La cultura de AMLO: sólo buenas intenciones
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La cultura de AMLO: sólo buenas intenciones

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La cultura de AMLO: sólo buenas intenciones

Miembros de la industria artística advierten falta de solidez en las propuestas del gobierno entrante para este sector marginado.

Eduardo Bautista
27/11/2018
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La plataforma cultural de AMLO aún no se define por completo.Ilustración: Esmeralda Díaz Montalvo

A cuatro días de que tome posesión como presidente de la República, la plataforma cultural de Andrés Manuel López Obrador ha generado más dudas que certezas en un sector que en los últimos dos sexenios se ha enfrentado a recortes presupuestales y falta de voluntad política.

Miembros de la industria cultural —que genera el 3.2 por ciento del PIB nacional, según la Cuenta Satélite de la Cultura de México 2017 (INEGI)— aseguran que las propuestas de AMLO en esta materia carecen de solidez y necesitan adaptarse a las dinámicas internacionales, como las nuevas tecnologías, la digitalización de archivos, el intercambio cultural y la articulación de nuevos financiamientos en la iniciativa privada.

“En plena era digital parece que seguimos teniendo una política cultural de acetato y technicolor. Aunque tenemos una nueva Secretaría de Cultura, se sigue operando bajo la misma estructura que tenía el Conaculta. En el tema presupuestal seguimos siendo un sector marginado”, señala el economista Ernesto Piedras.

Este año, el presupuesto para el sector fue de 12 mil 428 millones de pesos, lo que representó un aumento de 3.9 por ciento con respecto a 2017. El presidente de la Comisión de Cultura y Cinematografía de la Cámara de Diputados, Sergio Mayer —quien ha sido duramente criticado por su pasado stripper y su inexperiencia en la administración pública—, ha dicho que se buscará que el sector tenga un presupuesto de 17 mil millones de pesos en 2019.

“Vimos la conformación de una nueva coordinación (la Nacional de Memoria Histórica y Cultural de México, que será presidida por la primera dama Beatriz Gutiérrez Müller), pero no tenemos idea de sus objetivos, sus estrategias ni sus proyectos. Todavía no hemos dimensionado, por ejemplo, el impacto cultural y ambiental que tendrá el Tren Maya. La indiferencia a la cultura es un signo preocupante de lo que está por venir”, considera el antropólogo y ex funcionario del INAH, Bolfy Cottom.

En el Decálogo de Compromisos de Morena apenas se menciona la palabra “pluricultural”, pero como tal no existe un punto dedicado a este rubro. En junio pasado, la próxima secretaria de Cultura, Alejandra Frausto Guerrero, presentó una serie de propuestas entre las que figuran la descentralización de la actividad y la gestión cultural, la creación de nuevos modelos y estrategias de financiamiento (en coordinación con la Secretaría de Hacienda) y el desarrollo de las culturas regionales. Pero no hizo señalamiento alguno en relación a la meta establecida por la UNESCO, de otorgar el 1 por ciento del global de egresos a este sector, la ciencia y la tecnología.

Según los expertos, con un presupuesto deficiente, las propuestas no son más que buenas intenciones. Lo sabe muy bien el coreógrafo Rodrigo González, quien junto con Raúl Tamez organiza el Festival Internacional de Danza de la Ciudad de México, un encuentro que lleva tres ediciones sin contar con apoyos públicos. “La ley establece que sólo podemos recibir financiamiento a partir de la cuarta edición. La última tuvo un costo de 5 millones de pesos”, comparte.

“Lo que esperamos de la Cuarta Transformación es que, en efecto, haya una transformación. Lamentablemente, mi expectativa es parecida a la de años anteriores: con que nos dejen trabajar es más que suficiente”, agrega González, quien junto con Tamez ha recibido premios nacionales e internacionales.

LOCALISMO, ¿LA SOLUCIÓN?

Alejandra Frausto ha dicho que “el quehacer cultural debe bajar al ruedo”. En consonancia con las propuestas de AMLO en otros sectores, mencionó que gran parte de las políticas culturales estarán enfocadas, entre otros, a “programas específicos para las minorías” y “proyectos de formación artística bajo esquemas colectivos comunitarios”.

En el documento El poder de la cultura —un libro de 16 páginas presentado en junio pasado por Frausto— no se incluyeron propuestas de financiamiento y apenas se menciona que “urge construir nuevos modelos de participación y poner en acción estrategias de inversión, mecenazgo y estímulos fiscales”.

“Es importantísimo que se logre la democratización de la cultura y que se apoye a las manifestaciones locales, pero tampoco podemos perder de vista la importancia que tiene México en el mundo. Son puntos de vista no excluyentes: podemos apoyar lo local sin descuidar la perspectiva global. No podemos cortar la línea evolutiva de nuestro sector”, considera Alonso Escalante, director de la Ópera de Bellas Artes, que depende, en buena parte, de los intercambios culturales con otros países.

“La globalización nos obliga a trabajar, sí, de manera enraizada con nuestra localidad, pero siempre con una mirada internacional. De otra manera nos estaremos aislando. Es esencial mantener nuestro diálogo con el mundo. Los jóvenes son y serán los principales beneficiados, porque en las compañías de ópera o de ballet dependemos del intercambio cultural para generar caldos de cultivo que propicien profesionales más preparados. Debemos llevar la cultura a más público, de eso no hay duda, pero no a costa de la calidad de los contenidos y los espectáculos”, comenta.

“El proyecto de AMLO tiene un especial énfasis en recuperar una especie de nacionalismo que se ha visto menguado por un avasallamiento de carácter global. Es positivo otorgar apoyos a nuestra cultural local, pero es inevitable mantener lazos con el mundo”, concluye Cottom.