Buena Vida

Lujo y belleza congelados en una pieza de cristal

El artesano José Cruz Guillén retoma el grabado en pepita con una propuesta que va más allá de los diseños clásicos.

El artesano mexicano que diseña botellas de tequila José Cruz Guillén es un artista mexicano que diseña botellas de tequila para la casa 'Tequila Dragones'.

En minutos el vidrio se transforma. En él queda plasmada cualquier forma que la imaginación cree. Guiadas por su habilidad y destreza, las manos del artesano José Cruz Guillén presionan la pieza de cristal contra la piedra de óxido de aluminio, es entonces que su pulcritud se desvanece para vestirse con flores, fauna y múltiples decorados. Se llama grabado en pepita, técnica que surgió en la época de la Colonia y hoy regresa con nuevos bríos.

José cuenta que se aventuró a intentarlo por primera vez a los 8 años, cuando veía a su padre y a su tío replicar una y otra vez dibujos hasta conseguir la perfección. Fue el único de su familia que se inclinó por el negocio familiar y abandonó sus estudios en la Facultad de Filosofía y Letras.

Su instinto rindió frutos, hoy es el máximo exponente del grabado en pepita en México. Sus piezas se presentan en museos, prepara pupilos, ha desarrollado infinidad de diseños propios, incluso los considerados imposibles, y es el máximo responsable de que la técnica explore nuevos horizontes.

"Hay interés, sobre todo, por los diseños novedosos. Domino la técnica y ello me permite ir más allá de los clásicos inclinados o verticales. He logrado representar la expresión de un rostro humano, que no se creía posible, pero con precisión, practica y tiempo todo se consigue", explica.

El grabado en pepita se popularizó en la Nueva España. El primer maestro vidriero fue Rodrigo Espinosa, quien tras cruzar el Atlántico desembarcó en Veracruz y se estableció en Puebla, donde pidió permiso a la corona para establecer el primer taller de vidrio, cuenta Cruz Guillén.

La técnica fue aprendida y desarrollada con un sello particular. "Su forma semeja a la semilla de la calabaza, por eso se llama así. Se comenzó a utilizar en jarrones, espejos, floreros y frascos de perfumería, pero los dibujos eran principalmente flores y hojas, siempre sinónimo de lujo", agrega.

Desde entonces logró sortear el paso del tiempo. En la década de 1960 del siglo pasado fue un estilo apreciado y en plena expansión –su padre y su tío montaron el taller con éxito en esa época–, pero después cayó en desuso y la artesanía se vio relegada a producirse en pocos talleres e incluso fue considerada pieza de museo.

Hace nueve años, en el Museo de Arte Popular, la empresaria Bertha González Nieves encontró el trabajo de José. Lo buscó para trabajar con él e incluir el grabado en pepita como distintivo en las botellas de su marca. El año entrante Cruz Guillén y Tequila Casa Dragones cumplen 10 años de trabajar de la mano.

"Sin lugar a dudas ello nos dio un respiro. Hacemos el maguey y todos los detalles de las botellas, también grabamos sus copas y vasos. Hemos desarrollado nuevos dibujos, la técnica está resurgiendo, pese a que en Europa ya no se hace, aquí hay jóvenes de 25 años interesados en aprenderla, en la diversidad está su sobrevivencia", explica.

En las opciones de su repertorio conviven águilas imperiales y juaristas con modernos diseños de pulpos y réplicas de cuadros de Diego Rivera, como Niña con Alcatraces. Asegura que está dispuesto a aceptar cualquier reto para plasmarlo en vidrio y hasta en materiales tan delgados como un foco.

Todas sus piezas son únicas, las dibuja sobre vidrio y después las graba. Se cotizan entre 30 y 90 mil pesos. José trabaja en su taller ubicado en Tepepan, en la Ciudad de México, y vende sus piezas en el Bazar del Sábado de San Ángel. Asegura que el vidrio es un material noble con posibilidades infinitas que le abrió las puertas de la inspiración.

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