Muva: música hecha con las manos para los sentidos
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Muva: música hecha con las manos para los sentidos

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Muva: música hecha con las manos para los sentidos

bulletEl nuevo proyecto de Chatrán González la intención es generar, a través de diversos sonidos obtenidos con las manos, una memoria de momentos personales.

bulletGonzález presentará su primer disco el próximo domingo en el Foro del Tejedor.

Rosario Reyes
17/01/2019
MUVA
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Él asegura que no sabe cuántos instrumentos toca, porque le saca música prácticamente a cualquier objeto que pueda percutir. Su álbum debut está lleno de “ruiditos” como el tamborileo de sus dedos sobre el banco donde se sienta a componer, o de una serie de latas con las que imita el impacto de su mano con el barandal de la escalera del edificio donde vive, cuyo sonido descubrió un día que subía de prisa y chocó accidentalmente con el metal.

“No sigo una línea protocolaria que me indique que tengo que tocar de cierta forma, me doy la libertad de mezclar elementos que me gusten, de lo que he estudiado y oído durante mi vida”, cuenta el percusionista y productor Chatrán González, quien presentará su primer disco el próximo domingo en el Foro del Tejedor.

Después de 28 años de haber colaborado con músicos como Alejandro Marcovich, Fratta o la banda Klezmerson, Chatrán le dio forma a su proyecto, Muva, que involucra la composición basada en la música para cine, sobre todo en el efectismo que resalta alguna escena, el video arte en vivo y una experiencia que llama “memoria olfativa”.

En sus actuaciones, seis músicos interpretan una diversidad de instrumentos como arpas celtas, guitarras eléctricas y acústicas, shakuhachi (flauta japonesa), piano, saxofón, tabla y ghatam de la India, o darbuka de Pakistán, mientras dos videoastas crean imágenes alusivas a las melodías y una máquina produce aromas.

“Me han dicho que les remite a la casa de sus abuelos o la tierra húmeda, en general son olores que identificamos con la naturaleza pero la intención es generar una memoria de momentos personales”, explica.

Además de estar interesado en crear una experiencia inmersiva, su propia historia le permitió dar forma a este proyecto. Estudió percusión clásica en el Conservatorio de Música del Estado de México e hizo una maestría en la India, donde vivió dos años, durante los cuales viajaba con frecuencia a Pakistán. Ha vivido en Perú, donde aprendió a tocar cajón negro y en Houston, percusiones africanas.

Cuenta que su casa está llena de “tamborcitos” que ha traído de distintos países, aunque no haya estudiado específicamente esos instrumentos, los compra y luego encuentra la forma de tocarlos.

Su trabajo es una constante exploración, concluye. “Cada vez hay más propuestas multidisciplinarias en otras ramas como el teatro, implicando diferentes tipos de tecnologías; no siento que yo esté dentro de un movimiento, pero sí creo que el mercado tiene que girar hacia experiencias más participativas”.