Álvaro Obregón: así fue el asesinato del caudillo
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Álvaro Obregón: así fue el asesinato del caudillo

COMPARTIR

···

Álvaro Obregón: así fue el asesinato del caudillo

A 90 años de su asesinato, expertos señalan como causas del magnicidio el rechazo de radicales a sus medidas antidemocrácticas.

Rosario Reyes
17/07/2018
Actualización 17/07/2018 - 17:07
Álvaro Obregón fue asesinado un 17 de julio de 1928.
Al registrarte estás aceptando elaviso de privacidad y protección de datos. Puedes desuscribirte en cualquier momento.

En sus declaraciones judiciales, José de León Toral contó que al ver a su amigo Humberto Pro dentro de un ataúd con el rostro desfigurado, prometió vengarse. Pro, su hermano el sacerdote jesuita Miguel Agustín, Juan Tirado y Luis Segura Vilchis fueron fusilados el 13 de noviembre de 1927, sin un juicio previo, acusados de atentar contra la vida del general Álvaro Obregón. Meses después, León Toral vació su pistola contra él.

El 17 de julio de 1928 se llevó a cabo la acción pactada en una reunión secreta de la Unión Católica. De acuerdo con el investigador Felipe Ávila, titular de la Dirección General Adjunta de Servicios Históricos del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INHERM), en ese encuentro fue elegido el hombre que mataría al caudillo, entonces presidente electo para un segundo periodo.

“Cuando Obregón logró que sus seguidores modificaran la Constitución para permitir la reelección, ese sector de católicos y la Liga Nacional de Defensa de las Libertades Religiosas decidieron eliminarlo”, dice el investigador.

Esos grupos radicales organizaron el atentado por el cual fueron ejecutados los hermanos Pro, Tirado y Segura Vilchis, quienes arrojaron una bomba desde un auto hacia el coche de Obregón en el Bosque de Chapultepec.

Placeholder block
1914. Los generales Obregón (izq), Francisco Villa (centro) y John Pershing.

Antes, comparte el investigador del INEHRM, trataron de dinamitar un puente cerca de Tlalnepantla por donde pasaría el tren en el que viajaba Obregón. “En otro intento contrataron a una joven para acercarse a bailar con él en una fiesta e inyectarle veneno. Pero la muchacha no pudo ni siquiera entrar”.

Hasta que llegó el definitivo. Eran las 14:20 horas de aquel 17 de julio de hace 90 años, cuando León Toral se acercó a Obregón, en una comida en el restaurante La Bombilla en San Ángel. Se hizo pasar por un caricaturista que iba a hacerle un retrato, pero en lugar de afilar el lápiz, sacó un arma y le disparó. Obregón quedó muerto en el acto.

León Toral se negaba a confesar quién lo había enviado a matar al presidente electo, y antes de revelarlo pidió ver a una persona: la madre Conchita, una monja a la que conoció en una casa de Santa María la Ribera donde estaba refugiada junto a otras religiosas.

“Ahí se armó la trama de que ella fue la autora intelectual. Fue condenada a cadena perpetua, que después cambió por buena conducta a prisión temporal en las Islas Marías. Y a pesar de que había evidencias de que otras personas estaban involucradas –incluso clérigos de mediana importancia–, la investigación del Estado mexicano no fue más allá”, advierte el historiador.

El asesinato de Obregón ocurrió en plena guerra cristera y puso al gobierno en un predicamento, recuerda la investigadora del Instituto Mora, María del Carmen Collado.

“Quedaron en pausa las negociaciones para llegar a un acuerdo que pusiera fin a la guerra cristera. Se especuló que había otros religiosos que indujeron el tiranicidio”, explica la historiadora.

“Obregón estaba a favor de que se le pusiera un freno a la Iglesia para que no siguiera interviniendo en la política, oponiéndose por ejemplo a la Reforma Agraria o a la creación de sindicatos, y por eso se cree que su asesinato pudo ser organizado por radicales religiosos, pero otros pensaron que fue Plutarco Elías Calles”, quien era presidente cuando ocurrió el magnicidio.

Popularmente, había un dicho que apoyaba la versión que señalaba a Calles como responsable, dice Pavel Navarro, investigador del Museo Nacional de las Intervenciones. “La gente se preguntaba: ‘¿quién mató a Obregón?’, y se respondía: ‘Cállese’, en alusión él”.

Placeholder block
1928. Escena de los funerales del general Álvaro Obregón.

Los expertos consultados por El Financiero coinciden en que Obregón era un líder carismático, un genio militar con fino olfato político. Además de amante de la poesía.

Pero también, dice Pavel Navarro, el presidente electo fue muerto a los 48 años por representar una amenaza a la democracia del país.

“El retorno de Obregón al poder era el regreso del caudillismo militar, sometiendo a las Cámaras para hacer de lado el principio de la no reelección, ampliar el periodo de gobierno de cuatro a seis años –eso sí nos heredó, el sexenio–, pero fue un camino sangriento, por el asesinato de los principales opositores, también caudillos como Francisco Serrano, para descabezar los intentos de rebelión y allanar el camino en su regreso a la presidencia”.

Para Felipe Ávila, Obregón fue quizá el más grande caudillo revolucionario. El personaje político más importante durante la Revolución y en la siguiente década. “Era el único general invicto, el que tenía más popularidad, mayor reconocimiento dentro del ejército. Su muerte cerró esa etapa en que la lucha política se resolvía a balazos. Calles tuvo la habilidad de comprenderlo así e iniciar el México de las instituciones, que ha funcionado hasta la fecha. Quizá la única excepción haya sido el asesinato de Colosio”.

Aunque, advierte Pavel Navarro, la violencia que se ha hecho presente en la pasada campaña presidencial recuerda a la época obregonista. “El que haya en una elección más de 150 candidatos y precandidatos asesinados, debilita la democracia”.

Álvaro Obregón, concluye Carmen Collado, pertenece a un grupo político de modernizadores que querían un Estado laico, aunque su reelección era contradictoria a los principios por los que inició la lucha armada. “La figura de poder era importante en su época, cuando surgió el nazismo y más tarde, en Estados Unidos Roosevelt fue presidente durante tres periodos”.

El carisma de Obregón atrajo a las masas incluso después de su muerte. De 1935 a 1989, dentro del monumento dedicado a su memoria en el sitio donde fue asesinado, se exhibió el brazo que perdió en una batalla en 1915. Hasta que el gobierno de Carlos Salinas de Gortari ordenó cremarlo junto a sus restos, que reposaban en su natal Huatabampo, Sonora.