La poesía atemporal de Yeats
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La poesía atemporal de Yeats

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La poesía atemporal de Yeats

bulletCon versos rotos, el poeta irlandés escribió sobre el tiempo; experimentó con la escritura automática junto a su esposa Georgie, quien, en trance, hablaba con voces de otras épocas .

Rosario Reyes
21/11/2018
Yeats escribió sobre el tiempo, con un lenguaje fragmentado, de versos rotos.
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Nació en Sligo, Irlanda, hace más de 150 años y aunque murió en Francia, fue su deseo regresar a esa ciudad al pie de una montaña, para reposar eternamente. Fríos los ojos vuelve / a la muerte, a la vida. / ¡No te pares, jinete!, es el verso que eligió como epitafio William Butler Yeats (1865-1939), uno de los más grandes poetas del modernismo.

Vivió entre siglos y, según escribe T. S. Eliot en su serie de ensayos Sobre la poesía y los poetas, de 1959, “… fue uno de los pocos cuya historia es la historia de su propio tiempo, que son parte del conocimiento de una época que sin ellos no puede ser comprendida”.

De acuerdo con Eliot, la mejor obra de Yeats es la de su madurez. La llama un ejemplo del “carácter del Artista: una especie de superioridad moral, así como también intelectual”. Aunque aclara que no significa que su poesía tardía sea sólo para lectores de edad madura.

“…Pero a los viejos, a menos que se les despierte la sinceridad consigo mismos expresada en la poesía, les chocará la revelación de lo que realmente es un hombre y lo que permanece de él”, explica y cita un verso de The Spur, el poema de Yeats publicado en New Poems, en 1938:

Creéis que es horrible que la lujuria y la ira / Sirvan obsequiosas mi vejez; / No me importunaban así cuando era joven: / ¿Qué otra cosa me queda que me incite a cantar?

Yeats escribió sobre el tiempo, con un lenguaje fragmentado, de versos rotos, agobiados por un sentimiento de soledad, comparte el escritor y editor Víctor Manuel Mendiola. “Consideraba que un buen poema construía símbolos. Un poco lo que decía Borges: que siempre en los buenos textos o en las grandes metáforas, encontramos símbolos. Esa era la poesía que escribía Yeats, al mismo tiempo que Rilke, Eliot, Pessoa, o Valéry. Textos que miraban hacia el futuro, con un elemento simbolista”.

Mirar al futuro y destrozar las formas en una edad madura es inspirador. Ya lo era para sus contemporáneos. El escritor y periodista británico G. K. Chesterton escribió en la revista America en 1916 un texto titulado El Sr. Yeats y la palomilla cósmica, en el que llama al ganador del Nobel de Literatura de 1923 “constructor de puertas”.

Y explica: “Ningún poeta ha soportado más claramente la pesada carga del corazón del hombre. Pero al mismo tiempo ningún poeta ha comprendido de modo tan claro esas intuiciones que todos hemos experimentado en forma vaga, esas intuiciones que ciertos lugares son el peso de otras tierras…”.

En ese interés por el tiempo, agrega Mendiola, la poesía de Yeats no olvida el pasado. “Uno puede encontrar dos partes, la poesía del simbolismo que corresponde de manera convencional al siglo XIX y otra que pertenece plenamente al sigo XX, con un pie en el siglo XIX y atrás, de una erudición en las imágenes que remite al Barroco y al Renacimiento”.

Yeats fue cercano al joven Ezra Pound. Entre 1913 y 1916, decidió pasar tres inviernos en una granja en Sussex con quien fuera su discípulo y secretario. Pound, el poeta estadounidense, veinte años menor que él, hizo referencia a esas estancias en el largo poema Los Cantos, que dejó inconcluso y que comenzó a escribir en 1915.

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Grandes de la lengua inglesa visitan al poeta. Sello: El Tucán de Virginia. Año: 2018. Precio: Por salir.

“Específicamente, recuerda estar sentado en el segundo piso de la casa y escuchar a Yeats cantar su poesía en la habitación de abajo… Cuando escribió estas líneas al final de la Segunda Guerra Mundial, recordó aquellos años de Stone Cottage como un momento idílico, ‘antes de que el mundo se entregara a las guerras’ ”, relata una nota de The New York Times publicada en 1988.

En su ensayo El último Yeats, que apareció en una compilación de 1954, quince años después de la muerte del autor de El yelmo verde, Ezra Pound se pregunta ¿cómo puede el muchacho seguir escribiendo esa clase de cosas?, en alusión a la vigencia de la obra de Yeats.

“Solo puedo responder que la vitalidad del señor Yeats no tiene comparación, y me atrevo a decir que hará todavía más… ha hecho sonar el arpa con una música nueva…”, asegura Pound.

De cierta forma, Yeats manipuló el tiempo. Experimentó con la escritura automática junto a su esposa Georgie, quien entraba en trance y hablaba con voces de otras épocas. “Él mismo entraba en trance y escuchaba voces del más allá; lo relata en su libro A vision”, asegura Víctor Manuel Mendiola, quien acaba de publicar el poema El regalo de Harun al-Rashid, en una edición bilingüe -y su primera traducción al español-, que incluye ensayos sobre Yeats escritos por T. S. Eliot, Ezra Pound y Forman G. Brown, entre otros.

Yeats escribió The Gift of Harun al-Rashid mientras escuchaba a su mujer en trance. Publicado en 1924 en The Dial, y un año después en A vision, el poema presenta a dos amigos que hablan sobre el significado del amor; uno cristiano y otro musulmán. “Para el califa, el amor es pasajero y en cada estación hay que tener una nueva novia; en cambio para Kusta ben Luka, que está dialogando con él, el amor representa el infinito”, comparte el editor.

“Estos poetas son muy importantes para la cultura mexicana. Villaurrutia tradujo a Nerval, Paz a Mallarmé y a Apollinaire. López Velarde y Tablada discutieron sobre la poesía de Apollinaire. Los libros de Ediciones El Tucán de Virginia (con obras de Arthur Rimbaud, T.S. Eliot, o Robert Frost), representan una actualización, releer lo que leyeron las grandes generaciones de lectores y poetas mexicanos”.

En la madurez, concluye Mendiola, Yeats abandonó las fórmulas. “Entre comillas, porque en él no son fórmulas sino formas de creación insólitas, maravillosas, llenas de magia; pero deconstruyó las fórmulas para crear una poesía atemporal”. Eterna.