¿Qué sigue para China? Crecer rápido otra vez sin dejar que la deuda se dispare más
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¿Qué sigue para China? Crecer rápido otra vez sin dejar que la deuda se dispare más

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¿Qué sigue para China? Crecer rápido otra vez sin dejar que la deuda se dispare más

El país debe prepararse para una dura batalla económica que se avecina y pone en riesgo lo conseguido hasta ahora.

Bloomberg / Kevin Hamlin, Xiaoqing Pi, Miao Han, Yinan Zhao y James Mayger
03/04/2019
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Es una lucha en dos frentes: afuera, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y sus demandas de recortar el apoyo a las empresas estatales o enfrentar constantes aranceles; mientras que en casa, el país forcejea para ayudar a las empresas privadas en dificultades sin aumentar la deuda a niveles aún más insostenibles.

El plan para afrontar esos retos fue presentado el 5 de febrero en el informe anual sobre las políticas del gobierno, donde el primer ministro Li Keqiang y el presidente Xi Jinping se dieron un margen de maniobra al reducir el objetivo de crecimiento económico para 2019 a un rango de 6 a 6.5 por ciento, frente a la meta de “alrededor” de 6.5 por ciento de 2018.

La aceptación de la inexorable desaceleración de la economía (el límite inferior del nuevo objetivo sería la expansión más lenta en casi tres décadas) fue bien recibida por los economistas que advierten que un crecimiento más acelerado necesitaría desmesurados estímulos y erosionaría la estabilidad financiera a largo plazo.

También hubo otro cambio alentador. En el pasado, las autoridades habrían respondido a la confluencia de los desafíos actuales con una juerga de gasto en carreteras, trenes y cualquier otra cosa que pudiera mantener el crecimiento por encima del 10 por ciento. Hoy no. Aunque todavía habrá muchos proyectos de infraestructura, también hay un esfuerzo por reducir los impuestos en general, una medida que le da al sector privado un pequeño respiro, incluso si es un empujón más lento para generar el crecimiento.

En total, Li introdujo recortes impositivos con un valor de casi dos billones de yuanes (298 mil millones de dólares) y prometió más estímulos para el futuro. Si bien ese énfasis en una política fiscal más sólida puede leerse como una relajación de la promesa del año pasado para frenar los riesgos financieros y reducir el presupuesto, el objetivo general sigue siendo proteger a la economía de fuertes impactos sin dejar que la deuda se dispare una vez más. Tal ejercicio de equilibrismo atravesará diferentes pruebas, que se anticipan duras, en caso de que surjan nuevas amenazas al crecimiento.

“Es un gran impulso fiscal”, comentó Michael Spencer, director global de economía de Deutsche Bank AG en Hong Kong. “Hay una renuencia a simplemente abrir la llave de la infraestructura aunque no haya necesidad de abrirla”.

Li advirtió que China encara un entorno más grave y complicado este año. Intenta reavivar los préstamos al sector privado, consciente de que la deuda total se acerca al 300 por ciento del PIB.

“China debe estar completamente preparada para una dura batalla”, dijo.

Esa batalla no es solo un asunto interno. Ahora que la economía de Europa parece quedarse sin aliento y la longevidad de la expansión estadounidense está sumamente en entredicho, una desaceleración china más severa sería una mala noticia para la economía mundial y un problema para las naciones asiáticas que están integradas en su cadena de suministro.

Por ahora, Beijing se centra en gestionar la larga desaceleración económica de la nación luego de tasas de crecimiento de dos dígitos a principios de la década de 2000. Los economistas encuestados por Bloomberg anticipan que el crecimiento del PIB se ralentizará a 6.2 por ciento este año, frente al 6.6 por ciento de 2018, y continuará su caída en 2020 y 2021.

En una medida destinada a beneficiar al sector manufacturero, China anunció un recorte de 3 puntos porcentuales a la tasa máxima del IVA, así como un recorte de un punto porcentual a la tasa del 10 por ciento del IVA. Combinadas, estas reducciones del impuesto al valor agregado equivalen a 800 mil millones de yuanes y aumentarán las ganancias corporativas, según Morgan Stanley.

El objetivo de déficit presupuestario para 2019 se fijó en 2.8 por ciento del PIB, mientras que en 2018 esa meta era del 2.6 por ciento. El informe del gobierno prometió una “disminución notable” en las cargas fiscales de las principales industrias.

A pesar de los recortes de impuestos, el informe de Li aseguró que China mantendría el ratio de apalancamiento “básicamente estable” en 2019, una tarea por demás difícil.

En opinión de Pauline Loong, directora de la firma de investigación Asia-Analytica en Hong Kong, el mensaje es que apuntalar el crecimiento es la nueva normalidad y que el desapalancamiento está “definitivamente fuera de la mesa”.

Y en efecto, desde los préstamos bancarios hasta la emisión de productos fiduciarios pasando por el trading marginal en las agencias de corretaje, el apalancamiento en China está aumentando en casi todos los lugares donde interviene el dinero prestado. Los préstamos bancarios se incrementaron en un monto récord en enero, y el financiamiento fuera de balance aumentó por primera vez en once meses. El propio primer ministro ha advertido sobre el peligro de un aumento demasiado rápido en el financiamiento a corto plazo.

A diferencia de lo que había sucedido en los años anteriores, ahora no hubo objetivos para el crecimiento de las ventas minoristas o la inversión en activos fijos. El informe reiteró que la política monetaria seguirá siendo “prudente”, mientras que la política fiscal será “proactiva, más fuerte y más efectiva”. El país planea, además, reducir la proporción de reservas que exige a los bancos más pequeños, dijo Li.

Estados Unidos y China están cerca de un acuerdo comercial que podría retirar la mayoría o todos los aranceles estadounidenses, siempre que Beijing cumpla con una serie de promesas que van desde proteger mejor los derechos de propiedad intelectual hasta comprar una cantidad significativa de productos estadounidenses. Eso eliminaría una nube que se cierne sobre la economía, y Xi tendría una menor necesidad de usar estímulos para apuntalar el crecimiento.

“Fijar el objetivo de crecimiento en un rango de 6 a 6.5 por ciento sugiere que el gobierno no quiere repetir un gran estímulo, incluso con la considerable incertidumbre de un impacto externo derivado de los aranceles estadounidenses”, advirtió Liu Ligang, quien es economista en jefe para China de Citigroup Inc. en Hong Kong.