¿Todo bien en casa? Una ola de divorcios llega tras la cuarentena
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¿Todo bien en casa? Una ola de divorcios llega tras la cuarentena

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¿Todo bien en casa? Una ola de divorcios llega tras la cuarentena

bulletCuando las parejas emergieron del encierro en China las separaciones se dispararon.

Bloomberg
04/05/2020
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Cuando el coronavirus se extendió por China, la señora Wu, un ama de casa de 30 años en el sur de la provincia de Guangdong, pasó casi dos meses aislada con su cónyuge desempleado. Peleaban constantemente. Wu, quien se negó a dar su nombre completo para proteger su privacidad, enlistó una serie común de irritantes matrimoniales, que incluyen dinero (muy poco), tiempo frente a la televisión (demasiado) y tareas domésticas y cuidado de niños (no dividido por igual). Una molestia particular era el hábito de su esposo de poner a jugar a sus hijos con él en la noche, cuando se suponía que ya debían irse a la cama. “Él es el alborotador de la casa”, asegura ella. “No quiero aguantar más. Hemos acordado divorciarnos, y lo siguiente es encontrar abogados”.

Aunque China solo publica estadísticas nacionales sobre el divorcio anualmente, los informes de los medios de varias ciudades muestran que las separaciones de parejas aumentaron en marzo cuando los esposos y las esposas comenzaron a emerger de semanas de cuarentenas obligatorias para detener la propagación del coronavirus. Los incidentes de violencia doméstica se multiplicaron. La tendencia puede ser una advertencia para las parejas en Estados Unidos, México y otras partes del mundo que se encuentran en las primeras etapas de aislamiento en el hogar: si la ausencia hace que el corazón se vuelva más cariñoso, lo contrario podría ser cierto si pasamos mucho tiempo juntos en lugares cerrados.

La ciudad de Xian, en el centro de China, y Dazhou, en la provincia de Sichuan, reportaron un número récord de solicitudes de divorcio a principios de marzo, lo que provocó largas filas en las oficinas gubernamentales. En Miluo, provincia de Hunan, “los miembros del personal ni siquiera tuvieron tiempo de tomar agua” porque muchas parejas acudieron para demandar un divorcio, según un informe a mediados de marzo en el sitio web del gobierno de la ciudad. Los empleados batallaron para mantenerse al ritmo, procesando un número récord en un solo día, aseguró. “Los asuntos triviales en la vida llevaron a la escalada de conflictos y la mala comunicación ha causado que todos se decepcionen del matrimonio y tomen la decisión de divorciarse”, explicó el director del centro de registro de la ciudad, Yi Xiaoyan.

Steve Li, un abogado familiar de la firma Gentle&Trust de Shanghái, dice que su número de casos aumentó un 25 por ciento desde que el cierre de la ciudad disminuyó a mediados de marzo. La infidelidad solía ser la razón número uno por la que los clientes se presentaban en la puerta de su oficina, asegura, y que “las personas tienen tiempo para tener relaciones amorosas cuando no están en casa”. Al igual que la Navidad en Occidente, las vacaciones de fin de semana del Año Nuevo Lunar de China pueden tensar los lazos familiares. Cuando el virus llegó a fines de enero, en vísperas de las festividades, las parejas en muchas ciudades tuvieron que soportar otros dos meses atrapados bajo el mismo techo, a veces con la familia extendida. Para muchos, eso simplemente fue demasiado. “Cuanto más tiempo pasan juntos, más se odian”, menciona Li sobre sus nuevos casos. “La gente necesita espacio. No solo para parejas, esto se aplica a todos”.

La tasa de divorcios de China ha estado aumentando constantemente desde 2003, cuando se liberalizaron las leyes. Más de 1.3 millones de parejas se divorciaron ese año y las cifras aumentaron gradualmente durante 15 años, alcanzando un máximo de 4.5 millones en 2018, según las estadísticas del Ministerio de Asuntos Civiles. El año pasado, 4.15 millones de parejas chinas deshicieron su compromiso.

Las autoridades chinas esperaban que encerrar a las parejas en realidad conduciría a un ‘baby boom’, ayudando a compensar las tasas de natalidad que han caído a un mínimo histórico desde la fundación de la República Popular China en 1949, pese al debilitamiento de la política del hijo único y el aumento de campañas para que las mujeres se casen y tengan hijos. Más de un municipio colocó carteles instando a las parejas a ocuparse en el dormitorio para apoyar a la nación. “Mientras te quedas en casa durante el brote, la política del segundo hijo se ha aflojado, por lo que procrear también es contribuir a tu país”, decía una pancarta poco romántica de la oficina local de Planificación Familiar colgada en una puerta en Luoyang, en la provincia central de Henan. Por supuesto, el fruto de esos esfuerzos no será aparente durante siete u ocho meses.

Mientras tanto, los medios chinos han estado llenos de informes de conflictos conyugales. La publicación en línea Sixth Tone, con sede en Shanghái, informó que la policía de un condado a lo largo del río Yangtze, en la provincia de Hubei, cerca de donde comenzó la pandemia en Wuhan, recibió 162 informes de violencia doméstica en febrero, tres veces más de los 47 reportados durante el mismo mes en 2019

Feng Yuan, cofundadora de Equality, una organización no gubernamental en Beijing enfocada en la violencia de género, asegura que ha habido un aumento en las solicitudes de ayuda de su organización. “La cuarentena pone de manifiesto tendencias latentes de violencia que existían antes pero que no salían a la luz”, escribió en un correo electrónico. “El encierro también dificulta la búsqueda de ayuda”. La policía estaba tan ocupada haciendo cumplir las cuarentenas que a veces no podían responder a las llamadas de emergencia de las víctimas de violencia, las mujeres que sufrían no podían huir de sus casas y los tribunales que normalmente emiten órdenes de protección fueron cerrados, dice.

Incluso mientras la epidemia disminuye y la vida vuelve a la normalidad relativa, se espera que las tensiones psicológicas y económicas perduren por meses. Un estudio de personas en Hong Kong a raíz de la epidemia de SARS 2002-03 encontró que “un año después del brote, los sobrevivientes de la enfermedad todavía tenían niveles elevados de estrés y niveles preocupantes de angustia psicológica”, incluyendo depresión y ansiedad. El divorcio en la población general de Hong Kong en 2004 fue 21 por ciento más alto que en 2002. El SARS infectó a casi mil 800 personas en esa ciudad y mató a 299 después de haberse originado en la frontera con China, que reportó un total de más de 5 mil 300 casos y 336 muertes. Esas cifras palidecen ante los casos actuales de COVID-19 en ese país.

En China, casi siempre es la mujer la que inicia el proceso de divorcio: 74 por ciento del tiempo en el periodo 2016-2017, según el presidente del Tribunal Supremo del Pueblo, Zhou Qiang. Pero las mujeres también están más a menudo en el extremo corto de las finanzas matrimoniales. Entre los chinos urbanos, es habitual que los hombres jóvenes solteros compren una casa, a menudo con la ayuda de sus padres, para demostrarles a sus futuras parejas que tienen seguridad financiera. En un divorcio, el esposo conserva el derecho a sus bienes prematrimoniales, a veces incluso cuando la esposa ha ayudado a pagar la hipoteca. Afortunadamente para Wu, sus padres pagaron por la casa de ambos, así como por un automóvil, lo que significa que no está en peligro de quedarse en la calle.

Cuando se reúna a finales de este año, el Congreso Nacional del Pueblo de China considerará una propuesta para un periodo de reflexión de 30 días para las parejas que solicitan el divorcio, durante el cual cualquiera de las partes puede retirar la solicitud, según el Global Times, un diario del Estado.

Actualmente, el juez que escucha la petición de divorcio generalmente requiere una razón seria, como el adulterio o el abandono, para otorgarla y puede negar el pedido a las parejas consideradas jóvenes y demasiado imprudentes, explica Li, el abogado de Shanghái. Pero si las parejas vuelven a presentar su petición después de un lapso de seis meses, el juez generalmente considerará que las diferencias son irreconciliables, añade.

Los jóvenes tienen más probabilidad de divorciarse que sus padres, muchos de los cuales todavía ven un estigma asociado. “Ahora, una persona simplemente dice: ‘ya no me gustas’ y solicita el divorcio al día siguiente”, dice Li. Yang Shenli, abogado del bufete Dingda en Shanghái, señala que sus cuatro casos de divorcio son de parejas nacidas después de 1985, dos de los cuales decidieron divorciarse porque “la cuarentena intensificó sus diferencias”.

Sin embargo, algunas parejas afortunadas han redescubierto la felicidad conyugal gracias a la pandemia de coronavirus. “El distanciamiento social y la cuarentena doméstica me ha recordado cuánto amo a la persona con la que me casé”, dice Rachel Smith, quien es una artista canadiense que radica en Hong Kong y conoció a su esposo en un viaje que realizó a la ciudad hace 21 años.

Con el tiempo, la pareja se había ocupado de seguir sus carreras profesionales y actividades por separado, dejándoles muy poco tiempo libre para disfrutar juntos. Ahora, mientras trabajan en las computadoras de sus hogares, regularmente toman descansos para conversar y comunicarse.

“Resulta que realmente me gusta pasar tiempo juntos”, dice Rachel. “Fue una agradable sorpresa”.

Sheridan Prasso con la colaboración de Dong Cao, Charlie Zhu y Mengchen Lu