Tiroteos en El Paso y Dayton, ¿el punto de quiebre para el control de las armas en EU?
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Tiroteos en El Paso y Dayton, ¿el punto de quiebre para el control de las armas en EU?

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Tiroteos en El Paso y Dayton, ¿el punto de quiebre para el control de las armas en EU?

Las masacres en Texas y Ohio son una prueba para la Asociación Nacional de Armas, (NRA, por sus siglas en inglés) sin su excabildero ni firma de publicidad.

Bloomberg / Polly Mosendz y Neil Weinberg con David Voreacos
23/08/2019
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En febrero de 2018, dos semanas después de que un tiroteo en una secundaria de Florida dejó 17 muertos, el presidente Donald Trump hizo una declaración contundente a una sala llena de políticos durante una discusión televisada sobre seguridad escolar: “Le tienen miedo a la Asociación Nacional de Armas, la NRA”. El mandatario prometió actuar y, tal como lo ha hecho desde hace unas semanas, después de dos tiroteos masivos en Dayton, Ohio, y El Paso, Texas, que mataron a 31 personas, se comprometió a ampliar las verificaciones de antecedentes de compras de armas de fuego, con el fin de prevenir los tiroteos.

El impulso para la verificación de antecedentes trajo una figura familiar a la Casa Blanca. Chris Cox, excabildero principal de la NRA y cercano a los círculos de poder, salió de la Oficina Oval después de las promesas de Trump sobre armas con un mensaje claro: “El presidente y el vicepresidente respaldan la Segunda Enmienda, respaldan el debido proceso y no buscan un control de armas”, escribió Cox en Twitter.

Trump se dedicó a discutir medidas de seguridad para las armas, como armar a los maestros y aplicar restricciones a nivel estatal para el acceso a las armas a personas con riesgo de enfermedad mental, pasos respaldados por la NRA. Cox había hecho su trabajo.

La diferencia esta vez, luego de estas dos masacres, es que no hubo visitas de la NRA a la Casa Blanca. Tampoco está Cox. Ya no es director ejecutivo del brazo de cabildeo de la NRA, ya que fue depuesto en junio tras perder una lucha de poder con el jefe de la asociación, Wayne LaPierre.

Esta es la primera prueba para la NRA desde su guerra civil, lo que resultó en una serie de demandas entre antiguos aliados, jugadores clave y la consolidación de poder por parte de un LaPierre asediado.

Trump delineó un regreso hacia el apoyo a la legislación de verificación de antecedentes, propuesta por los senadores Joe Manchin y Pat Toomey. Tras las masacres, Trump pidió una ley de “focos rojos” para mantener las armas de fuego lejos de las personas consideradas peligrosas. “La enfermedad mental y el odio aprietan el gatillo, no la propia arma”, aseveró. El proyecto de ley bipartidista dificultaría la compra de armas para enfermos mentales y requeriría una verificación de antecedentes para las transacciones en exposiciones y congresos de armas o en internet.

El presidente también podría moverse sin el apoyo del Congreso para restaurar las acciones ejecutivas sobre el control de armas emprendidas por Barack Obama en 2016, que lograron que los registros de salud mental sean parte del sistema de verificación de antecedentes. Trump rescindió esas medidas.

Lo que viene será una prueba del panorama político sobre las armas y del poder formidable de la NRA, que se ve envuelta en costosas batallas legales.

Un informe que detalla los gastos bajo LaPierre, publicado por The Trace, llevó a la Fiscal General de Nueva York, Letitia James, a abrir una investigación sobre el estatus sin fines de lucro de la NRA. Karl Racine, el fiscal de Washington D.C., también abrió una investigación. Luego que el expresidente de la NRA, Oliver North, se quejara de mala conducta financiera en la asociación de armas; LaPierre lo expulsó. La NRA demandó a North para prohibir que buscara honorarios legales y North contraatacó.

LaPierre ha reemplazado a sus rivales. Cox, un veterano de 17 años del Instituto de Acción Legislativa de la NRA, fue sucedido como cabildero principal por Jason Ouimet, quien trabajó como subdirector en el organismo. Los disturbios han llevado a donantes a parar contribuciones hasta que LaPierre renuncie.

Además, la NRA rompió y demandó a su firma de publicidad Ackerman McQueen, que por décadas plasmó la misión del grupo. La pérdida de esa alianza provocó cambios en el tono y las tácticas de las declaraciones públicas de la NRA a raíz de los tiroteos en El Paso y Dayton. Después de tragedias, el organismo declinaba emitir un comunicado. Después del tiroteo de 2012 en la primaria en Newtown, Connecticut, el grupo esperó una semana antes de que LaPierre ofreciera una defensa agresiva de las armas: “Lo único que detiene a un tipo malo con una pistola es un buen tipo con una pistola”, dijo entonces.

Esta vez, la NRA emitió rápido una declaración, un día después de la masacre en El Paso. “La NRA está comprometida con el uso seguro y legal de las armas por parte de quienes ejercen sus libertades de la Segunda Enmienda”, dijo el grupo. Luego de que Trump habló de los tiroteos, la NRA emitió una segunda declaración en apoyo de las medidas centradas en la salud mental.

Estas declaraciones inusualmente leves y rápidas llegaron sin contrapunto de los voceros de la organización. La disputa con Ackerman McQueen llevó al final abrupto de NRA TV, un sitio web que promovía videos de la agresiva defensora de los derechos de las armas, Dana Loesch, y otros incondicionales de la NRA. Loesch, una comentarista conservadora, acudió a Twitter tras los tiroteos del fin de semana para apoyar la Segunda Enmienda en general.

El desorden en el mayor grupo de derechos de portación armas se refleja en el Congreso. A pesar de gastar 9.6 millones de dólares en cabildeo en 2017 y 2018, ninguna de las cinco iniciativas de la NRA se convirtieron en ley. El grupo también gastó menos en las elecciones intermedias de 2018: 10 millones de dólares, un 64 por ciento menos que en 2014.

Los ingresos de la NRA cayeron 15 por ciento de 2016 a 2017, según sus declaraciones de impuestos, lo que podría anunciar la disminución del gasto en las elecciones presidenciales de 2020. El grupo gastó un récord de 30.3 millones de dólares en 2016.

Mientras, la NRA no tiene mucho que temer a nivel federal. A pesar de las reuniones de Trump con senadores que apoyan las verificaciones de antecedentes, es poco probable que cualquier medida de control se apruebe. Los partidarios de los derechos de las armas han sido votantes que apoyan a sus políticos aliados, incluso si la NRA no financia las campañas.

Aun sin nuevas regulaciones, la prueba del liderazgo de LaPierre recibió críticas mixtas. “Se trata de una declaración tan competente como podrían hacer bajo las circunstancias. Es una respuesta inteligente”, dijo Richard Feldman, exdirector político de la NRA. “No hay propietarios de armas que se sientan bien con su uso en esas tragedias”. Aaron Davis, exrecaudador de la NRA, vio más suave la retórica.

La propia organización proyecta una imagen robusta. “Con muchos en los medios escribiendo el obituario de la NRA, estamos obteniendo grandes victorias en los ámbitos legislativo, legal y de políticas públicas”, dijo el director de asuntos públicos Andrew Arulanandam. Incluso, el caos en la NRA podría distraer los esfuerzos de cabildeo del grupo. “El estado actual de las cosas también podría ayudar a la NRA a evitar el escrutinio por impulsar una agenda que obstaculiza el fortalecimiento de las leyes de armas en EU”, dijo Timothy Johnson, investigador de Media Matters.

(Michael Bloomberg, fundador de Bloomberg LP, dona a candidatos y grupos que apoyan el control de armas, incluido Everytown for Gun Safety).