‘Roma’ en Netflix abre el debate sobre el afán colonialista del español
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‘Roma’ en Netflix abre el debate sobre el afán colonialista del español

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‘Roma’ en Netflix abre el debate sobre el afán colonialista del español

La polémica desatada por el subtitulaje en castellano de la cinta de Cuarón pone sobre la mesa la pregunta sobre la universalidad de esta lengua en iberoamérica.

Eduardo Bautista
14/01/2019
Los subtítulos en la película Roma causaron polémica.
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Cualquiera diría que Roma, la más reciente película de Alfonso Cuarón, puede ser entendida por cualquiera de los 577 millones de hispanohablantes que habitan en el mundo. Sin embargo, cuando Netflix decidió subtitularla al castellano, una cosa quedó clara, según expertos consultados por El Financiero: el español todavía está lejos de ser un idioma universal para los iberoamericanos.

Traducir la cinta hablada en el español de México al uso peninsular de la lengua fue una actitud soberbia por parte de los españoles, considera el lingüista de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Juan Manuel García Cruz.

“Llevamos siglos intercambiando y enriqueciendo nuestro idioma no sólo en las artes y en la cultura, sino en la vida diaria, que es donde vive y se transforma una lengua. Es muy difícil, por ahora, hablar de una universalidad del español, porque en cada región adquiere matices distintos según sus usos y costumbres. No podemos seguir creyendo que el español peninsular es el idioma universal de la comunidad hispanoamericana”, advierte.

Según datos del Informe 2018 del Instituto Cervantes, México es el país con la mayor cantidad de personas que hablan español. España ocupa el tercer lugar de la lista, por debajo, también, de Colombia. De hecho, el organismo calcula que, para 2050 habrá más hispanohablantes en Estados Unidos que en España. Además, el español se disputa con el francés y con el chino el segundo puesto en la clasificación de idiomas más estudiados como segunda lengua.

Y es que desde 1950, el español registra un crecimiento continuo, sobre todo en el continente americano. Las estadísticas apuntan a que en 30 años será el segundo idioma más hablado del mundo. Por razones demográficas, el porcentaje de población mundial que lo habla como lengua nativa está aumentando, mientras que la proporción de hablantes de chino e inglés desciende.

“Pareciera que todavía necesitamos estar supeditados a lo que dicen en España sobre nuestra lengua. Aún se cree que España es la autoridad de nuestro idioma por el simple hecho de que ahí nació, pero eso está muy alejado de la realidad”, asegura la académica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y experta en letras hispánicas, Verónica Lozada Martínez.

Cuando Alfonso Cuarón se enteró que Roma había sido subtitulada —cambiando “ustedes” por “vosotros”, “enojarse” por “enfadarse” o “Gansitos”, el nombre propio del popular pastelillo mexicano, por “Ganchitos”—, enseguida arremetió contra la actitud “localista” de quienes decidieron colocar los subtítulos.

“Es parroquial, ignorante y ofensivo para los propios españoles. Es muy ridículo. A mí me encanta ver, como mexicano, el cine de Almodóvar, y no necesito subtítulos al mexicano para entender a Almodóvar. Algo de lo que más disfruto es del color y la textura de otros acentos”, declaró el realizador.

La polémica creció cuando el escritor mexicano Jordi Soler escribió en su cuenta de Twitter que el subtitulaje puede ser interpretado como una actitud “paternalista y profundamente provinciana” que busca “colonizar” los diálogos, mas no entenderlos.

“Hay una parte de la sociedad española que aún se cree el árbitro que pone las reglas de la lengua, y de ahí derivan estas actitudes desdeñosas hacia los usos americanos. Algunos académicos en España siguen creyendo que nosotros los latinoamericanos nos alejamos de sus normas. Incluso consideran que algunos fenómenos lingüísticos de América son desviaciones del idioma, como el dequeísmo, cuando muchos de estos vicios fueron heredados de ellos en la época colonial”, asegura Lozada. “Entonces los arcaicos somos nosotros, porque seguimos creyendo y conservando todas esas reglas que nos heredaron en el siglo XVI”.

La polémica llegó incluso a la Real Academia Española. Pedro Álvarez de Miranda, miembro de esa institución, respaldó las críticas de Cuarón al afirmar que el subtitulaje al castellano “abre grietas en el privilegio” que tienen los hispanohablantes para entenderse pese a sus diferencias sociales y culturales. “Es un fenómeno sorprendente que indica una falta de confianza a las capacidades que tienen las comunidades latinoamericanas para comunicarse”.

La RAE ha intentado tener una mayor apertura y las declaraciones de Álvarez de Miranda forman parte de la tendencia a asimilar el léxico de los americanos. “Sin embargo, aún falta mucho para que esta apertura acepte, por ejemplo, el lenguaje inclusivo”, observa Lozada.

García Cruz explica que la reacción de la RAE en torno a Roma es contradictoria ya que, más allá de lo que ahora digan sus miembros, el organismo se ha encargado de imponer las normas y las formas del español en todo el mundo hispanohablante con frecuencia sin detenerse a ver la lengua como materia viva de quien la utiliza. “El español, quiera o no la RAE, cambia constantemente. Y tarde o temprano tendrá que asumir esos cambios”, afirma.

En su artículo La deuda de España con América es la verdad, publicado en el diario El Mundo en octubre de 2018, el escritor español David Jiménez admite la “soberbia” de muchos españoles con respecto a la cultura latinoamericana:

“Un gran desfile militar sirve para que España celebre cada 12 de octubre su fiesta nacional y el ideal de una gran comunidad hispana que se extiende desde la Patagonia a Murcia y donde el aniversario de la llegada de Cristóbal Colón a América se conmemora con orgullo. La festividad tiene, en sus pretensiones de proyección lingüística y cultural más allá de los límites europeos, un inconveniente: los españoles la celebramos en soledad”.