Culturas

La democracia mexicana es muy débil: Luis Muñoz Oliveira

En su ensayo 'La democracia en la oscuridad', el filósofo mexicano explora los intríngulis de la vida democrática en una sociedad que vive con miedo.

El filósofo mexicano escribió uno de los tres ensayos que integran el libro Desconfianza. El naufragio de la democracia en México.

Bajo el título La democracia en la oscuridad, Luis Muñoz Oliveira explora los intríngulis de la vida democrática en una sociedad que vive con miedo. Que vive a medias, acusa.

Después de unas históricas elecciones que sacaron al PRI del poder, dice Oliveira en entrevista, un libro como este cobra relevancia. "Parte fundamental de lo que tratamos de expresar es que la democracia no es solamente votar y esperar que quienes ocupen el gobierno solucionen los problemas cotidianos, sino que es una forma de vivir. La transformación que trajeron las urnas debería venir acompañada de un cambio en la actitud de las personas. Aunque lo dudo".

El ambiente de esperanza que dejaron las elecciones, advierte el también miembro del Centro de Investigaciones sobre América Latina y El Caribe de la UNAM, corre el riego de transformarse rápidamente en desilusión, precisamente, por la desconfianza.

-¿Qué impide que en México haya una democracia confiable?

Son varios elementos, pero para puntualizar: corrupción e impunidad. Por otro lado, la desigualdad es un asunto que afecta la raíz misma de la democracia. Cómo es posible que una persona que trabaja todo el día no tenga dinero para vivir dignamente, mientras que otros ganan 400 o 100 veces el salario mínimo... Mientras tengamos una sociedad tan desigual, va a ser muy difícil que se fortalezcan los pilares de la democracia.

-No hay democracia sin derechos...

No. Son la base de la democracia. La pobreza es una de las cosas que más detiene la posibilidad de que las personas gocen de sus derechos. Estará plasmado en la Constitución el derecho a la salud, a la educación, a la justicia, y sin embargo no se pueden ejercer por la marginación; si la mitad de la población no puede disfrutar sus derechos, entonces no está disfrutando de lo que la democracia tendría que ofrecerle.

-Usted dice en su ensayo que la democracia es una forma de vida. ¿Cómo ejercerla?

Es un cambio a largo plazo, pero para lograr las cosas hay que empezarlas a hacer. Tenemos que educar de manera distinta a las personas para que seamos capaces de mantener un debate democrático; que sean capaces de distinguir lo que es falso de lo que es verdadero. Las noticias falsas son uno de los atentados más graves contra la democracia porque se trata de que tengamos un gobierno de discusión, un debate público de las ideas y del futuro que debemos escoger. Si ese debate está inundado de falsedades, es muy difícil que se puedan tomar decisiones adecuadas.

-¿Cuál es su lectura del reciente proceso electoral?

Estamos viviendo una circunstancia bastante dramática en la que por un lado la desigualdad es muy profunda y por el otro está acompañada de mucha violencia. Las personas tienen miedo y con razón: te asaltan, te secuestran, te matan sin deberla ni temerla. Creo que el miedo, la desigualdad y la violencia fueron las causas por las que la población decidió votar por quien ofrecía algo distinto a quien le ha gobernado antes. En los últimos 18 años no hemos visto que nuestra calidad de vida mejore y parece que el discurso diferenciador fue lo que llevó a las personas que viven desesperadas a tomar esa decisión.

-¿Por qué es importante que los filósofos aborden la política?

La democracia está basada en ciertos ideales, que hemos discutido durante siglos, por supuesto que es parte del quehacer de un filósofo hablar de los temas que estudia. Filosofía y ciencia política están muy cerca, la democracia es uno de los temas filosóficos por naturaleza, de los que tenemos que hablar de la forma más clara posible.

-¿Cuál es el debate filosófico de la democracia?

El libro no pretende ser una cátedra, sino poner ciertas reflexiones para que florezca el debate. Hay que ver la democracia como un gobierno en común, no es que elijamos a unos y gobiernen por nosotros; somos parte. Por ejemplo, a muchos les parece una locura que el nuevo gobierno quiera hacer consultas sobre el aeropuerto; por supuesto que la decisión de cómo se construye una pista es técnica, nosotros no tenemos nada qué decir al respecto, pero sería interesante que todo lo que discutan se haga público y los ciudadanos y los especialistas podamos revisar esos datos y ayudar a tomar esa decisión, porque el dinero es público y el futuro es nuestro, de todos los que vivimos en este país.

-¿Además de participar en las decisiones, qué implica ser demócrata?

Para empezar, sin duda alguna, un demócrata es honesto. Esta educación personal nos va a llevar más tiempo, no podemos suponer que solo porque vamos a cambiar de gobernante las personas van a ser distintas, la educación política se recibe desde la escuela y el hogar y hay muchas generaciones que han recibido una educación deficiente respecto a la democracia, hay que reeducarlas, y a las que están ahora cursando la educación básica, darles clases de civismo muy activas y muy claras, porque es así como se construye ciudadanía.

-¿Qué libro le gustaría escribir para el próximo sexenio?

Sería algo así como 'La continuidad'. No creo que seis años sean suficientes para recoger frutos. Es un trabajo a largo plazo, la democracia mexicana es muy débil y tenemos que fortalecerla. Las grandes democracias se vienen abajo también, eso hay que verlo, Estados Unidos tiene hoy el gobierno más anti democrático. Tenemos que aprender las lecciones que nos ha dado la historia universal; la democracia no es un lugar al que llegamos y está ahí establecido, es un proceso, una forma de caminar. Por eso digo en el ensayo que la democracia no es habitar una casa, es más como una vida nómada, un trabajo, una forma de vivir.