En el principio, fue Thomas Muster
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En el principio, fue Thomas Muster

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En el principio, fue Thomas Muster

bulletEste lunes arranca la edición 25 del Abierto Mexicano de Tenis, cuyo primer campeón fue el tenista austriaco.

Mauricio Mejía
23/02/2018
Actualización 22/02/2018 - 22:15
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El austriaco fue el primer ganador del Abierto Mexicano de Tenis.Ismael Ángeles

Sí, por increíble que parezca, hubo tenis antes que Federer. Y que Nadal.

Hubo –no hace mucho– algo de terrenal, alcanzable, narrable, hubo algo de romántico en ese juego que los viejos cronistas llamaron el deporte blanco. Luego de Roger (y de Nadal), el pasado se volvió artesanal, posible, los grandes se volvieron mortales, seres de carne y hueso llenos de humanidad, defectos y récords apenas asombrosos; como en la Fórmula Uno después de Michael Schumacher, el astro alemán que dejó el listón de la gloria a niveles insuperables. La lista de los tenistas que volvieron “pasajeros de compañía” incluye a Emerson, Laver, Bjorg, Connors, McEnroe, Lendl y, por fuerte que parezca, a Sampras. Federer habita a solas en la cima de la raqueta; amo supremo del cielo. Nadal será el más grande con los pies en la tierra.

No solamente el boxeo tiene divisiones, superpesado, semipesado... También en el tenis existen los welter, los ligeros, los gallo, los mosca... y en todos esos exponentes existe algo que decir, que contar, que descubrir. Thomas Muster no pertenece a los welter del más caballeroso de los deportes; es miembro de una categoría asequible, por decirlo de alguna manera, paja. Una forma austriaca de Manuel Orantes, Andrés Gómez o Vitas Gerulaitis, ganadores de un torneo de Grand Slam durante sus brillantes carreras. Nada que ver con los 20 de Federer o los 16 de Nadal.

Aun así, 25 años después de su primer título en el Abierto Mexicano de Tenis, la trayectoria de Muster merece el mérito del relato. Esto sucedió:

¿Qué hace que un tenista sea de pasto o de arcilla o de pista dura? El entendimiento con la velocidad de la pelota. Antes de que Nadal irrumpiera con su tesón y su enjundia en las canchas de ladrillo, Muster fue nombrado el Rey de la Tierra. Y las razones fueron suficientes: logró una racha de 40 victorias seguidas en esa superficie, sólo superada por Vilas. Luego, todo se fue al almanaque. El chico Nadal se volvería una recurrencia en la arcilla: 10 de sus grandes pertenecen a Roland Garros, el Abierto francés.

Muster llegó a México con el saludo de su primer año redondo. Había debutado en el circuito de los profesionales en 1984 (nació en 1967), pero en el 85 –mientras Becker ganaba Wimbledon a los 17 años; el más joven de la historia– deambuló por la categoría juvenil en la que llegó a la final de Francia. Eran los años en los que McEnroe y Lendl peleaban cada pelota con más coraje que buena voluntad. Wilander se impuso en la final al checoslovaco (Guerra Fría, de telón) en cuatros sets en aquel junio francés.

El ocaso de los ídolos, eso que llaman cambio generacional, permitiría que, al alba de los 90, Muster se abriera paso entre los mejores 10 del planeta. Fue el primer austriaco en conseguirlo en 1989, año en el que un fatídico accidente rompería su, hasta entonces, prometedora carrera. Un sujeto alcoholizado estrelló su coche contra el de Muster, mientras éste acomodaba sus maletas después de una gran victoria sobre Noah en Miami. El astro terminó con los ligamentos rotos debajo de su auto. No jugaría la final contra Lendl ni los siguientes siete meses. Muster empleó al máximo la voluntad y se entrenó en silla de ruedas durante su recuperación. En 1990, la ATP lo condecoró con el diploma al regreso del año. Era, como Nadal, mucho pulmón y mucha entraña. En ese curso del 90 llegó a las semifinales del Garros en las que perdió en tres sets ante Andrés Gómez, quien, a su vez, superaría en la final en cuatro ante Andre Agassi.

México fue un gran saludo en la vida deportiva del austriaco. Ganó cuatro veces seguidas el certamen. Entre ese 93 y el 96 sucedieron muchas aventuras en el joven que se había levantado de sus heridas, literalmente. Ganó todos los torneos de ladrillo. El 11 de junio de 1995 venció en la final de Francia al chico maravilla Michael Chang en tres sets. También ese año hilvanó la racha de 40 partidos sin perder entre febrero y junio. Y, por si fuera poco, logró instalarse (del 12 al 18 de febrero de 1996 y lo sería después entre 11 de marzo y el 14 de abril de esa temporada) en la cima de la clasificación de tenistas profesionales. El número 13 desde que se lleva el conteo, 1973.

En 1998, como si el aura mexicana se desvaneciera, comenzó el declive del máximo tenista austriaco. En aquel verano, Roger Federer (cuyo ídolo de la infancia fue Becker) gana como juvenil el singles y el dobles de Wimbledon. Muster se retiró en el 99, año en el que Roger hizo su debut en Roland Garros. Perdió ante Patrick Rafter en la primera ronda.

Un cuarto de siglo después de que Thomas Muster ganara en el primer Abierto Mexicano de Tenis, Roger Federer logró instalarse, con 36 años y medio, en el número uno de la ATP, cargo que ostenta tan campante. En el 20 aniversario del torneo, Rafael Nadal, el nuevo Rey de la Tierra, ganó su segundo trofeo y meses después volvió a gobernar el Roland Garros para llegar el 7 de octubre de 2013 al número uno del mundo, puesto que perdería hasta el 6 de julio de 2014.

Sí, por increíble que parezca, hubo tenis antes que Federer (303 semanas totales como líder de la ATP). Y que Nadal (167).