Los 'beats' siniestros de Aphex Twin
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Los 'beats' siniestros de Aphex Twin

COMPARTIR

···

Los 'beats' siniestros de Aphex Twin

Misántropo autodeclarado, el músico irlandés sólo se ha presentado 10 veces en los últimos cinco años. Mañana toca por primera vez en México, en el Festival Ceremonia.

Eduardo Bautista
05/04/2019
El DJ estará en el Festival Ceremonia.
Al registrarte estás aceptando elaviso de privacidad y protección de datos. Puedes desuscribirte en cualquier momento.

Si hubiese que musicalizar la escena de un asesinato múltiple en un hotel de paso de una carretera oscura y solitaria, Aphex Twin sería un gran candidato para hacerlo.

No es extraño que el nombre artístico de Richard D. James aparezca cuando se hable sobre cosas siniestras.

Mientras en 1995 el mundo lloraba aún la trágica partida de Kurt Cobain y miles de jóvenes seguían con lupa los chismes de Blur y Oasis por MTV y bailaban al ritmo de las Spice Girls y los Backstreet Boys, una escena se formaba en el fango. Literalmente. En las extensas llanuras de Escocia e Inglaterra o en las zonas industriales abandonadas de Berlín y otras ciudades europeas y norteamericanas, Aphex Twin entregaba en sus oscuros beats electrónicos una forma, esquizofrénica, de socializar la sociopatía.

En aquellas fiestas clandestinas que alguien después llamaría raves, ese joven irlandés encontró su identidad al borde de una tornamesa y un sintetizador. Sus dos herramientas para poner a bailar a los que no encontraron cabida en el rock de la Generación X. Bailar es un decir. Su acid techno —etiqueta que siempre ha rechazado, pero que mejor describe sus alucinógenas texturas musicales— no es precisamente lo que programaría el antro de moda. IDM, le llaman los expertos: Intelligence Dance Music.

Misántropo declarado, Aphex Twin no es un hombre común. Alrededor de él existe una mitología propia de un sociópata, así como de un compositor fuera de serie que empezó a experimentar con máquinas y sintetizadores desde los 11 años.

Se rumora —sobre él no hay tantas certezas— que creó sus primeros sonidos en una vieja computadora Sinclair ZX81, en la cual el usuario promedio hacía apenas poco más que escribir y jugar ajedrez.

El DJ más escurridizo de la historia —no es poco conocida su fama por regañar reporteros o hacerse pasar por otras personas cuando le llaman por teléfono— está envuelto en leyendas urbanas de todo tipo: que si ha vivido en la caseta de un generador eléctrico de Londres (cierto, hay reportajes en la prensa inglesa), que si se compró un submarino por 40 mil libras (nunca se ha comprobado), que si conduce un tanque de guerra por Irlanda y Escocia (cierto, existen fotografías), que si desapareció 13 años de la industria musical para no dejarle nada a su esposa de la que se estaba divorciando (cierto, él mismo lo ha aceptado)...

“El mito de Aphex Twin está conformado por un sentido del humor muy cafre, por una alta dosis de genialidad musical y una quiebra de las expectativas acerca de lo que debería ser un productor de música electrónica. Donde habitualmente queremos ver a una especie de técnico perfeccionista, él crea una música disparatada acompañada muchas veces de imágenes chocantes —su cara adaptada a un cuerpo femenino voluptuoso— o desagradables. No es exactamente un ermitaño, simplemente sólo sale de su casa por dinero”, asegura en entrevista el periodista y crítico musical español Javier Blánquez, autor del libro Loops 1: Una historia de la música electrónica en el siglo XX.

Por dinero o por las simples ganas de tocar en México por primera vez, Aphex Twin aceptó venir al Ceremonia, que se realizará mañana en el Foro Pegaso de Toluca. No trae nuevo disco bajo el brazo y desde hace cinco años sólo se ha presentado en vivo 10 veces.

Cuando en 2011 el periodista Daniel Verdú le preguntó qué pensaba de sus fans, respondió: “Les odio”. Declaración polémica para alguien a quien le siguen hordas. Auténticos geeks que hurgan en la web para encontrar nuevas piezas del músico, quien suele usar otros seudónimos para subir música, como cuando en enero de 2015 lanzó material fresco en la plataforma Soundcloud bajo el nombre de user18081971.

Aphex Twin es el artista más destacado de una generación que entendió que las herramientas tecnológicas eran las herramientas de su presente, y que crear música con ellas no sólo era un deber estético —puesto que era con software y hardware como se podía explorar una región desconocida del reino del sonido—, sino casi también un deber moral: en una época en la que la tecnología se metía en todos los espacios de nuestra vida —pagamos con tarjeta de crédito, empiezan a llegar las comunicaciones telemáticas, en el horizonte ya estaba internet—, sencillamente había que estar ahí”, comenta Blánquez.

Imposible no recordar los 90 sin su macabro videoclip de Come To Daddy —dirigido por Chris Cunningham, también conocido por los videos que hizo para Björk, Portishead y Madonna—: un par de niños con caras de adulto corriendo por la Londres más decadente de la que se tenga registro y una anciana siendo casi devorada por una bestia emergida de una televisión.

Otros trabajos que realizó con Cunningham, como Windowlicker o Rubber Johnny, llevan una advertencia: “puede ser inadecuado para algunos usuarios”.

El video de su canción, T69 Collapse, fue prohibido en canales de Estados Unidos por no pasar las medidas de seguridad del Harding Test, que se encarga de prevenir ataques de epilepsia entre los televidentes.

En 2011, en una entrevista con El País, reafirmó sus intenciones de seguir haciendo lo que él llama música esquizofrénica. “¿Piensa que la esquizofrenia es un estado mental interesante para la música?”, le preguntaron. Él contestó: “Claro, dos mentes son mejor que una”.

Para Blánquez, Aphex Twin es un compositor de la estatura de Mozart o Charlie Parker: “Sus programaciones rítmicas no están a la altura de cualquier productor. No es fácil de imitar, y en el caso de que alguien intente una imitación, es difícil que se confunda con un original. En Aphex Twin hay un aura personal que es la síntesis de su humor, de su sentido retorcido de la melodía, una extraña dulzura que a veces aflora, y una locura rítmica que, como otras derivaciones vanguardistas en otros géneros del pasado, abrieron un campo nuevo de desarrollo para la música de baile: nuevas armonías, nuevas texturas, nuevos ritmos”.