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Mucho éxito Joe Biden, de ti depende el futuro de México

Con la pandemia causando todavía severos estragos, pocos apoyos del gobierno y una campaña de vacunación lenta, la economía del país depende, más que nunca, de las decisiones y cambios que se tomen en Washington.

Hace dos semanas, Verónica Arellano recibió la primera dosis de la vacuna contra el COVID-19. Como asistente de enfermera y cuidadora de personas de la tercera edad en una casa de retiro en Chicago, en donde vive desde hace 21 años, el suyo era uno de los perfiles prioritarios para obtener la inoculación por parte del gobierno estadounidense, que ha acelerado el proceso de inmunización en su territorio.

"Lo único malo de la vacuna fue el dolor en el brazo al día siguiente", dice. "Fuera de eso, me siento más tranquila, me quitó un peso de encima".

Además de en la vacuna, Arellano ha encontrado seguridad en los apoyos económicos que ha recibido de su país adoptivo. Desde abril, dice, ha obtenido unos 2 mil 600 dólares del gobierno, con los cuales ha realizado pagos del departamento en el que vive, cubierto gastos relacionados con su auto, comprado despensa y otros productos e incluso ha tenido la oportunidad de ahorrar. También ha mandado dinero a sus familiares en Puebla, de donde es oriunda, y a donde pensaba viajar el año pasado para la boda de un sobrino. Su plan es venir a México en cuanto la pandemia lo permita.


En las próximas semanas, Arellano y miles de habitantes más en Estados Unidos recibirán estímulos adicionales directos para sobrellevar el confinamiento, hacer frente al desempleo y la caída de ingresos en sus negocios. Será una ayuda gigantesca que disfrutarán los estadounidenses y de los cuales se habrán de beneficiar los más de 126 millones de habitantes que viven de este lado de la frontera.

"El destino económico de México está más ligado a lo que pase en Washington que a lo que ocurra aquí, totalmente", menciona Gabriel Lozano, economista en jefe para México de J.P. Morgan. "Nos estamos colgando de las decisiones que se toman allá y los beneficios secundarios que nos llegan en algunos sectores".

Son dos los canales de transmisión: el sector manufacturero enfocado en bienes como electrodomésticos, autos y tecnología para exportación ha tenido un impulso por el crecimiento de la demanda en Estados Unidos. Al final, los cheques y beneficios directos que reciben los norteamericanos terminan, muchas veces, en esos productos. Además, el teletrabajo ha obligado a compras de urgencia de bienes que se manufacturan en el país. El otro son las remesas, que el año pasado ascendieron a un récord estimado de más de 40 mil millones de dólares y que evitaron que el consumo en México se desplomara por completo, sobre todo en las regiones más afectadas por la crisis.

Sin el efecto secundario de esos apoyos, que en el caso de las remesas agregaron más de un punto porcentual al crecimiento respecto de 2019 y la mantención del nivel de las manufacturas, el descalabro económico el año pasado habría sido mucho mayor que el observado de casi -9 por ciento, apunta Lozano.


"El efecto de los estímulos en EU este año podría ser incluso más relevante", añade. "La aplicación de vacunas es muy lenta, la inversión sigue en niveles bajísimos y la tasa de mortalidad por COVID en México es de las más altas, otra vez el rescate viene de fuera".

Además de los estímulos ya otorgados, la nueva administración de Joe Biden en la Unión Americana ha puesto a consideración del Congreso una nueva ola de apoyos directos e indirectos para su población. El 'Plan de Rescate Americano' contempla aumentar los pagos directos a las personas a 2 mil dólares para la mayoría de los estadounidenses, además de los 600 dólares que aprobó el Congreso en diciembre. También permitiría a los residentes casados con indocumentados recibir pagos de estímulo, que fueron excluidos en rondas anteriores.

Habrá 20 mil millones de dólares para crear un programa nacional de distribución de vacunas que ofrecería inyecciones gratuitas a todos los residentes de EU independientemente de su estado migratorio. Se ampliarían los créditos fiscales para familias de ingresos bajos y medianos y los haría reembolsables para el 2021. Propone ampliar el crédito fiscal por hijos a 3 mil dólares desde 2 mil por cada menor de 17 años. Los niños menores de seis años serían elegibles para 3 mil 600 dólares. Proporcionaría 30 mil millones para ayudar a los hogares de bajos ingresos que han perdido su trabajo a costa de pagar el alquiler y las facturas de servicios públicos.

El plan también proporcionaría 5 mil millones a los estados y localidades para ofrecer viviendas de emergencia a las familias que enfrentan la falta de hogar. En total, el plan de Biden suma 1.9 billones de dólares.

"Es el proyecto más ambicioso a la fecha y dados los efectos vistos por los estímulos anteriores, no hay duda de que el crecimiento de México depende, sobre todo, de él", dice Lozano.

México se ha caracterizado por ser uno de los países que menos estímulos fiscales ha otorgado a sus ciudadanos durante la pandemia. Apenas alrededor de un punto del PIB y gran parte de ello en forma de créditos, no dádivas sin fecha de repago. En contraste, de acuerdo con la Cepal, Brasil ha otorgado más de 8 puntos de su PIB en apoyos; Perú, 6 por ciento; mientras que Chile y Argentina poco menos de eso. Es verdad, la pandemia sigue fuera de control en esas naciones, pero al menos los negocios y trabajadores han contado con un colchón adicional ante la crisis. "La indecisión de la autoridad en México y el temor al endeudamiento adicional nos ha hecho más dependientes de fuera, algo que esta administración aseguraba querer evitar".

La reciente ola de alzas en la perspectiva económica del país de este año, incluida la del Fondo Monetario Internacional (FMI), está basada en el efecto 'derrama' que las medidas tomadas en Estados Unidos puedan tener en México. La institución multilateral dio a conocer un estimado de crecimiento de 5.1 por ciento para el PIB de EU este año y de 4.3 por ciento para México.

A unos minutos de Fresnillo, Zacatecas, está la comunidad de Villa de Cos. Ahí, a dos calles de la pequeña plaza central, vive la hermana de Agustín Corrales, un hombre que desde hace 17 años trabaja en la construcción en Petaluma, California. Cada mes, casi religiosamente, envía a México un cheque por 370 dólares, a veces más, a veces menos. El año pasado los envíos fueron más altos.

"Mi hermana se quedó sin trabajo y no podía abrir un negocio porque tenía a mis sobrinos en casa", relata. "Si usualmente la ayudo, ahora tenía que ser más".

Al igual que Arellano, Corrales recibió apoyos adicionales del gobierno federal y estatal, lo que le permitió mandar el dinero adicional sin que él padeciera demasiado ese impacto. Él asegura que otros colegas suyos, mexicanos y oriundos de otros países de Centroamérica, hicieron lo mismo.

"Recibía el dinero y ya tenía un ahorro, así que el apoyo para mi hermana era más fácil", afirma. "Mis sobrinos pudieron seguir en la escuela allá, cuando muchos de sus amigos ya no".

Según Jesús Cervantes, especialista del Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos (CEMLA) y uno de los mayores conocedores del mercado de remesas en México, la brecha que se abrió entre los ingresos que reciben los migrantes nacionales y sus hogares en el país fue compensada por un mayor número de envíos. Esto fue posible, asegura, por el apoyo recibido de parte de las autoridades estadounidenses, aunque la historia va más allá.

"La pandemia llegó tras seis años y medio de aumento en el empleo entre los migrantes en EU, el porcentaje de ellos que es dueño de su vivienda es mucho más alto y menor del de aquellos que viven en pobreza", explica. "Cuando llegó la crisis, contaban con suficiente ahorro para mantener los envíos en los niveles similares de años previos y compensar con los estímulos".

Según el CEMLA, los migrantes mexicanos en EU reciben salarios por 20 mil millones de dólares al mes, de los cuales enviaron a México un 12.7 por ciento en 2019. Cervantes estima que el año pasado ese valor subió por encima de 15 por ciento. Y para este año, con los estímulos adicionales y la campaña de vacunación en curso, podrían ser incluso más los recursos que manden al país. "Es una combinación interesante: el diferencial de los ingresos entre los hogares y los trabajadores mexicanos en EU sigue persistiendo y habrá una mejor reactivación del empleo allá por la vacunación", dice el especialista. "La característica fundamental de la remesa es que ayuda a reducir las desventajas y estas se agudizaron con la pandemia y seguirán para este año".

El economista en jefe de BBVA Bancomer para México, Carlos Serrano, es más reacio a señalar que el principal factor que podría apoyar el crecimiento económico en el país es lo que ocurra en Washington. Para él, la inversión sigue siendo la clave para poder acelerar el ritmo del PIB, sobre todo tras la devastación de la pandemia.

Pero dadas las circunstancias actuales, y los mensajes adversos a la inversión que el actual gobierno federal mexicano ha mandado a casi tres años de haber ganado la elección presidencial (cancelación de contratos y cambios de condiciones para el sector privado), sí es factible considerar que será desde Washington de donde llegue el impulso para el país.

"Considerando la debilidad estructural de la inversión, que el consumo interno permanecerá débil por la pandemia y el daño que ha registrado el mercado laboral, el único motor realista para que el país crezca es el sector externo".

Hace poco, BBVA redujo su estimación de crecimiento para el país este año a 3.2 por ciento, tras la aplicación de las nuevas medidas de confinamiento y una campaña de vacunación deficiente y con pocos resultados, o muy pobres, para el tamaño del reto de la pandemia. Serrano apuntó que otros factores de riesgo incluyen la elección intermedia que se celebrará en el verano y en la cual se juega la posibilidad de que Morena abarque más espacios en la Cámara de Diputados y consiga una mayoría lo suficientemente amplia como para generar cambios constitucionales radicales ante los ojos de los inversionistas.

Dado el escenario para este año y que la recuperación económica para llegar a los niveles observados en 2018 podría llegar hasta 2023, en uno de los mejores escenarios, el economista no solo habla de un año perdido. "Podría tratarse de un sexenio perdido", afirma.

Al otro lado de la frontera, Corrales espera que el nuevo gobierno de Joe Biden, por quien votó en noviembre pasado, haga válidas sus promesas y se apoye más a las personas que han padecido el estrago de la pandemia. Como su pareja, quien perdió, por el COVID, a su madre en octubre y su empleo dos meses antes.

"Lo que quiero es que nos cumplan con ese apoyo que se ha anunciado tanto, es bien importante para nosotros", dice Corrales esperanzado en que su dinero llegue pronto. "Y pues también, eso veo, para la gente allá en mi país".

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