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¿Qué tan difícil será recuperar el orden económico mundial?

El próximo presidente de EU no regresará por completo al pasado, pero podría traer nuevamente orden al caos que dejó Trump tras de sí.

Si Donald Trump ha demostrado algo como presidente es que el orden económico mundial es muy frágil. Pensemos en las relaciones comerciales de Estados Unidos y su posición en el mundo como una colección cuidadosamente ensamblada de cerámica que por generaciones ha sido fuente de orgullo cívico. Trump y sus lugartenientes han sido la ruidosa banda de adolescentes que irrumpen y dejan piezas rotas. El presidente electo Joe Biden es el abuelo que lidera un nuevo equipo fichado para reparar lo que puedan. Las preguntas ahora son: ¿Cuánto podrán rescatar? ¿Y cuán creativos serán en la reconstrucción?

La buena noticia para la economía global es que Trump y su banda no han destruido el orden liberal, más bien lo han dejado maltrecho, y quizás hayan preparado mejor sus defensas para otro asalto económico de China.

Pero cualquiera que piense que Biden planea reconstruir el orden liderado por Estados Unidos como era antes, podría llevarse una sorpresa.


El mayor legado de Trump para muchos de los que dirigen la economía mundial e invierten en ella serán los sueños nocturnos sobre sus caóticas políticas. Sin embargo, Trump y los generales de la economía como el representante de Comercio de EU, Robert Lighthizer, también han revuelto la política comercial de EU, han abierto la puerta a tácticas y aranceles, y han sacado a la luz antiguas reivindicaciones compartidas por ambos partidos. Cuando Biden habla de "reconstruir mejor", también podría estar hablando del orden económico mundial.

"La resiliencia del sistema no debería ser el final de una historia tranquilizadora; debería ser el punto de partida de un esfuerzo muy necesario para reforzar y actualizar el orden internacional y abordar las amenazas reales a su viabilidad a largo plazo", escribió Jake Sullivan, un asesor político cercano a Biden, en 2018 en un artículo publicado en Foreign Affairs.

Las palabras 'comercio' y 'orden económico' no aparecen ni una vez en un documento sobre la recuperación publicado por el equipo de Biden. En cambio, el documento hace eco de la promesa de Trump de restaurar el poder industrial de EU, promete "movilizar la manufactura y la innovación estadounidenses para garantizar que el futuro se produzca en EU". También enfatiza "la importancia de traer a casa cadenas de suministro críticas" y se compromete a "construir una base industrial sólida". Eso encaja con lo que los asesores dicen que es el plan de Biden para centrarse en que EU acometa sus relaciones con todos, desde China hasta Europa, desde una posición de fortaleza económica interna.

En lugar de depender de las nuevas barreras comerciales defensivas como lo ha hecho Trump, los planes de Biden consisten en alentar la inversión en casa a través de incentivos fiscales para que las empresas construyan fábricas en el país, así como el gasto del gobierno en infraestructura y energía alternativa para impulsar la demanda. La idea subyacente es que un EU más fuerte y seguro, en lugar de uno beligerante, puede cambiar la narrativa de que es una superpotencia en declive, según asesores.

Es probable que cualquier reconstrucción del orden mundial comience con una evaluación metódica de cuál es la situación actual, lo que llevará tiempo y requerirá paciencia por parte de los aliados. Biden y la vicepresidenta electa Kamala Harris han calificado las guerras comerciales de Trump como desastrosas y, sin embargo, también se negaron durante la campaña a comprometerse a eliminar los aranceles sobre las importaciones. Los asesores dicen que Biden tiene la intención de revisar los aranceles. Él y su equipo enfrentan la lenta realidad de las transiciones políticas estadounidenses.

El reemplazo de Lighthizer como representante comercial de EU se someterá a un proceso de confirmación del Senado que podría llevar meses. En un primer periodo, Biden y su equipo estará enfocado en abordar la pandemia y tratar de obtener un nuevo paquete de estímulo a través de un Congreso que puede estar muy dividido.

Lo primero en la lista sobre comercio es qué hacer con China. El presidente electo deberá decidir si mantener o levantar los aranceles y las prohibiciones vinculadas a la seguridad nacional de empresas como Huawei Technologies, y si aprovechar o no el acuerdo de "fase uno" de Trump con Beijing. La forma de tratar con China va a influir en casi todo, incluso en la remota posibilidad de retomar el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP), que no incluye a China. Los estrategas de Washington han considerado al TPP como una forma de fortalecer la posición de EU en la región de Asia-Pacífico y ayudar a contrarrestar el ascenso económico de China. Trump abandonó el pacto en cuanto pisó la Casa Blanca. "En el futuro, veremos cada vez más a través del cristal de China en asuntos de política comercial", advierte Wendy Cutler, quien fue la principal negociadora estadounidense del TPP y ahora dirige el Asia Society Policy Institute.

Para Biden, otro legado de la administración Trump relacionado con China podría ser la desaparición de la otrora sagrada línea entre la seguridad económica y la seguridad nacional.

"Para mí, la desaparición de la línea divisoria entre la seguridad económica y la nacional está aquí para quedarse", opina Jennifer Hillman, exfuncionaria comercial de EU que ahora forma parte del organismo Council on Foreign Relations y fue asesora de la campaña de Biden.

La administración entrante también debe atender una guerra comercial con Europa relacionada con una larga disputa entre Airbus y Boeing sobre los subsidios industriales, y los planes de Francia y otros países para nuevos impuestos a los servicios digitales pensados para gigantes tecnológicos estadounidenses como Google y Facebook. Tampoco endulzará la situación la decisión de la Unión Europea de seguir adelante con sus propios aranceles sobre las importaciones de Estados Unidos, autorizados por la Organización Mundial del Comercio (OMC). La atención también se dirigirá a las negociaciones con países como Kenia y un Reino Unido post-Brexit.

Una transición lenta retrasará todavía más el estancado proceso de encontrar un nuevo director general para la OMC, donde Estados Unidos ha bloqueado la elección de la nigeriana Ngozi Okonjo-Iweala, que cuenta con el apoyo de la mayoría de los otros miembros importantes. Los asesores de Biden dicen que su administración querrá al menos revisar cuidadosamente el historial de Okonjo-Iweala, así como el de Yoo Myung-Hee de Corea del Sur, la candidata preferida de la administración Trump.

Sobre todo esto se cierne la cuestión de cuánto espacio de maniobra tendrá el presidente electo dado el rediseño que aplicó Trump a la política comercial. La respuesta: mucho más de lo que uno podría creer inicialmente, gracias al propio Trump.

Al utilizar el recurso de las órdenes ejecutivas para imponer aranceles ignoró la tradición de consultar al Congreso en materia de comercio. Es algo que Biden también podría hacer.

Trump y Lighthizer han demostrado lo que es posible lograr en el Congreso de EU al alejar al menos a partes del Partido Republicano de la ortodoxia del libre comercio. Por décadas, los republicanos pudieron sacar adelante acuerdos comerciales aliados con un puñado de demócratas moderados, sin el apoyo de aquellos en el Partido Demócrata que sentían que los tratados afectaban a los trabajadores de EU. "Creo que es importante para el sistema comercial que terminemos restableciendo una sólida mayoría para el tipo de cosas que estamos haciendo", dijo Lighthizer en 2017 cuando renegoció el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Por supuesto, las divisiones en el país significan que nada será fácil para Biden, particularmente si los demócratas pierden dos escaños para el Senado en Georgia en enero y no ganan el control de ese órgano. También es probable que se produzca un cambio de postura en materia comercial entre los republicanos.

Hay quienes ven una lección reaprendida en los peligros del proteccionismo. Douglas Irwin, historiador de la política comercial de EU en el Dartmouth College, sostiene que es probable que las administraciones futuras reflexionen antes de volver a utilizar los aranceles como lo ha hecho Trump.

Con todo, Trump ha inyectado otras preguntas más importantes en el sistema.

"Uno de sus legados perdurables será la llamada de atención para el resto del mundo sobre esta noción de liderazgo y confiabilidad de EU", afirma Chad Bown, exmiembro del Consejo de Asesores Económicos de Obama que hoy es parte del Peterson Institute for International Economics. Eso, añade, ha dejado una gran incertidumbre sobre la durabilidad de las relaciones económicas de Estados Unidos, que continuará influyendo en los negocios y el comercio con China y al otro lado del Atlántico.

La incertidumbre persistirá incluso si Biden toma en los próximos meses la decisión poco probable de eliminar todos los aranceles implementados en la era Trump. Si a eso le sumamos una pandemia global, la tarea del abuelo enviado para limpiar el desastre no hace más que crecer. Resulta que el antiguo orden económico mundial necesita algo más que reparaciones físicas.

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