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El siglo pasado fue testigo de muchos nombres que ahora nos son ajenos: Checoslovaquia, Yugoslavia, y por qué no, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Mauricio Mejía
18/06/2018
Moscú
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Hubo un siglo en el que existieron, al mismo tiempo, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, Yugoslavia y Checoslovaquia. Hubo un siglo, un partido, de 75 años. Comenzado en el 14 y terminado en el 89, un minuto antes del final. Hubo un siglo, atroz y lejano, en el que se inventó el homus sovieticus, el sapiens que creía que el futbol era una locomotora, la locomotora de la historia. Se formaba 1-5-5, sin diferencias dentro del campo; los conceptos tácticos clásicos arriba y abajo fueron suplidos por Sur y Norte, porque Este y Oeste dependían del sol, esa forma del capital. Hubo, hasta hace no mucho, un cuadro que no se llamaba Selección, sino comité de camaradas. Todos iguales; salvo los números, que siempre son distintos. Uno nunca es dos; menos 10 ni falso nueve, o cinco adelantado.

El CCCP era una clave de espionaje en el campo, en donde se notaban las pistas de los contraespías y los colaboradores, que siempre jugaban con otra camisa; Yashin, “Araña”, era nuestro hombre en Estocolmo, por ejemplo. Hoja de servicios, limpia. En la Madrid de Franco, por ejemplo, ¿cuántos de nuestros hombres eran topos, extremos por derecha y por izquierda? ¿Cuántos cambiaron de banda, de esquema, el ocho por el siete o por el once? Hubo un siglo en el que los números –no telefónicos, bueno sí- eran un submarino, una posición en Cuba o un simple café sin marca en París o Budapest. Hubo un siglo en el que las contraseñas eran 4-3-3, 4-4-2, 4-2-1-2-1 para confundir la Operación Fuera de Lugar.

Somos el pueblo y el pueblo es el técnico. La escuadra es el politburó. Disciplina y espíritu de partido que la bola se mueve al ritmo del dinero, de la acumulación del capital, esa goleada, que no permitiremos, porque somos, en última instancia, los que damos juego, el juego, que consiste en convencer, aunque le podemos quitar el con, que ya va implícito, porque el “con” puede ser con... trarrevolucionario. Y eso, compañeros de sector y de partido, no es aceptable, de ninguna manera, el futbol es otra cosa, una utopía que llaman gol.

Hubo un siglo lleno de siglas...