Economía

Latinoamérica se perfila a una 'década perdida' en materia económica... y esto incluye a México

Los países con los mayores rezagos económicos también enfrentan vicisitudes en materia política y retos debido al panorama externo, explicó el FMI.

América Latina está a punto de cerrar otra década perdida.

La región, que aún tiene problemas para sobrellevar el fin del auge de los commodities, se ha expandido en promedio solo un 0.7 por ciento anual durante los últimos años. Eso no es suficiente para mantenerse al día con el crecimiento de la población, con lo cual las personas son más pobres hoy que en 2012, según el Fondo Monetario Internacional.

Sus mayores economías, Brasil, México y Argentina, se han contraído -trimestralmente- de manera simultánea por segunda vez en poco más de tres años, lo que representa otro dolor de cabeza para las autoridades políticas.

¿Qué hay detrás de esto? Entre las inquietudes más inmediatas figuran la tensión comercial en el exterior y la creciente incertidumbre política interna.

No obstante, son las debilidades estructurales que no se reforzaron cuando los precios energéticos, agrícolas y de los metales se dispararon en la última década, ya sea una petrolera estatal ineficiente en México o un gasto insostenible en seguridad social en Brasil, lo que podría terminar perjudicando a la región en los próximos años.

"América Latina desperdició muchas oportunidades", comentó Adriana Dupita, economista con foco en Latinoamérica de Bloomberg. "Ahora tendrán que trabajar mucho más y en condiciones adversas".

El fiasco económico presiona a los bancos centrales para que actúen, pero sus facultades tienen un límite. Muchos esperan que Brasil flexibilice su política monetaria, pero solo una vez que el gobierno logre modificar el sistema de pensiones.

En México, la inflación superior al rango meta propuesto por el Banco de México (Banxico) impide que la autoridad monetaria reduzca los costos de endeudamiento, que actualmente se ubican en su nivel máximo en una década.

Nadie dice que el panorama actual sea tan grave como la calamidad económica de la década de 1980, cuando más de una docena de países incumplieron el pago de sus deudas. Sin embargo, hay señales preocupantes en todas partes.

La economía de Brasil se contrajo entre enero y marzo, según un índice clave de actividad del Banco Central publicado el 15 de mayo, y si la tendencia se confirma con la divulgación de datos sobre el Producto Interno Bruto el jueves, será la primera contracción trimestral del país desde 2016.

Para todo 2019 se pronostica que la economía más grande de América Latina se expandirá poco más del 1 por ciento, su tercer año de crecimiento moderado. Es más, el ingreso promedio de los brasileños cayó 8 por ciento, durante la última recesión y desde entonces se ha estancado, según un informe del 17 de mayo realizado por Affonso Celso Pastore, expresidente del Banco Central.

"Solo podemos describir esta situación como propia de una depresión", señaló.

Las cosas no son mucho mejores en México. El crecimiento se redujo en los primeros tres meses del año puesto que la producción de petróleo y la demanda de servicios disminuyeron y el gobierno contuvo el gasto.

Bank of America, una de las firmas con más pesimismo sobre México, proyecta ahora solo un uno por ciento de crecimiento este año. La falta de aprobación del tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá, la erosión de la confianza en el gobierno y mayores descensos de la producción de crudo son algunos de los riesgos.

La situación es aún peor en Argentina. La economía se contrajo 6.8 por ciento en marzo, la undécima caída mensual anual consecutiva. El país ha entrado y salido de recesiones desde 2012, pero la actual ha demostrado ser la más prolongada.

Los argentinos aún no han visto los frutos de las políticas del presidente Mauricio Macri, lo que llevó al mandatario a implementar algunos controles de precios frente a una inflación que supera el 50 por ciento.

Países más pequeños de América Latina tampoco han sido inmunes. Chile, ejemplo regional de buena gestión económica, registró un estancamiento. Perú anotó su trimestre de crecimiento más bajo desde 2017.

Ambas economías, que dependen en gran medida de sus industrias mineras, se vieron afectadas por la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Y por supuesto está Venezuela, cuyo colapso económico es uno de los peores jamás vistos sin contar tiempos de guerra.

Como las tres economías más grandes representan aproximadamente dos tercios de la producción regional, no es de extrañar que el crecimiento en América Latina se haya quedado atrás frente al promedio del mundo en desarrollo durante dos décadas.

"El crecimiento ha sido lento durante varios años en la región y las perspectivas para esta y para los precios de las materias primas claramente no son fantásticas", planteó Shelly Shetty, directora sénior para América Latina de Fitch Ratings.

Incertidumbre política

En Brasil y México, la disminución de las proyecciones de crecimiento, el alto desempleo y la insatisfacción con el statu quo han llevado al ascenso de gobiernos anti-establishment, aunque en extremos opuestos del espectro político.

Frustraciones similares también han llevado a los argentinos a sentir nostalgia por la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, que busca obtener la vicepresidencia en las próximas elecciones del país.

Sin embargo, las expectativas de un rápido resurgimiento propiciado por los nuevos gobiernos de Brasil y México se han desvanecido rápidamente, lo que deja más dudas sobre sus perspectivas. Economistas han reducido sus pronósticos de crecimiento en ambos casos.

"El hecho de que el dividendo demográfico en la región también va a disminuir no hace más que recalcar la necesidad de que las autoridades políticas y los gobiernos se centren en las reformas para impulsar la competitividad", indicó Shetty de Fitch.

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