¿Ir a un concierto sale cada vez más caro? Sí, pero los fanáticos 'de hueso colorado' siguen pagándolo
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¿Ir a un concierto sale cada vez más caro? Sí, pero los fanáticos 'de hueso colorado' siguen pagándolo

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¿Ir a un concierto sale cada vez más caro? Sí, pero los fanáticos 'de hueso colorado' siguen pagándolo

Ticketmaster y AXS de AEG han detectado que estas personas están dispuestos no solo a pagar más por las entradas, sino por acceder a experiencias exclusivas con algunos artistas.

Bloomberg / Lucas Shaw
10/09/2019
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No es su imaginación, los precios de las entradas a conciertos están por las nubes. Y no solo para los súper ricos que pagan miles de dólares para ver las mejores presentaciones desde la primera fila. Los fanáticos de todo tipo pagan más por ver a sus músicos favoritos.

El precio promedio de un boleto para los 100 tours más populares en Norteamérica casi se ha cuadruplicado en las últimas dos décadas, pasando de 25.81 dólares en 1996 a 91.86 dólares durante el primer semestre de este año, según el investigador Pollstar. Junto con los deportes profesionales y los espectáculos de Broadway, los precios de los conciertos han superado la inflación.

Parte del aumento fue por necesidad. A medida que la piratería erosionó las ventas de música, los artistas comenzaron a apoyarse mucho en los conciertos. Estrellas como Beyoncé y Taylor Swift pueden ganar más en un par de noches en el escenario de lo que en un año de ventas de álbumes. Pero algo más también sucedía.

Los vendedores de entradas como Ticketmaster y AXS de AEG comenzaron a adoptar tecnología que mostraba que los fanáticos pagarían casi cualquier precio por sus actos favoritos, especialmente las estrellas que solo aparecen cada pocos años.

“Todos infravaloramos las entradas durante muchos, muchos años”, apuntó Joe Killian, quien dirige una empresa de consultoría de medios y fundó una serie de conciertos en Central Park en Nueva York.

Basta con preguntarle a Bex Paul, quien vio a Pink en vivo 11 veces este año, viajó por Europa e hizo varias paradas en la gira de la estrella del pop. El nativo de Londres tuvo que comenzar a ahorrar para esto hace cinco años.

Paul, de 32 años, se enamoró de Pink cuando era adolescente y vio por primera vez a la cantante, cuyo verdadero nombre es Alecia Beth Moore, en 2002. Cuando el tour 'Truth About Love' terminó en 2014, Paul y su amiga abrieron una cuenta bancaria y comenzaron a ahorrar: 100 libras (122 dólares) por aquí, 200 libras por allá.

“No teníamos idea de cuáles serían los precios de las entradas”, recordó.

¿La respuesta? Mucho más altos. Para los fanáticos de Pink en el Reino Unido, los precios han subido más de 10 veces desde 2002.

El aumento en los precios ha sido bueno para el negocio de los conciertos. La industria de la música en vivo superó los 8 mil millones de dólares en ingresos en 2017, y está en camino hacia otro récord en 2019. Live Nation Entertainment, propietaria de Ticketmaster, promociona su capacidad de cobrar precios más altos. La gira de Pink fue la segunda más vendida en el mundo en el primer semestre de 2019, y la número 1 en Norteamérica, el principal mercado.

No son solo boletos, tampoco. Los fanáticos de la música también pagan precios vertiginosos por alimentos, bebidas y productos. El fanático promedio gastaba 20 dólares en eventos en 2016 organizados por Live Nation, el mayor promotor del mundo. Este año, se espera que esa cifra alcance los 29 dólares, un aumento de casi 50 por ciento.

Si la creciente dependencia de los artistas en la música en vivo ha llevado a cualquier sentimiento de culpa por parecer codicioso, el auge de sitios de reventa de entradas como StubHub se encargó del tema. Durante años, los artistas veían cómo los revendedores acumulaban boletos y los revendían por mucho más en tales intercambios. Los agentes tomaron esto como prueba de que los boletos tenían un precio bajo, y sus artistas estaban mal remunerados.

Ticketmaster y otros han desarrollado la capacidad de cambiar los precios en cualquier momento, lo que permite a los artistas cobrar más por adelantado y quedarse con más de los dólares que se destinaban a los revendedores. También pueden reducir los precios al estar más cerca del horario del espectáculo si no se venden boletos, o crear ventanas especiales para los verdaderos fanáticos.

Aun así, los promotores corren el riesgo de alienar a los mejores clientes de los artistas. Eso es especialmente cierto a medida que más artistas organizan experiencias VIP, como firmas coleccionables, encuentros y saludos, para clientes adinerados. Jay-Z y Beyoncé, por ejemplo, cobraban casi 2 mil dólares por ciertas experiencias.

“Entendieron que siempre habría gente dispuesta y con ganas de pagar más”, destacó Killian.

Esa es una fuente de frustración para los fanáticos como Paul, quien se presenta horas antes de un espectáculo para garantizar un lugar en primera fila, y a veces le ganan los VIP que pagan mucho. Los propios conciertos a menudo se ven afectados, aseguró.

“Pink se presenta mil veces mejor y de corazón cuando tiene a sus súper fanáticos en primera fila, cantando cada palabra y bailando”, señaló Paul.

Para la gira 'Beautiful Trauma' de Pink este año, Paul y su amiga gastaron un promedio de 170 dólares cada uno por espectáculo, y un total de más de 7 mil 300 dólares en viajes, boletos y comida. Agotaron el dinero que ahorraron.

“Los súper fanáticos no son los súper ricos”, dijo.