Gracias, Palinuro
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Gracias, Palinuro

bulletEl mundo en español no será el mismo sin el hombre que reclamó para el novelista el derecho a ser considerado poeta.

Eduardo Bautista
15/11/2018
Fernando del Paso falleció este miércoles.
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Se quedó con las ganas de escribir una carta a Juan Rulfo. Cada que podía, Fernando del Paso se lamentaba públicamente de jamás haber tenido una correspondencia con su amigo, con quien compartía la pasión de escribir sobre las entrañas de México.

Aunque ambos se conocieron al grado del “chisme entre dos comadres” —según consta en Carta a Rulfo (2015)— la preocupación de Del Paso siempre fueron las palabras que nunca encontraron la tinta: “quisiera que tú hubieras tenido varias cartas mías aunque yo no tuviera ninguna tuya. Perdóname, Juan, perdóname si no te escribí nunca”.

Su arrepentimiento reflejaba la preocupación que siempre lo consternó tanto en la vida como en el papel: el lenguaje, aseguran escritores y periodistas consultados por El Financiero, tras el fallecimiento ayer en Guadalajara, del escritor de 83 años.

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'Linda 67. Historia de un crimen' (1995)

“Del Paso persiguió la novela total y en muchos sentidos lo consiguió. Utilizó el lenguaje de tal manera que su prosa, desbordada, tuviera una sonoridad musical”, observa el escritor Rafael Pérez Gay. “Todo concurría en aquellos textos: conocimiento histórico, dramas de poder, entramados complejos, planos temporales superpuestos y pasiones humanas. Palinuro de México fue, ha sido y será uno de los proyectos más ambiciosos de nuestra literatura”.

Del Paso perteneció a esa generación llamada Del medio siglo que vivió en carne propia los vientos de transformación que trajo consigo la cultura europea de la primera mitad del siglo XX. Y fue él mismo un revolucionario del lenguaje por su vocación de artesano de palabras, asegura el también periodista. Párrafo a párrafo, se esforzaba por crear una pieza única. Diez años le tomó publicar al Premio Cervantes cada una de sus novelas, esos monumentos literarios que se cuentan con los dedos de una mano y que, a la primera, transformaron la narrativa en lengua española: José Trigo, que publicó en la debutante editorial Siglo XXI en 1966, supuso entonces —y ahora— un reto para el lector.

“En ella observamos una asimilación de la narrativa de James Joyce en la realidad mexicana; una hazaña lingüística y literaria increíble”, comenta el poeta David Huerta.

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'Noticias del imperio' (1987)

Fernando del Paso reclamó para el novelista o el dramaturgo el derecho a ser considerado poeta, señala el escritor Juan Villoro. “Y esto tiene que ver con el alcance de su prosa, tan singular, sorprendente y creativa como la poesía, que por cierto también escribió”.

Le alcanzó la vena de historiador y médico de Francisco del Paso y Troncoso, su tío bisabuelo. Vocación, esta última, que abandonó ante la primera gota de sangre, pero le permitió crear ese personaje de tintes barrocos y autobiográficos que es Palinuro.

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'José Trigo' (1966)

“Toda su obra refleja el contraste entre el individuo y su historia. Sus personajes contrastan con un telón de fondo: la historia amplia del país. En José Trigo observamos la Guerra Cristera, parte de la Revolución Mexicana y el Movimiento Ferrocarrilero. En Palinuro... vemos el 68 y la larga historia del Centro Histórico. Y por último, en Noticias del Imperio contemplamos la desdichada aventura de Maximiliano y Carlota. Sus libros fueron una renovación de la estructura de las novelas y del lenguaje. Son piezas fundamentales de la narrativa latinoamericana”, señala Villoro.

Fue, además, un autor mucho más versátil de lo que se ha dicho, añade. “Fue analista político y cronista. Escribió sobre el Mundial de España ‘82 o sobre el Golpe de Estado en Chile. Incursionó en la novela policíaca y escribió una obra de teatro sobre García Lorca. También hizo un recetario de cocina en compañía de su esposa Socorro y se convirtió en amanuense de Juan José Arreola, para que él lograra su último libro cuando prácticamente ya no escribía: Memoria y Olvido. Un acto de generosidad extraordinario”.

Fernando del Paso llegó dolido al final del camino. La patria, esa que se llevó consigo a Londres y París como diplomático y que en sus letras expuso al mundo, se le quebraba ante los ojos. Hace tres años, el escritor cimbró al país al leer una carta póstuma a su amigo José Emilio Pacheco para recibir el Premio a la Excelencia Literaria que lleva el nombre del poeta: “Dime, José Emilio: ¿cumplimos?”, preguntó, con la urgencia introspectiva de quien se acerca al final de la vida colgado de medallas. “¿Es ético aceptar premios por nuestra obra y limitarnos a agradecerlos en público, como lo hago en estos momentos?”, agregó. “Me duele hasta el alma ver que nuestra patria se desmorona”.

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'Palinuro de México' (1977)

Para el poeta Eduardo Lizalde todos los reconocimientos fueron más que merecidos. “Tuvo un gran talento, una capacidad, un ingenio y una enorme cultura para narrar la historia de México en una serie de obras de una pureza prosística extraordinaria”.

Su partida, dice el filósofo y escritor Óscar de la Borbolla, marca el final de una época. “Fue el último de los grandes escritos mexicanos. Se acabó. Sólo queda Gabriel Zaid”.

Mañana en el Palacio de Bellas Artes tendrá lugar un homenaje nacional in memoriam —anunció la Secretaría de Cultura federal—, mientras que la UdeG lo recordará hoy, en el Paraninfo Enrique Díaz de León, a las 13:00 horas.

Con información de Rosario Reyes y María Eugenia Sevilla