Economía

¿Por qué los sistemas nacionales de pensiones son una 'bomba de tiempo'?

El porcentaje de la población jubilada aumentará exponencialmente hacia mediados de siglo, mientras que el porcentaje de quienes están en edad de trabajar podría no subir al mismo ritmo.

A medida que los humanos viven más, las pensiones deben financiar jubilaciones que durarán muchos años más o incluso décadas. Al mismo tiempo, los fondos de pensiones enfrentan el desafío de obtener rendimientos decentes en una era de tasas de interés cercanas a cero. Incluso antes de que el nuevo coronavirus comenzara pasar factura, aumentaba la preocupación de que los planes nacionales de pensiones en todo el mundo tendrían dificultades para cumplir con sus obligaciones. A esto hay que agregar que los intentos de los gobiernos de reformar sus sistemas se han encontrado con una fuerte resistencia popular.

Pero, ¿por qué hablamos de una 'bomba de tiempo'? Porque el tiempo corre y las matemáticas no cuadran. Para 2035, el sistema básico de EU, conocido como Seguro Social, ya no podrá cubrir los pagos, lo que obligará a una reducción de 20 por ciento en sus beneficios, según sus fideicomisarios.

A escala mundial, el déficit de pensiones será el equivalente a aproximadamente el 23 por ciento de la producción mundial para 2050, estimó la consultora Grupo de los 30. La tensión financiera está desafiando los sistemas de apoyo a la vejez y dejando a muchos países con decisiones difíciles sobre el aumento de la edad de jubilación o la reducción de beneficios. Y esos cambios nunca son recibidos de buena manera.

Las propuestas de reforma en Francia sobre un aumento a la edad de jubilación en algunas profesiones desataron las huelgas nacionales y alimentaron las violentas protestas antigubernamentales de los llamados 'chalecos amarillos'.

En Brasil, los planes para aumentar la edad de pensión provocaron una huelga general, mientras que Chile abandonó la promesa de expandir el sistema privado de pensiones luego de protestas masivas. Y los rusos salieron a las calles después de que el presidente Vladimir Putin intentara hacer lo mismo. Ha habido menos alboroto por movimientos similares en países como Alemania y Reino Unido.

No obstante, las pensiones serán un problema por un simple factor: la demografía. El número de personas mayores de 64 años en el mundo se duplicará a mil 500 millones en 2050, según las previsiones de Naciones Unidas, mientras que las tasas de fecundidad están disminuyendo a largo plazo.

Una medida clave al respecto es el índice de dependencia de la vejez: el número de personas mayores dividido por la población en edad de trabajar. En Europa y América del Norte, esa proporción será de aproximadamente 50 por ciento para 2050, según las previsiones de la ONU, un aumento de 30 por ciento con respecto a 2019. La proporción de Japón ya es de alrededor de 50 por ciento y está en camino de superar el 75 por ciento. En resumen, estamos en una trayectoria hacia una proporción más pequeña de personas que pagan impuestos y una proporción más alta de beneficios de pensiones.

¿Y qué están haciendo los gobiernos? Con la población más vieja del mundo, Japón sigue una estrategia que otros pueden implementar: aumentó un impuesto a las ventas, medida profundamente impopular, para aumentar los ingresos y ha presionado al administrador de su gigante fondo estatal de pensiones para que adopte un enfoque más arriesgado al comprar más acciones y activos en el extranjero.

Según un análisis del Foro Económico Mundial, un desafío más grande que la lucha por retornos de inversión adecuados es convencer a las personas de que aparten algo de dinero para más adelante en la vida. Casi la mitad de los hogares estadounidenses de personas mayores de 55 años no tienen nada ahorrado para la jubilación.

¿Por qué es más difícil obtener retornos?

Hay mucho más dinero persiguiendo estos beneficios. PricewaterhouseCoopers predice que los activos bajo administración aumentarán a 145 mil 400 millones de dólares en 2025 de 64 mil millones de dólares en 2012.

Los administradores de pensiones han favorecido tradicionalmente las inversiones de menor riesgo, como los bonos del Gobierno, ya que el objetivo es proporcionar ingresos estables y predecibles, pero los rendimientos de dichos bonos han caído a alrededor de cero o incluso menos en las principales economías, como resultado de que los bancos centrales redujeron las tasas de interés y compraron billones de dólares en bonos para estimular el crecimiento económico después de la crisis financiera mundial de 2008. Inmediatamente después del brote del nuevo coronavirus, los bancos centrales nuevamente se apresuraron a reducir los tipos y comprar bonos.

Por ello, los administradores están haciendo apuestas más arriesgadas. La junta de pensiones de la Iglesia de Inglaterra, por ejemplo, comenzó a otorgar préstamos a pequeñas y medianas empresas, mientras que el plan de pensiones de los trabajadores ferroviarios de Reino Unido invirtió en deuda en dificultades, un área que alguna vez fue 'el reino' de los fondos de cobertura. APG Asset Management, que invierte el mayor fondo de pensiones de los Países Bajos, está invirtiendo en autopistas en EU y en un aeropuerto belga. Esos movimientos se realizaron antes de que el COVID-19 detuviera gran parte de la economía mundial.

¿Cómo el COVID-19 cambió el panorama?

Los gobiernos están aumentando la deuda y, con ello, potencialmente reduciendo su capacidad de pagar pensiones en el futuro. Australia, con uno de los sistemas de pensiones más robustos del mundo, está permitiendo a los trabajadores retirar dinero de sus pensiones antes de tiempo.

Por otra parte, las empresas han solicitado retrasar el pago de las pensiones, mientras que la caída de los rendimientos de los bonos significa que las pensiones que pagan cantidades fijas deben compensar el déficit, lo que posiblemente los obligue a vender activos. El colapso del mercado a principios de 2020 también demostró los peligros de poner más responsabilidad en las personas para administrar sus propias pensiones e inversiones.

Además de la necesidad de ahorrar más dinero, las personas permanecerán en la fuerza laboral por más tiempo, privando de empleos a trabajadores más jóvenes. La proporción de estadounidenses de 65 años o más que trabajan o buscan empleo superó el 20 por ciento en 2019 por primera vez en 57 años.

Según la consultoría Grupo de los 30, los pasos necesarios para los gobiernos incluyen aumentar las edades de jubilación en línea con la esperanza de vida, aumentar la educación financiera y ofrecer pensiones privadas de menor costo. Otra recomendación sería reducir las expectativas de las personas de que una pensión se acerque a sus ingresos de la vida laboral.

La cuestión es que las pensiones han estado presentes desde hace mucho tiempo. Se remontan a la década de 1870 en Estados Unidos y a 1889 en Alemania, donde el canciller Otto von Bismarck introdujo el primer esquema de Europa.

Las personas de 70 años o más calificaron cuando se pagó la primera pensión estatal del Reino Unido en 1909. Solo una cuarta parte de la población alcanzó esa edad en aquel año. En Japón, la ley de seguro de pensiones de los trabajadores no entró en vigencia hasta 1942, en el apogeo de la Segunda Guerra Mundial, mientras que un sistema de pensiones universal solo apareció hasta 1961. Incluso como un fenómeno relativamente reciente, muchas personas han llegado a esperar los mismos beneficios que las generaciones anteriores.

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