Amado Nervo, el poeta del amor que se convirtió en el primer ídolo de México
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Amado Nervo, el poeta del amor que se convirtió en el primer ídolo de México

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Amado Nervo, el poeta del amor que se convirtió en el primer ídolo de México

Hace un siglo, en el parque hotel de Montevideo Nervo expiraba; seis meses tardó su cuerpo en volver a México, donde fue despedido por multitudes.

Eduardo Bautista
24/05/2019
El funeral del poeta fue el primer funeral multitudinario que se vivió en las calles de la capital mexicana.
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Hay sobradas razones para creer que Amado Nervo fue el primer ídolo de México. Las mujeres lloraban al verlo declamar. Los hombres querían aprender sus habilidades de seductor. Su personalidad era tan empática como sus palabras: surtidoras de emociones para un México que se entretenía en el papel antes de que llegara la era de la radio y la televisión.

Sensible, viajero, culto y elocuente, sin un escándalo que pusiese en duda su integridad como persona pública, el poeta nayarita se convirtió en el arquetipo del éxito de una incipiente clase media que soñaba con ingresar a esa modernidad europea llena de sofisticación que sólo se conocía a través de los libros.

“Gracias a su labor diplomática, él trajo de Europa visiones muy novedosas sobre lo que significaba existir. Visiones que muchas veces tuvieron que ver con el pensamiento de Oriente. A principios del siglo XX, la gente en México ni siquiera se preguntaba qué significaba estar vivos. Nervo inyectó ese conflicto espiritual en sus lectores al escribir sobre una vida interior para la cual la gente apenas se estaba preparando”, explica el poeta y director de Círculo de Poesía, Mario Bojórquez.

Hoy, que se cumplen 100 años de su muerte, los versos de Nervo todavía se recitan en los concursos de oratoria de la primaria o se suben a Facebook con los nombres de otros autores. José Emilio Pacheco decía que, en la lírica popular mexicana, nadie supera el triunfo de Amado Nervo, a quien describió como el repartidor de poesías para todas las necesidades y todos los temas, desde la defensa contra los invasores hasta el desembarco en la Luna.

Eso explica que decenas de miles de personas hayan acudido a despedir su cuerpo, que llegó a México seis meses después de su muerte, tras una caravana que partió de Montevideo —donde cumplía funciones diplomáticas cuando falleció, con 48 años, por un problema renal— y pasó por cuatro países.

Fueron cerca de 250 mil los que acudieron al edificio de la Secretaría de Relaciones Exteriores, de acuerdo con crónicas de la época. Fue el primer funeral multitudinario en este país. Después, las despedidas masivas se volverían costumbre con cada ídolo: Jorge Negrete, Pedro Infante, Cantinflas, Juan Gabriel…

“Definitivamente fue mucho más popular que hoy”, afirma el doctor en Letras Mexicanas y académico del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, Gustavo Jiménez Aguirre. “Escribía con una sencillez inigualable y sabía cómo estar presente en la prensa”.

Nervo comenzó como reportero de sociales y pasó por prácticamente todas las secciones de los periódicos nacionales de la época. “El público leía sus crónicas con mucho entusiasmo, porque además de atractivas, eran breves”, dice. En ese sentido, el autor de El estanque de los locos fue un profeta de la era digital: “En una de sus reflexiones sobre la brevedad, Nervo advierte que, en el futuro, la gente tendrá cada vez menos tiempo para leer, y que por eso la literatura más breve será la más recordada”.

En el Porfiriato y después de la Revolución, su público cautivo estuvo conformado, en su mayoría, por mujeres, explica José María Martínez en El público femenino del modernismo: las lectoras pretendidas de Amado Nervo.

Eran tiempos, señala Martínez, en que las declamaciones eran los actos públicos más sofisticados entre las clases altas y más aspiracionales entre las clases medias.

Juan Villoro ha dicho que el modernismo –al que perteneció Nervo junto con Rubén Darío– tiene que ver con las ilusiones de una clase media que anhelaba estar en el gran mundo. Es así como, dice, surge esta corriente en la que los poetas están emprincesados, escriben sobre estanques con cisnes y faisanes deliciosos aunque nunca hayan comido uno. “Con zapatos rotos describen un mundo suntuoso que no conocen”.

La fama del poeta entró rápidamente en picada tras su muerte, en 1919. “El gusto estético cambió, la figura del escritor de masas resultó incómoda y la poesía empezó a escribirse para las minorías. De pronto, Nervo no encontró lugar en ningún sitio, ni con las vanguardias, ni con los contemporáneos ni con los estridentistas. Y aunque fue menospreciado en los años siguientes, sus versos serían determinantes para dar forma a la canción romántica o el bolero”, apunta Jiménez.

“Hoy nos cuesta mucho más trabajo tener claro cuál es la figura de Amado Nervo. Pero quienes lo tachan de cursi es por ignorancia lectora”, concluye Bojórquez.