La ‘batalla’ que enfrenta AMLO sin apoyo público
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La ‘batalla’ que enfrenta AMLO sin apoyo público

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La ‘batalla’ que enfrenta AMLO sin apoyo público

Si bien el Gobierno de López Obrador ha sorprendido gratamente a los mercados desde que asumió el cargo, ha puesto a prueba a la aprobación de los ciudadanos con el combate al huachicoleo.

Financial Times | Jude Webber
11/01/2019
Actualización 13/01/2019 - 23:00
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Ilustración: Ismael Angeles.

Con largas colas en las gasolineras, y con alarmados clientes haciendo cola con sus latones de gasolina, el nuevo presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ha enojado al público conforme él libra la primera batalla de su guerra contra el crimen y la corrupción en la bomba de gasolina.

El creciente nivel de robo de combustible de la petrolera estatal Pemex, a la cual, López Obrador indicó, le costó 3 mil millones el año pasado — más del doble de la ganancia neta del tercer trimestre — impulsó al gobierno a cerrar algunos oleoductos a fines de diciembre y a distribuir el combustible por camión en vez.

Eso ha provocado significativos retrasos en la llegada de combustible a las gasolineras esta semana, con colas de automovilistas de hasta 1 kilómetro esperando para llenar los tanques de sus automóviles y con cientos de estaciones de servicio cerradas a lo largo del país.

López Obrador ha instado al público a ser paciente y a apoyar sus esfuerzos para enfrentárseles a los ladrones de combustible mientras busca apresurar la creación de una controversial nueva fuerza policial bajo control militar para combatir el crimen. El Congreso pudiera aprobar esa medida la próxima semana.

Aunque él ha sido aclamado por sus esfuerzos para combatir el robo de combustible, llamado huachicoleo, después del fracaso de su antecesor Enrique Peña Nieto, los analistas han comentado que su estrategia parecía improvisada y que pudiera resultar ser insostenible.

De la misma manera que su apuro por establecer la nueva fuerza policial bajo una Guardia Nacional e implementar algunos de sus proyectos de infraestructura predilectos — incluyendo una refinería y una línea de tren en el sur de México, y una alternativa al desechado proyecto del aeropuerto de la Ciudad de México, incluso antes de que se hayan llevado a cabo los estudios técnicos —, la severa postura ante el problema del combustible ilustra el enfoque de “yo sé lo que es mejor” en materia de legislación del obstinado presidente. “Vamos a resistir todas las presiones”, les prometió a los reporteros esta semana el nacionalista de izquierda de 65 años, quien se describe a sí mismo como “obstinado”.

“Continuaremos con todos los esfuerzos necesarios. No daremos ni un paso atrás”, apuntó el jueves el presidente, diciendo que aumentaría la seguridad en las principales rutas del oleoducto. “Estas personas corruptas no nos ganarán”. Un día después de pedirles a los propietarios privados de camiones petroleros que ayudaran a distribuir el combustible, López Obrador también les pidió a los mexicanos que se unieran a unos 4 mil soldados que estaban siendo movilizados para proteger mil 600 km de oleoductos.

Pero Gonzalo Monroy, un consultor de la industria de la energía, comentó que cerrar los oleoductos era, en el mejor de los casos, una solución a corto plazo. “Los soldados no pueden permanecer vigilando los camiones e instalaciones petroleros. Es muy costoso usar camiones petroleros. Regresaremos a los oleoductos. Y, cuando lo hagamos, ellos simplemente van a perforar y a robar de nuevo. Es un juego perpetuo del gato y el ratón”, tuiteó Monroy.

“Está creando caos”, señaló un conductor de Uber llamado Leonardo González, quien había estado esperando durante una hora en una cola para llenar su tanque en la Ciudad de México, el principal bastión del partido Morena de López Obrador. “Es horrible. Deberían haber hecho las cosas de otra manera”.

Si bien el Gobierno de López Obrador ha sorprendido gratamente a los mercados durante las cinco semanas transcurridas desde que asumió el cargo, la escasez de combustible ha puesto a prueba el apoyo público.