Renace 'El Cisne': Oscar de la Torre canta hoy su Carmina Burana número 100
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Renace 'El Cisne': Oscar de la Torre canta hoy su Carmina Burana número 100

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Renace 'El Cisne': Oscar de la Torre canta hoy su Carmina Burana número 100

Después de que su médico le dijo que no volvería a cantar debido a una lesión en sus cuerdas vocales, el tenor mexicano recupera su voz y lo celebra en Munich.

María Eugenia Sevilla
15/08/2019
Actualización 15/08/2019 - 4:50
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Fue hasta hace un par de años, cuando una lesión en las cuerdas vocales amenazó de muerte esa voz de tenore di grazia que ha llevado al mexicano Oscar de la Torre a construir una lustrosa carrera en Europa, que sintió con todo el cuerpo cada una de las palabras que pronuncia el protagonista del canto más cruel de la monumental Carmina Burana: Der Schwan, el Cisne asado.

Había cantado la parte unas 90 veces en diversos países. La crítica elogiaba su interpretación de esa partitura que, aunque breve, Carl Orff escribió en una desafiante clave aguda (con tres dos de pecho, tres res sobreagudos y nueve sis). Pero, admite, estaba lejos de comprender el significado de aquel fragmento que se sabía dormido.

Der Schwan es un lamento por la fortuna perdida: la belleza —ese pivote de la vanidad— y la libertad —ese tesoro que se vuelve perceptible sólo cuando falta.

Escritos en latín, los versos del poema medieval —musicalizado en 1937 por el compositor muniqués— elevan el llanto del ave que, añorante de su hermosura y su vuelo, se ve reducido a un fiambre servido a la mesa, ante las fauces castañeantes de los comensales; su blancura tornada en carne quemada y el lago en que descansaba, en un baño de salsa.

“Yo era el Cisne”, cuenta el tenor en entrevista desde Munich, donde reside desde hace una década. Lo supo después de que su foniatra le diagnosticara un granuloma, una suerte de ámpula que crecía velozmente en una de sus cuerdas vocales.

“No podrá volver a cantar”, sentenció el especialista.

“Escuché los dientes de los comensales, esperando para devorarme”, dice el cantante. Veía desmoronarse el sueño que tanto esfuerzo y valentía le costó concretar: había llegado a Alemania —donde vive con su esposa y dos hijos— sin apoyo alguno y con dinero para apenas dos meses, tras 10 años de pertenecer al Coro de Madrigalistas de Bellas Artes.

El silencio duró casi dos años, entre 2017 y 2018. Sobrevino —cuenta— después del fallecimiento, en poco tiempo, de su madre, su abuela y otros miembros cercanos de su familia.

“Me decían: se te oye la voz como de principiante. Es terrible: tú quieres, pero tu cuerpo no reacciona. Y dije: no. No le creo al doctor, Dios me dijo que yo nací para cantar”. Comenzó a tratarse con una logopeda que le enseñó a usar de nuevo las cuerdas vocales y realizó un profundo trabajo interno, emocional.

“Tuve una conexión con Dios. Y mi voz volvió y mejor que nunca”. Su médico no lo creía. “Cuando comprobó que ya no tenía nada, hasta me abrazó”.

Tras esta experiencia, le parece inadecuado que su parte de la cantata de Orff se designe como canto irónico: “Sería como verme a mí servido en una charola y no hacer nada al respecto, como perder esa luz que desde un principio ha sido trazada para que podamos cumplir nuestros objetivos aunque vengan obstáculos. No: límpiate el polvo y sigue caminando con tus propias fuerzas. Desperté a esa realidad”.

Ahora posee un mayor conocimiento y control de su voz, que comparte con sus alumnos. “Incluso me invitaron a dar una charla con otros cantantes que tienen este problema, sobre cómo se puede salir adelante con disciplina y paciencia”.

De esto trata Carmina Burana: del viaje del héroe. La obra está integrada por una colección de poemas goliardos de los siglos XII y XIII, reunidos en un manuscrito que fue hallado en el siglo XIX en el monasterio de Benediktbeuern, en el pueblo de Beuern, Baviera. La selección que Orff musicalizó, comienza y culmina con el canto Fortuna, emperatriz del mundo, y se refiere a la constante mutabilidad de las circunstancias humanas, en tanto la suerte yace en una rueda que el hombre no controla y que lo coloca ya en las alturas, ya en las simas de la existencia.

En su viaje heroico, Oscar de la Torre ha vuelto vencedor a lo alto del escenario, y lo celebra esta noche con su representación número 100 del Cisne, y con toda pompa: una función de gala con la Orquesta del Festival de Ópera de Venecia, bajo la batuta de Nayden Todorov, uno de los más prestigiados directores de Bulgaria en la Residencia de Munich.

Pocos tenores en el mundo han interpreado este título en tantas ocasiones. Menos aún, que lo hayan hecho en espacios tan emblemáticos como el Monasterio Benedictino de Beuern, y que hayan cantado la trilogía completa de los Triunfos de Orff, de la cual Carmina Burana forma parte.

“Es una obra muy especial para mí, porque me ha abierto puertas en México y Europa”, dice de la Torre. Así ha sido desde que la debutó con Madrigalistas el 16 de octubre 2003 en el Palacio de Bellas Artes. También le dio una Luna del Auditorio en 2009.

“Hay tiempo de trabajar y tiempo de descansar, también ha habido tiempo de llorar; ahora es mi tiempo de celebrar”.