Ernest Hemingway… rumbo al colapso
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La historia del Brexit en un diálogo de Ernest Hemingway… rumbo al colapso

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La historia del Brexit en un diálogo de Ernest Hemingway… rumbo al colapso

El gradual recorrido hacia la retirada se ha convertido en una repentina arremetida en busca de claridad y de conclusión.

Por Philip Stephens
23/11/2018
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Financial Times Fuente: Ismael Angeles

“¿Cómo quebraste?”, pregunta un personaje de la novela de Ernest Hemingway, “Fiesta”. De dos maneras, detalla la respuesta: “Gradualmente y después de repente”. Poco a poco y de repente es la historia del Brexit. La votación de 2016 para abandonar la Unión Europea (UE) ha consumido la energía, propósito e influencia internacional del Reino Unido. Sucedió gradualmente. Muchas personas todavía no se han dado cuenta. Ahora, de repente, el final está a la vista. Bien puede resultar ser algo peor que la bancarrota.

A lo largo de Whitehall, comités de funcionarios públicos del gobierno administrativo del Reino Unido están apresuradamente preparando planes de contingencia contra una emergencia nacional. El Servicio Nacional de Salud advierte que pudiera quedarse sin medicinas. Las aeronaves pudieran permanecer en tierra, las salas de operaciones bancarias cerradas. El puerto de Dover, el punto de entrada vital para las importaciones de alimentos, pudiera paralizarse. Los supermercados han comentado que sus estantes se vaciarían en unos cuantos días. Éstos representan sólo una muestra de los costos si el Reino Unido se saliera atropelladamente de la UE sin un acuerdo.

Al otro lado de la calle en Westminster, la política parece indiferente. Los parlamentarios conservadores de línea dura han estado recolectando firmas para forzar un voto de confianza en su propia primera ministra. El acuerdo de salida de la UE negociado por Theresa May, como lo han declarado estos proponentes del Brexit kamikaze, aprisionaría al Reino Unido como “un estado vasallo”. Es mejor, ellos han concluido, intentar poner uno de los suyos como primer ministro, decirle adiós a Bruselas y salirse de la unión cuando se detenga el reloj del Artículo 50 a fines de marzo de 2019. El Reino Unido, han indicado, ha sido independiente anteriormente.

Aunque desde un punto de vista diferente, el líder laborista Jeremy Corbyn comparte el odio por el proyecto europeo. Corbyn — más interesado en involucrarse en la lucha internacional contra el imperialismo occidental liderado por EU que en lo que está sucediendo en el Reino Unido — sostiene que la UE es una conspiración capitalista contra los trabajadores. Los partidarios del Brexit están atrapados en su nostalgia y añoranza por el imperio; Corbyn está atrapado en su socialismo revolucionario de la década de 1970.

Si todo esto no fuera tan extremadamente grave, sería ridículamente absurdo. En realidad, el mayor peligro es que lo absurdo oculte la gravedad. El Reino Unido está desmantelando una relación económica y política con su propio continente que se ha estado desarrollando durante más de 40 años. La membresía en la UE está entretejida en el entramado de la nación, y ha sido un pilar vital de la política exterior.

El referéndum del Brexit dividió a las naciones del Reino Unido y a las comunidades dentro de ellas. Ha dado vida a un feo nacionalismo inglés y les ha dado un nuevo motivo de queja a los separatistas escoceses. Los jóvenes abrumadoramente votaron para quedarse dentro de la UE. Sucedió lo mismo con Escocia, con Irlanda del Norte, con Londres, con las otras grandes ciudades inglesas y con los profesionales adinerados. Los ancianos y los menos acaudalados de las pequeñas ciudades y de las ciudades provinciales (la mayoría en Inglaterra y en Gales) estuvieron a favor de salirse. El resentimiento no ha disminuido. La democracia parlamentaria ha sido distorsionada. La mayoría de los parlamentarios respaldaron permanecer dentro de la UE. Ahora se les pide que respalden un acuerdo que, en su opinión, es perjudicial para el interés nacional.

La respuesta de May es el paquete del Brexit que espera finalizar durante la cumbre del próximo fin de semana con los UE27 (los países que configuran la UE, menos el Reino Unido). Lo cierto es que el acuerdo es desfavorable. No, como lo implicarían los fundamentalistas del Brexit, porque vincula demasiado al Reino Unido con la UE. Tampoco por la backstop, o barrera, para garantizar una frontera abierta entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda. Más bien, el acuerdo sacrifica las enormes ventajas de la pertenencia a la UE en un vano intento de “recuperar el control”. Si de algo sirve, el “control” representa una capacidad para promover el interés nacional. Y el Brexit lo debilitará.

El acuerdo resuelve, sólo temporalmente, los planes económicos. En uno o dos años, se avistará el borde de otro acantilado. Y, sin embargo, mientras ella busca el apoyo de la Cámara de los Comunes, May cuenta con un poderoso aliado: la amenaza del “de repente”, es decir, la amenaza de un inminente caos en los puertos y aeropuertos, de la escasez en las tiendas y de una recesión económica. Puede que no te guste -y que en realidad lo odies -ha dicho la primera ministra, pero la única alternativa es un Brexit desordenado. Las grandes empresas ya se han unido a la Sra. May.

Esta opción, por supuesto, es falsa. El Parlamento pudiera votar para solicitar una extensión de las conversaciones del Artículo 50 e insistir en que el gobierno explore otras alternativas. Mi opinión de la política, sin embargo, es que de hecho nos estamos acercando a un momento de aclaración. Si los parlamentarios rechazan el acuerdo de May, también pondrán fin a la búsqueda de un Brexit intermedio para salir del paso.

En 2016, el Reino Unido votó para abandonar la UE, pero no especificó a dónde quería ir. Ahora sabe lo que le espera. Un segundo referéndum presentaría una opción entre los dos destinos. Sí, sería divisivo y encarnizado. En un ataque de autodesprecio, los votantes incluso pudieran decidir lanzarse al precipicio.