Madonna, ¿reina o súbdita del pop?
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Madonna, ¿reina o súbdita del pop?

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Madonna, ¿reina o súbdita del pop?

bulletSu romance con el reguetón le ha ganado críticas, pero no es una rara elección: la diva estadounidense ha servido siempre al trono del gusto popular.

Eduardo Bautista
10/05/2019
La constante musical de la llamada 'Reina del Pop' es su adaptación a las tendencias.
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Pocas veces se ha visto una limusina tan gigante como en la que llegó Madonna al Live Aid de 1985. Situación un tanto polémica para aquel año en el que se organizó ese concierto benéfico para combatir la pobreza en África. Madonna es así: no sabe pasar desapercibida.

En cada uno de sus 14 discos se ha asegurado de no quedarse atrás. ¿No es la obligación de una reina escuchar lo que quiere su pueblo?

Hace unos días la diva presentó su nuevo sencillo, 'Medellin', en colaboración con Maluma. Muchos levantaron la ceja: ¿Madonna haciendo reguetón?

La pregunta es otra: ¿por qué extrañarse de que la cantante incorpore a su discografía el género más escuchado del mundo desde 2017? Eso es lo que ha hecho desde sus inicios: subirse a la tendencia del momento, hacer un trabajo impecable y mantenerse así en la cima del gusto popular.

Madonna es la solista con mayores ventas del siglo XX —más de 300 millones de discos vendidos en todo el mundo, según la RIAA— porque posee un instinto único para oler los ingredientes musicales que conforman las modas.

No es casualidad que su álbum debut sea de música disco, género que, aunque había tenido su boom en los años 70, en los 80 seguía como predilecto de las discotecas y las listas de Billboard, en las que aún figuraban nombres como Olivia Newton John y Diana Ross.

Y fue así como dio su primer paso hacia la fama, de la mano de tres productores radicados en Nueva York que, aunque venían del mundo del jazz, conocían bien el pulso musical de las masas: John Benitez, Mark Kamins y Reggie Lucas.

Si bien ella quería hacer disco, sus productores le recomendaron utilizar sintetizadores con ritmos upbeat que le permitieran forjar un sonido más moderno y futurista, según se cuenta en Madonna: The Complete Guide to Her Music (2004). Con esa fórmula se ganó al público y la crítica. “Habría acabado como otra muñeca postdisco si sus canciones no hubiesen revelado su habilidad de combinar ritmos de discoteca con el pop de una manera incomparable”, escribió el reseñista de Entertainment Weekly, Jim Farber.

“A Madonna siempre le ha obsesionado permanecer en la cima. No existe otro lugar para ella: es la reina. Y lo logra porque tiene la enorme capacidad de adaptarse a lo que suena en las listas”, asegura el crítico musical Octavio Echávarri.

Para su siguiente álbum, Like a Virgin (1984), no quiso repetirse y cambió de productores. Con todo y el riesgo que implicaba para una joven estrella de un solo disco. Fue así que llegó Nile Rodgers, el hombre que había convertido a David Bowie al lado más plástico del pop. Justo lo que ella quería. El resultado fue arrasador: Madonna invadió cada rincón del planeta con 'Like a Virgin' y 'Material Girl'.

Para su siguiente álbum, True Blue (1986) , se valió de Patrick Leonard, productor que la guió para experimentar con sonidos tropicales, como los de 'La Isla Bonita'. Para Like a Prayer (1989) se adentró en el mundo del soul y el R&B, de la mano maestra de Prince. Además, ambos discos contaron con el toque de un experto en radio hits: Stephen Bray.

Cuando comenzó la década de los 90, lo que figuraba en las listas de Billboard eran el R&B y el soul, con éxitos como 'Good Vibrations', de Marky Mark & the Funky Bunch, o 'Emotions', de Mariah Carey. Madonna, otra vez, volvió a adaptarse, ahora con Shep Pettibone, un productor que había trabajado con Janet Jackson. Los resultados fueron Erotica (1992) y Bedtime Stories (1994).

Después tomó un descanso de cuatro años. Cuando regresó en 1998 con Ray of Light, Patrick Leonard, junto a William Orbit —productor de Blur y Prince— y Marius de Vries hicieron de ella una Madonna electrónica, a tono con el mundo. No tardó en trabajar con los mejores productores del género en aquel momento: Mirwais Ahmadzaï, amplio conocedor del house; Mark Stent, afamado colaborador de Björk y Massive Attack, además de William Orbit. En 2004 culminó su proyecto electrónico con un éxito sin par: Hung Up.

“Ese fue su último gran momento. Después de su etapa electrónica comienza su debacle (musical)”, considera Echávarri.

Tres años después, en 2008, la diva se reinventó con un arsenal hip hop de primera línea, al lado de Justin Timberlake y Danja como productores. Madonna, con medio siglo en el cuerpo, debía competir contra artistas 25 años menores que ella y de origen afroamericano: Rihanna, Beyoncé y Kanye West, a quien, por cierto, reclutó como productor para su disco Rebel Heart (2015), en el que coqueteó con lo que ahora explora: el reguetón y el trap. Un capítulo que le ha ganado severas críticas.

“Madonna ha sido golpeada por la edad. Las operaciones no le han sentado bien. Su popularidad venía en decaída y lo sabía. Por eso ahora se presta a estas asociaciones musicales que desmerecen su legado. Su ego está golpeado; no puede permitirse pasar desapercibida”, opina Echávarri. “Pero así es ella”.