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¿El capitalismo podrá revertir el desastre climático que generó?

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¿El capitalismo podrá revertir el desastre climático que generó?

bulletSi crees que 2020 ha sido un mal año para el bienestar de la humanidad, las próximas décadas podrían ser peores a menos que se logre romper el vínculo entre crecimiento y contaminación por carbono.

Bloomberg Opinion / David Fickling
15/10/2020
Actualización 15/10/2020 - 19:27
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Bloomberg

¿Puede el mundo reducir su huella de carbono sin empobrecer a su población?

Actualmente, estamos ante un brutal experimento del mundo real en ese frente. La pandemia de coronavirus ha causado la mayor caída de emisiones de la historia. También ha cobrado más de un millón de vidas y generado la peor recesión económica desde la Gran Depresión.

No obstante, esto es apenas una muestra de lo que se avecina. Para permanecer dentro de los presupuestos de carbono necesarios para una probabilidad 50-50 de mantener el calentamiento global por debajo de 1.5 °C, el mundo necesitaría repetir la disminución anual de 7 por ciento de las emisiones observada en 2020 cada año hasta 2050. ¿Creen que ha sido un mal año para el bienestar de las personas? Las próximas décadas podrían ser aún peores a menos que logremos romper rápidamente el vínculo que existe hace siglos entre el crecimiento económico y la contaminación por carbono.

Un argumento que ha ganado terreno en los últimos años es que el problema es el crecimiento en sí. El tema tiene que ver con el “capitalismo vs. cambio climático”, citando aquí el subtítulo de un libro de 2014 de la periodista canadiense Naomi Klein. “De lo único que hablan es de dinero y cuentos de hadas sobre crecimiento económico eterno”, dijo la activista sueca Greta Thunberg en una cumbre de la ONU en 2019, agregando “¿Cómo se atreven?”.

En lugar de subyugar el clima a las necesidades de expansión del producto interno bruto, ¿quizás debemos recortar nuestra capa económica según la tela atmosférica que nos envuelve?

El más reciente Panorama Mundial de la Energía de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) presenta una razón por la que es poco probable que funcione.

El panorama, publicado el martes, se estructura en torno a escenarios que reflejan diferentes configuraciones de políticas y cómo afectarán el consumo de energía y las emisiones en las próximas décadas. Este año, dos son nuevos: uno que ilustra el camino hacia emisiones netas cero para 2050 y otro que muestra cómo una recuperación tardía de la pandemia podría alterar el panorama.

Tal recesión reduciría en efecto las emisiones en el corto plazo. Hasta 2023, el escenario de recuperación tardía suelta menos carbono en la atmósfera que el escenario de desarrollo sostenible, que pretende modelar el camino para mantener el calentamiento global muy por debajo de los 2 °C.

Después de eso, sin embargo, todo se desmorona. Por la debilidad económica actual, Gobiernos y empresas pierden la capacidad de llevar a cabo el gasto necesario para rehacer el sistema energético mundial. La inversión en combustibles fósiles cae 10 por ciento en relación con las expectativas de las políticas actuales, pero el gasto en energías renovables y nucleares también cae 5 por ciento, por lo que se gastarían 2.2 billones de dólares menos para 2030.

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En lugar de invertir para reemplazar nuestras plantas de energía y electrodomésticos con alternativas más bajas en carbono, dosificamos un poco más su duración como contaminante. Para 2030, las emisiones anuales son aproximadamente 29 por ciento más altas de lo que serían bajo el desarrollo sostenible.

Este modelo de escritorio sobre cómo podría desarrollarse el mundo refleja una profunda verdad. La atmósfera puede albergar cerca de 500 mil millones de toneladas métricas más de dióxido de carbono para lograr una oportunidad de mantener el calentamiento por debajo de 1.5 °C, pero la base industrial del mundo actualmente bombea aproximadamente 33 mil millones de toneladas al año, y continuará así a menos que podamos reemplazarla.

La modernización de los sistemas energéticos del mundo requerirá grandes sumas de dinero. Tan solo la energía renovable necesitará un promedio de 569 mil millones de dólares de inversión cada año durante la próxima década bajo el escenario de desarrollo sostenible de la AIE. Es decir casi el doble de la tasa observada en los últimos cinco años, y no muy por detrás de lo que gastaría todo el sector de petróleo y gas bajo las mismas condiciones. En todo caso, el mundo necesita un objetivo aún más ambicioso.

Si podemos ponernos al día, ese volumen de gasto creará su propio impulso. Una queja justificada de los activistas climáticos anticapitalismo es que nuestros sistemas políticos a menudo inclinan la balanza a favor de las empresas poderosas, que actualmente son mayormente las que contaminan. Pero un sistema donde los dólares de inversión se alejan de los combustibles fósiles y se dirigen hacia la descarbonización es uno en el que el poder también se aleja de la economía de carbono.

Incluso bajo el escenario menos ambicioso de políticas declaradas de la AIE, los 15.14 billones de dólares que se gastan a nivel mundial en la generación y producción de combustibles fósiles para 2040 son menores que el gasto de 15.97 billones de dólares en energías renovables y nucleares, y no están incluidas las cantidades que se destinan a la eficiencia energética y las redes energéticas.

Bajo el escenario de desarrollo sostenible, que históricamente ha solido ser una mejor guía en el camino hacia la transición energética, la energía baja en carbono termina con un gasto de 2.70 dólar por cada dólar destinado a la extracción y generación de combustibles fósiles. Ese es un mundo en el que las energías renovables establecerán cada vez más las reglas del juego, alentando a los Gobiernos a eliminar los subsidios restantes que apoyan al petróleo, el gas y el carbón.

Desde la revolución industrial, el motor del crecimiento capitalista impulsado por los combustibles fósiles ha conspirado para ubicar al mundo en su actual crisis climática. Aprovechar ese poder para impulsar la transición es ahora nuestra mejor esperanza de revertir ese desastre.

Esta columna no refleja la opinión editorial de Bloomberg ni de El Financiero.