No sé qué me traerá el día de mañana
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No sé qué me traerá el día de mañana

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No sé qué me traerá el día de mañana

bulletTraductor y editor de Discusión en Familia, editado por Círculo de Poesía, Mario Bojórquez convida en este texto el fascinante e infinito mundo de uno de los verdaderamente grandes de la literatura universal, Fernando Pessoa.

Por Mario Bojórquez
21/12/2018
Actualización 21/12/2018 - 0:33
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Fernando Pessoa es más que un autor, es una literatura. Su obra está compuesta por diversos materiales que implican otros nombres y estilos. A estas figuras se les ha llamado heterónimos y son personalidades completas, independientes de la suya, con biografías, obsesiones, temáticas y rasgos retóricos especiales. Se habla de más de cien nombres o heterónimos, algunos de ellos no escriben o aún no se les ha atribuido algún texto.

El propio apellido Pessoa significa en portugués “persona”, la misma palabra que es en latín “máscara”, como en los dramatis personæ o dramas con máscara del teatro. Él mismo le ha llamado a su obra “drama en gente” para hacer notar que cada texto es la redacción de los parlamentos de una obra de teatro que ocurre no en actos sino en personas. Su diálogo con estos “otros” que viven dentro de él inicia desde los seis años, y ya intercambia cartas en francés con un tal Chevalier de Pas, a quien nos lo recuerda en esta carta dirigida al crítico Adolfo Casais Monteiro:

“Desde niño tuve la tendencia de crear en torno mío un mundo ficticio, allegarme de amigos y conocidos que nunca existieron. (No sé, con claridad, si realmente no existieron o soy yo el que no existe. En estas cosas, como en todas, no debemos ser dogmáticos). Desde que me conozco como siendo aquello a lo que llamo yo, me acuerdo de crear mentalmente, en apariencia, movimientos, carácter e historia, varias figuras irreales que eran para mí tan visibles y mías como las cosas a las que llamamos, por ventura abusivamente, la vida real. (…) Me acuerdo, así, del que parece haber sido mi primer heterónimo, o antes bien, mi primer conocido inexistente, un cierto Chevalier de Pas de mis seis años, de quien escribía cartas dirigidas a mí mismo, y cuya apariencia, no enteramente vaga, aún fascina aquella parte de mis afectos que linda con la saudade”.

Algunos de estos “amigos y conocidos inexistentes” le acompañaron toda la vida y en su archivo se han encontrado cartas y documentos firmados por estas personalidades y aún tarjetas de presentación con el nombre de los heterónimos, descripciones físicas y morales de cada uno de ellos, y biografías sucintas:

“Veo delante de mí, en el espacio incoloro pero real del sueño, las caras, los gestos de Alberto Caeiro, Ricardo Reis y Álvaro de Campos. Les construí las edades y las vidas. Ricardo Reis nació en 1887 (no me acuerdo del día y del mes, pero los tengo por ahí), en Oporto, es médico y reside actualmente en Brasil. Alberto Caeiro nació en 1889 y murió en 1915; nació en Lisboa, pero vivió casi toda su vida en el campo. No tuvo profesión, ni educación casi alguna. Álvaro de Campos nació en Tavira, el día 15 de octubre de 1890 (a las cinco de la tarde, dice Ferreira Gomes y es verdad, pues, hecho el horóscopo para esa hora, está muy bien). Éste, como se sabe, es ingeniero naval (por Glasgow), pero ahora se encuentra en Lisboa, retirado. Caeiro era de estatura media y, aunque realmente frágil (murió tuberculoso), no parecía tan frágil como era. Ricardo Reis es un poco, pero muy poco, más bajo, más fuerte, más seco. Álvaro de Campos es alto (1.75 de estatura, 2 centímetros más que yo), delgado y un poco tendiente a encorvarse. Bien afeitados todos, Caeiro rubio sin color, ojos azules; Reis de un vago moreno mate; Campos entre blanco y moreno, tipo vagamente de judío portugués, cabello sin embargo, lacio y de raya al lado, monóculo. Caeiro, como dije, no tuvo mas educación que la primaria; se le murieron muy pronto sus padres y se quedó en casa viviendo de unas pequeñas rentas. Vivía con una vieja tía, tía abuela. Ricardo Reis, educado en un colegio de jesuitas, es, como dije, médico; vive en Brasil desde 1919, pues se exilió espontáneamente por ser monárquico. Es un latinista por educación ajena, y un semi-helenista por educación propia. Álvaro de Campos tuvo una educación vulgar de liceo; después fue mandado a Escocia a estudiar ingeniería, primero mecánica y después naval. En unas vacaciones viajó por Oriente, de donde resultó el Opiario. Le enseñó latín un tío que era cura”.

En algún momento Pessoa estableció categorías que rebasaban los términos de heterónimo, ortónimo y pseudónimo:

“El auxiliar contable Bernardo Soares y el Barão de Teive —ambas personalidades son míamente ajenas— escriben con la misma sustancia de estilo, la misma gramática y el mismo tipo y forma de propiedad: es que escriben con el estilo que, bueno o malo, es el mío”. Y de Bernardo Soares agrega: “Soy yo menos el raciocinio y la afectividad”. En una carta publicada en la revista Presença, afirma:

“Lo que Fernando Pessoa escribe pertenece a dos categorías, a las que podremos llamar ortónimas y heterónimas. No se podrá decir que son anónimas o pseudónimas, porque en verdad no lo son. La obra pseudónima es la del autor en su propia persona, salvo en el nombre que lo firma, la heterónima es la del autor fuera de su persona, es la de una individualidad completa fabricada por él, como serían los parlamentos de cualquier drama suyo. Las obras heterónimas de Fernando Pessoa son escritas por, hasta ahora, tres nombres de personas: Alberto Caeiro, Ricardo Reis y Álvaro de Campos. (…) El resto, ortónimo o heterónimo, o no tiene interés, o no fue más que algo pasajero, o está por perfeccionarse o redefinirse, o son pequeñas composiciones, en prosa o en verso, que sería difícil recordar y tedioso enumerar después de recordarlas”.

“No sé, con claridad, si realmente no existieron o soy yo el que no existe”

En su archivo compuesto por más de treinta y dos mil documentos, se han encontrado autores ficticios en tres lenguas: portugués, inglés y francés.

La mayoría de los autores son portugueses, en francés escribe Jean Seul de Méluret, en inglés sobresalen Charles Robert Anon, Frederick Wyatt, David Merrick, el Profesor Jones o Thomas Crosse, pero será, sin duda, Alexander Search el heterónimo más cercano a la vida de Fernando Pessoa, se han encontrado tarjetas de presentación a su nombre y sobres postales con cartas suyas, por esta razón podremos afirmar que se trata de este heterónimo sudafricano el que redacta la última anotación a lápiz en el Hospital de los franceses de Lisboa el 29 de noviembre de 1935. El poeta había ingresado el día anterior por un coma hepático al ser encontrado en su departamento por su barbero, Manasés Seixas, en muy malas condiciones de salud. Su primo médico, Jaime Neves, lo asistió en sus últimos momentos, pidió sus lentes a la hora de su muerte pues era miope y escribió:

I know not what tomorrow will bring.

Murió el 30 de noviembre de 1935, hoy permanece inédita la mayor parte de su obra.