La cartilla que nadie leyó
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La cartilla que nadie leyó

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La cartilla que nadie leyó

El Colegio Nacional tenía en el horno un proyecto largamente acariciado por el historiador Javier Garciadiego, quien por fin veía en galeras una edición del texto original de Alfonso Reyes prologada por él.

María Eugenia Sevilla
13/02/2019
Alfonso Reyes fue el autor de la 'Cartilla moral' que López Obrador ha prometido obsequiar.
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Cuando Andrés Manuel López Obrador presentó, aquel mediodía del 13 de enero, una versión de la Cartilla moral de Alfonso Reyes para lanzar su programa de pensiones para adultos mayores, en Valle de Chalco, una imprenta tuvo que parar.

El Colegio Nacional tenía en el horno un proyecto largamente acariciado por uno de sus miembros de número, el historiador Javier Garciadiego -director, además, de la Capilla Alfonsina-, quien por fin veía en galeras una edición del texto original prologada por él.

Ese prólogo da cuenta de la historia editorial, llena de vicisitudes, de aquel texto breve que tanta polémica causó con su más reciente publicación por parte de la Secretaría de Eduación Pública (SEP) en las últimas semanas.

La edición impulsada por Garciadiego no podía soslayar el hecho histórico de la primera impresión masiva de la Cartilla: 10 millones de ejemplares a ser repartidos de manera gratuita entre los mexicanos -una medida que recupera, hasta en el tiraje, parte del proyecto que le dio origen al texto reyista en 1944.

Cercano a José Luis Martínez -quien como secretario particular del entonces titular de la SEP, Jaime Torres Bodet, le solicitó el texto a Reyes-, y de Gastón García Cantú, quien estuvo involucrado en la historia editorial de la Cartilla, la “espinita” por comentar el escrito de Reyes la tuvo clavada desde hace mucho.

“Y cuando López Obrador habló de tomar la Cartilla como base para una Constitución Moral en sus campaña presidencial de 2012 y luego en 2018, ya como presidente electo, decidí escribir este prólogo, en el campo de la Historia del libro”, comparte.

AMLO se le adelantó. Así que con la prensa en alto, el historiador hizo un añadido: “Sólo alcancé a agregar un epílogo”, dice con un dejo de lamentación, a punto de presentar su edición, el 22 de febrero próximo, durante la 40 Feria del Libro del Palacio de Minería.

¿Por qué Reyes?

A su llegada a la SEP, en 1943, Torres Bodet se enfrentó a la orden del presidente Manuel Ávila Camacho de implementar una Campaña Nacional de Alfabetización. El analfabetismo afectaba a una gran parte de la población. Para ello se editó una Cartilla de Alfabetización (con un tiraje de 10 millones de ejemplares). Iría acompañada por “el consejo de un mínimo de principios morales que ayuden a cambiar la forma primaria de vida de nuestras clases bajas”, de acuerdo con la carta que el titular de la SEP y su secretario particular recibieron como instrucción.

“Y concluyeron que no había nadie mejor que Alfonso Reyes para redactar estas brevísimas lecciones”, cuenta Rodrigo Martínez -hijo de don José Luis- en un artículo publicado Letras Libres.

La razón, dice Garciadiego, fue que si alguien sabía de la necesidad de construir una moral era Reyes, quien además de gozar de elevado prestigio literario, era un hombre que supo de la guerra y el exilio. Que cargó con el estigma de ser hijo de un enemigo de la Revolución -el general porfirista Bernardo Reyes-. Un huérfano de padre y de patria, que al morir el general el primer día de la Decena Trágica, tuvo que huir a Europa, que también hervía en la antesala de la guerra, y no volvió sino hasta 1939, tras hacer carerra diplomática en Francia, Brasil y Argentina.

De cajón en cajón

Si algo celebra Garciadiego de la reciente publicación de la Cartilla moral -una adaptación a la versión hecha por José Luis Martínez en 1992- es su carácter multitudinario, pues considera que este, el único texto civilizatorio que escribió Reyes, sólo ha sido leído por unos pocos.

El encargo de Torres Bodet de que escribiera un complemento a las cartillas alfabetizadoras resultó en 12 reflexiones. “Muy sencillas. Y dos lecciones de síntesis. Hizo dos versiones, una más grande, de unas 30 cuartillas. Y Torres Bodet decidió publicarla”, cuenta.

Aquello no vio la luz entonces. Una serie de tropiezos en la corrección del texto derivaron en que el cuadernillo didáctico saliera sin el comentario moral.

Se dijo que no se publicó porque era contrario al espíritu laico del Estado mexicano, aunque, dice el presidente de la Academia Mexicana de la Historia, desde el prefacio deja en claro su criterio liberal y laico. Y aunque menciona al cristianismo como contenedor de la moral de los pueblos civilizados, advierte: “la moral debe estudiarse y aprenderse como una disciplina a parte”.

Después de hacer una versión mecanografiada en 1947, aquellas letras quedaron en un cajón hasta 1952, cuando su autor decidió publicarlas como parte de su Archivo de Alfonso Reyes, colección en que que editaba, de forma independiente, sus textos de gaveta. El tiraje fue de 200 ejemplares que repartió entre amigos o vendió a consignación. En el 58, el historiador Gastón García Cantú le pidió al escritor recuperar el texto para una edición de amplio tiraje de Instituto Nacional Indigenista, la cual gozó de la fama de no tener una sola errata.

Después de otra edición “para amigos” que hizo doña Manuelita, su viuda, en 1962, el texto llegó por fin a librerías en 1979, como parte de las Obras completas de Alfonso Reyes. En el tomo XX. “Otra vez, sólo lo leímos profesionales interesados en Reyes, un autor muy conocido pero muy poco leído”.

Quien piense que es un texto religioso se equivoca. Además, tiene un carácter taumatúrgico, es decir, no cura a quien lo lea
Javier Garciadiego Director de la capilla alfonsina

Y si bien Jesús Reyes Heroles, al frente de la SEP, quiso publicarlo en 1984, como parte de los libros de texto gratuitos, su muerte, en 1985, impidió, una vez más, su edición, que Martínez intentó rescatar nuevamente con Ernesto Zedillo, titular de la SEP, en 1992. Se quedó en el tintero porque la CNTE le propinó la vieja acusación de ser un atentado contra el Estado laico.

“Quien piense que es un texto religioso se equivoca”, acota Garciadiego. “Además, tiene un carácter taumatúrgico, es decir, no cura a quien lo lea”.

Hubo otras ediciones: en una antología de la Asociación Mexicana de Libreros, que se obsequiaba (1989), y otra más de la Universidad de Nuevo León.

Garciadiego espera que, de agotarse su edición de mil 500 ejemplares, pueda publicar otra, revisada, en la que dará cuenta de la más reciente publicación oficial, a la que hace una observación:

“Sería deseable que en vez de poner en la portada a Sor Juana y a héroes nacionales que nada tienen que ver, hubiesen incluido un retrato de Alfonso Reyes. Y una nota biográfica sobre el autor, se agradecería”.