La voz de la noche americana
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La voz de la noche americana

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La voz de la noche americana

Trovador de la soledad y del insomnio estadounidense, Tom waits cumple 70 este año.

Por María Eugenia Sevilla
07/01/2019
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Es el lisiado veterano de Vietnam que Terry Gilliam dibuja en The Fisher King. Es el más arrancado de los vagabundos en la Gran Depresión que retrata Ironweed: “Tengo cáncer. Es la primera cosa que tengo”.

Es el que se siente en casa en un comedor de día y noche en Coffee and Cigarettes. Los ojos hundidos, la sonrisa que es mueca, el porte de roble retorcido. Es Tom Waits: la voz más lúgubre de America.

Esa voz en off que cierra en el puño el desencanto de la Guerra Fría en Rumble Fish: “El tiempo es una cosa curiosa: cuando eres joven no tienes nada más que tiempo. Desperdicias un par de años aquí y allá, qué importa, ¿no? Pero un día dices ¡Dios! ¿Cuánto me queda? Sólo 35 veranos”.

Fue Sylvester Stallone quien descubrió el brillo decadente de aquella estrella que comenzó como cancionero de piano bar -para entonces ya con cierta fama- y lo llevó a la pantalla. Con sus versos ahogados en bourbon, el timbre ajado, Tom Waits se interpreta a sí mismo: un cameo que resulta lo más memorable de aquella cinta de 1978, Paradise Alley.

Un sí mismo que -ha dicho- se inspiró en Cantinflas y las tonadas rancheras que escuchaba en los caminos de la frontera, que recorría en auto con su padre. La sombra del cowboy que monta un descapotable en la ruta sin fin que trazó Kerouac. La sed bukowskiana que deja sus versos despedazados en un jirón de servilleta.

Tom Waits es la resaca del incienso jipi. Sin flores -acaso un clavel marchito en el ojal-, sin guitarra -un piano firme, enclavado en el suelo-, sin sicodelia, lo suyo es el fondo del viejo vaso, el vidrio sepia de una nostalgia sin mayor deseo en la vida -esa larga barra- que las mujeres no fuesen tan frías y la cerveza tan tibia.

Trovador del derrumbe de una America herida de muerte, de su soledad y de su insomnio, ha sabido dosificar su presencia tanto en la música como en el cine. ¿Quién imagina un largometraje protagonizado por Tom Waits? Sería tal vez demasiado.

La potencia de su figura le ha ganado un sitio en la memoria cinematográfica con tan solo bits y terceras partes (¿cómo olvidar su Renfield en el Dracula de Ford Coppola?). Aun así su primer rol principal le llegó apenas y es también breve. El anciano buscador del oro en el viejo Oeste de una de las historias de The Ballad of Buster Scruggs, la cinta más reciente de los hermanos Coen.

Tampoco se deja oír demasiado. Su último disco, Bad as Me, data de 2011, aunque el año pasado relanzó sus primeros siete discos, editados por Asylum, ahora bajo el sello Anti.

Este año Tom Waits cumple 70. Y en torno a él, como casi siempre, reina el silencio.

“Sólo soy un rumor”, dijo alguna vez. El rumor de la noche americana.