De esos rudos (como el ‘Perro Aguayo’) ya no hay
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De esos rudos (como el ‘Perro Aguayo’) ya no hay

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De esos rudos (como el ‘Perro Aguayo’) ya no hay

bulletAguayo dejó el cuadrilátero del espacio y se llevó consigo el tiempo. Una hora pasada de México. Del mundo. Con su llegada, el panteón de los ídolos del pancracio mexicano cerró sus puertas.

María Eugenia Sevilla
05/07/2019
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El pantéon de los ídolos del pancracio mexicano cerró sus puertas. No caben más. Los demás, los que vienen o se están yendo, tendrán su sitio, sin duda. En otra morada.

El Perro Aguayo cayó tercera. Dejó el cuadrilátero del espacio y se llevó consigo el tiempo. Una hora pasada de México. Del mundo.

Cuando llegó la suya ese 3 de julio, Pedro Aguayo ya lo había olvidado todo. O casi todo.

Más de 30 años de lucha libre (del 68 al 2001). De hacer historia ruda y amorosa. De ser un animal mitológico venerado. Ícono del barroquismo mexicano que todo lo concilia, sin absurdos. Sólo él, el Perro, ese monstruo entrañable, podría vestirse temerario en peluche para la batalla contra su más grande némesis: el Santo.

En el Toreo o la New Japan, contra Konnan, Stukka o Cien Caras, el Perro hizo leyenda.

Pedro Aguayo lo había olvidado todo, o casi todo. Y eso fue bueno.

El Alzheimer, ese perro del mal en etapa avanzada, le borraba de la consciencia la llave mortal que le aplicó la vida en la primavera de 2015 en Tijuana, cuando su hijo, Perro Aguayo Jr., saltó el encordado al infinito. Un golpe en la nuca con el filo del ring.

Entonces se supo que el Can Mayor enfermaba: no podía recordar qué hacía en aquel velorio.

A los 73, en Tala, Jalisco, lo sorprendió un infarto. Y en Guadalajara sonó ayer, en señal de duelo, la Marcha de Zacatecas.

Para su mayor rival de los últimos tiempos, Jesús Reyes, Máscara Año 2000, el Perro Aguayo fue el más grande. Y como el más grande fue despedido, ayer, por aficionados, luchadores y organizaciones del deporte internacional.

“Fue el primer rudo querido por la gente: el rudo era muy rudo y odiado, y el técnico, idolatrado; creo yo que don Pedro tuvo el carisma, la bendición y el gran cariño de la gente, que fue el rudo más amado de México y el mundo”, dijo Kahn a la prensa durante el funeral.

¡Ay Perro, Perrito, ese Can de Nochistlán, como dijo el Hijo del Santo: De esos rudos, ya no hay!

Con información de Agencias*