Él es el verdadero ‘Black Panther’ (y no, no es el de la película)
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Él es el verdadero ‘Black Panther’ (y no, no es el de la película)

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Él es el verdadero ‘Black Panther’ (y no, no es el de la película)

bulletA 50 años de la muerte de Martin Luther King, 'Black Panther' pone en escena a un superhéroe negro.

bulletLa película explica aquello que a Estados Unidos tanto le cuesta asumir: que es una nación abrumada por su propio racismo.

Eduardo Bautista
27/02/2018
Actualización 26/02/2018 - 21:28
Black Panther
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El 16 de febrero, fecha del estreno mundial de Black Panther, enormes filas de personas asediaron los cines de Nueva York. Afuera de uno de ellos —según la crónica de The Guardian— un anciano llamado Sekou Odinga pregonó lo que para muchos parecía imposible: “¡Yo soy la verdadera Pantera Negra!”.

Pocos sabían que aquel afroamericano de barbas canas había sido el fundador del Black Panther Party, la organización radical que combatió —muchas veces con métodos violentos— la discriminación racial contra la comunidad afroamericana en Estados Unidos hace medio siglo.

Odinga salió de la cárcel en 2014 tras purgar una condena de 33 años por haber intentado asesinar a dos policías estadounidenses entre 1960 y 1980. En aquellos años, el FBI lo tenía catalogado como “la mayor amenaza para Estados Unidos”. No era terrorista; era Pantera Negra. Que era casi lo mismo para El Pentágono.

Si algo sabe hacer Hollywood —escribió Truman Capote— es expiar culpas del pasado. A 50 años de la muerte de Martin Luther King y el surgimiento del Black Power, Marvel Studios lanza una película para recordar que el racismo sigue siendo la gran llaga de Estados Unidos.

La película resulta relevante no solo a nivel histórico: también es un golpe a la democracia estadounidense en tiempos en los que Trump ha envalentonado a grupos supremacistas blancos, como el Ku Klux Klan"
Mireya Ojeda MarínEspecialista en movimientos afroamericanos Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM.

De acuerdo con la académica de la UNAM y experta en movimientos sociales afroamericanos, Mireya Ojeda Marín, los dos protagonistas de la cinta —T’Challa y N’Jadaka— reflejan las dos posturas en las que se dividió el movimiento por los derechos civiles de los afroamericanos: la desobediencia civil pacífica de Martin Luther King (T’Challa) y la desobediencia civil violenta de Malcom X, el ex líder del Partido Pantera Negra (N’Jadaka).

“Esta película pone el dedo en la llaga en un problema que aqueja al mundo occidental desde hace mucho: la democracia no necesariamente deriva en igualdad racial. ¿Realmente la proclamación de los derechos humanos fue suficiente para acabar con el racismo? Los negros siguen siendo objeto de discriminación, ya sea en los pueblos africanos o en los guetos de las ciudades”, explica Ojeda.

Cuando salió de prisión, Odinga se encontró con un país muy diferente al que dejó en 1981, el año de su captura. Primero presenció lo que para él siempre había sido improbable: un afroamericano en la Casa Blanca. En 1966, la sola existencia de Barack Obama parecía un sueño. Primero había que luchar para que los afroamericanos no fueran segregados en las cafeterías; los puestos administrativos podían esperar.

Cuando se estrenó la cinta de Marvel Studios, Odinga llevaba apenas tres años libre. Al enterarse que el elenco, en su mayoría, estaba integrado por actores negros, que su director era un afroamericano llamado Ryan Coogler —originario de Oakland, la ciudad donde nació el Partido Pantera Negra— y que el compositor de la banda sonora era el rapero Kendrick Lamar —la gran figura actual de la música negra de protesta—, decidió salir a las calles el día del estreno para explicarle a la gente quiénes habían sido los verdaderos Panteras Negras.

Según un estudio elaborado por el Urban Institute de Washington en 2013, por cada seis dólares que tienen los blancos en Estados Unidos, los negros tienen uno. Según la Comisión de Sentencias de Estados Unidos, los hombres afroamericanos recibieron sentencias 20 veces mayores que los criminales blancos en delitos similares entre 2007 y 2011.

“La película resulta relevante no solo a nivel histórico (el 4 de abril se cumplirá medio siglo del asesinato de Martin Luther King): también es un golpe a la democracia estadounidense en tiempos en los que Trump ha envalentonado a los grupos supremacistas blancos, como el Ku Klux Klan”, observa la especialista. En una de las escenas, N’Jadaka cuestiona a los miembros de su tribu: “¿Cómo podemos quedarnos de brazos cruzados cuando nuestros hermanos han sido sometidos a esclavitud, colonizaciones y abusos?”.

Jan Martínez Ahrens escribió en El País un artículo en el que destaca la lectura racial de esta cinta que ha recaudado más de 700 millones de dólares: “la película explica, aunque a simple vista no lo parezca, aquello que a Estados Unidos tanto le cuesta asumir: que es una nación abrumada por su propio racismo. Un país tan necesitado de encontrarse a sí mismo, que un filme protagonizado por un superhéroe negro se ha vuelto un fenómeno político capaz de movilizar a la comunidad afroamericana, romper récords y recaudar en su primera noche 25 millones de dólares”.

El director captó parte de la esencia de África —su diversidad étnica y cultural— para realizar una cinta que pone al continente en el mapa tras siglos de olvido, esclavitud, dominaciones, colonizaciones y guerras civiles, asegura Ojeda Marín.

“No es casual que la película haga énfasis en un país africano ficticio con avances tecnológicos y científicos (Wakanda) y con un gobernante dispuesto a compartir esos conocimientos y esa riqueza. El argumento es un recordatorio de cómo hemos relegado cultural, económica y socialmente al continente africano desde esa ‘igualdad selectiva’ que tanto practica Occidente: todos somos hombres, pero no somos iguales”.